En este libro, titulado La verdad de las mentiras, encontramos al ensayista vital, profundo, apasionado. A ese intelectual que ha logrado establecer un matrimonio perfecto entre la creatividad y la reflexión. Un hecho que pocos escritores consuman.
Es un volumen publicado originalmente en 1990 y reeditado por la colección Punto de Lectura, de Santillana, con varias modificaciones que el propio autor explica en el prólogo: la primera edición contenía veintiséis ensayos. Esta, treinta y seis. Los de la versión original han sido revisados e incluso enmendados.
Además, ha añadido un texto sobre la relación de la literatura con la vida de los lectores: “La literatura no dice nada a los seres humanos satisfechos con su suerte, a quienes colma la vida tal como la viven. Ella es alimento de espíritus indóciles y propagadora de inconformidad, un refugio para aquel al que sobra o falta algo, en la vida, para no ser infeliz, para no sentirse incompleto, sin realizar en sus aspiraciones...”.
Son ensayos independientes. No tienen nada que ver uno con otro, aunque guardan un orden cronológico. Consta desde El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, obra de 1902, hasta Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi, una novela de 1994.
El denominador común de este libro es que se analizan novelas y relatos aparecidos en el siglo XX, cuya selección tiene que ver únicamente con el gusto de Mario Vargas Llosa. El autor afirma que en este conjunto se vislumbra la variedad y riqueza de la creación novelesca del siglo pasado. Por eso, las obras analizadas son diversas, tanto en su temática como en su estructura.
El volumen, de 438 páginas, se abre con el ensayo La verdad de las mentiras, que es una defensa de la literatura y de la imaginación, y que es además el título que cobija a todo el conjunto: “No se escriben novelas para contar la vida, sino para transformarla, añadiéndole algo”, escribe Vargas Llosa. Y más adelante explica que para una novela “decir la verdad” significa hacer vivir al lector una ilusión, y “mentir”, ser incapaz de lograr eso.
Luego ingresa al mundo de las ficciones. Hace un recorrido por obras como Muerte en Venecia, de Thomas Mann; El lobo estepario, de Herman Hesse; El extranjero, de Albert Camus; El viejo y el mar, de Ernest Hemingway; Lolita, de Vladimir Nabokov; El tambor de hojalata, de Gunter Grass; Opiniones de un payaso, de Heinrich Boll, y muchas otras, hasta completar treinta y seis.
De El viejo y el mar dice que fue el canto del cisne de un escritor que declinaba y que, gracias a esta soberbia historia, volvió a serlo. Refiere, asimismo, que con el tiempo, pese a su brevedad, este libro se está convirtiendo en el más imperecedero de los escritos por Hemingway. Y de El extranjero, que es el mejor libro de Albert Camus.
No encontramos en estos textos a un intelectual que utiliza un metalenguaje para explicar el mundo de las ficciones que él tan bien conoce. Sino a un pensador que hace uso de la claridad para comunicarse con el lector, como sucede en su propia obra literaria.
Es una interpretación muy personal la que Vargas Llosa hace de cada obra, pero la adereza con un poco de historia, con citas del autor de cada libro y con la maestría de su escritura. El resultado es un verdadero banquete, por decirlo en términos gastronómicos.
Quien ha leído las novelas de las que se habla en este libro, disfrutará de estas interesantes perspectivas que aporta el escritor peruano, y quienes no lo han hecho, seguramente hallarán en La verdad de las mentiras una invitación a ingresar en esas ficciones, porque “gracias a la literatura, la vida se entiende y se vive mejor, y entender y vivir la vida mejor significa vivirla y compartirla con los otros”.