Luis Pérez Merino fue el ejecutor de la regeneración urbana. El cerro Santa Ana fue su ‘hijo mayor’.
“Cuando se iniciaron los trabajos (en el 2001) él me traía a los trabajadores”, recuerda Cecibel Tomalá, dueña desde hace cinco años de un restaurante en el escalón 303 del cerro Santa Ana, donde Luis Pérez Merino le gustaba comer cebiche.
Ese lugar se convirtió en su campamento de trabajo, añade la mujer, quien al igual que la regeneración del cerro inició la remodelación de su negocio, lo cual empezó en la sala de su casa. Testimonio de ello son las tres fotos donde Pérez Merino aparece con amigos y colegas en ambientes diferentes.
Desde la Dirección de Urbanismo, Avalúos y Registros (DUAR) y la Fundación Siglo XXI, Luis Pérez Merino lideró las obras que iniciaron el cambio de Guayaquil: primero, la red de mercados en 1997, luego el Malecón 2000, el Palacio de Cristal, el parque acuático Viernes Santo, la Ciudad Deportiva Carlos Pérez Perasso, entre otras. Pero “su hijo mayor”, fue el cerro Santa Ana, según colaboradores y amigos como Gino Mera, director de Proyectos Específicos; Mauro Pérez, director alterno de la Fundación; Gustavo Zúñiga, director de Mercados y Aseo, y el propio alcalde, Jaime Nebot.
“Él se enorgullecía de su trabajo en el cerro porque en esa época era uno de los lugares más peligrosos”, señala Mauro Pérez, quien recuerda que después de la regeneración en ese sector al ex director de la DUAR le gustaba llevar a sus amigos para que conocieran el sitio.
“Casi todos los días íbamos a las obras”, indica Pérez Moreno, quien coincide con el Alcalde al calificarla como uno de los trabajos más difíciles que han realizado, porque la gente pensaba que era un desalojo.
Los imprevistos en ese lugar nos costaron mucho dinero, añade Gino Mera, quien recuerda que una vez dejaron construida una pared arriba del cerro y al día siguiente desapareció. “La habían desbaratado en la noche y se habían llevado los bloques”, dice.
“Hubo que contratar seguridad porque nos topábamos a diario con delincuentes. Una vez incluso él llegó con un arma en el cintillo”, añade.
El contacto de Pérez Merino con las armas no era extraño, su afición por la cacería lo llevó a coleccionar armas antiguas y esta se cultivó desde la juventud. “Con un grupo de amigos se iban a cazar a los guasmos” explica Zúñiga, amigo del Barrio del Astillero y del colegio Cristóbal Colón, donde el ex director de la DUAR estudió la primaria y secundaria.
Pérez Merino murió a los 61 años, el 22 de septiembre pasado, por un infarto, y este año hubiera cumplido once de laborar en el Municipio de Guayaquil. Ingresó al Cabildo en 1996, en la última administración del ex alcalde y mandatario León Febres-Cordero.
En el 2000, con el inicio de la administración de Jaime Nebot, fue ratificado en el cargo y nombrado director y representante del Alcalde de la Fundación Siglo XXI. “Nos conocíamos desde jóvenes y siendo un profesional de gran experiencia y compromiso lo mantuve en el puesto, luego fuimos partícipes de la regeneración urbana que se convirtió en el proyecto bandera de mi administración y él tomó a pecho esa jerarquización de su proyecto como arquitecto, le dedicó mucho tiempo y eficacia”, señala Nebot.
Nebot añade que Lucho Pérez, como lo conocían sus amigos, sabía trabajar en equipo y ejecutar los planes eficientemente. Mauro Pérez corrobora esa virtud. “Somos un equipo de 40 personas y él siempre escuchaba nuestra opinión”, dice.
Honesto, bromista, sencillo, leal y con una enorme facilidad para hacer amigos, es como lo recuerdan sus allegados. “Él nunca decía no, su frase era voy a intentar ayudarte”, recuerda Shirley Santos, una de las secretarias de la DUAR.
Otra virtud que destacan del ex funcionario fue su gestión de puertas abiertas. “Cuando él llegó dijo ‘aquí las puertas siempre van a estar abiertas’, y era como la Catedral, todo el mundo entraba a pedir algo y salía con soluciones”, relata Ofelia Macancela, quien fue su secretaria desde hace diez años.
Hace dos años, Pérez Merino se había comprado una moto y el domingo que lo sepultaron tenía previsto viajar a la playa con Zúñiga y Marcos Vernaza para lograr que su amigo Bolívar Rosero se subiera en ella.
También le gustaba cantar y hacer parrilladas los sábados con su cuñado Marcos, recuerda su esposa, Josefina Bastidas, a quien conoció hace diez años en la Facultad de Arquitectura; ella también es arquitecta y sus hijos, José Luis (24 años) y Gabriel (22) Pérez Bastidas, estudian la misma carrera. También le gustaba cultivar orquídeas en su jardín y jugar con ‘papucha’, una buldog de 2 años.
Tres días antes de su fallecimiento había conseguido la autorización para crear una escuela de acuicultura, según Gino Mera. Esto formaba parte del proyecto que impulsaba en los sectores aledaños al estero Salado para que las personas implementaran el cultivo de moluscos en sus viviendas.
Ayer cumplió un mes de fallecimiento y mañana está prevista una misa en la iglesia de San Francisco, a las 18:00, organizada por el Municipio.
Luis Pérez Merino
LUGAR DE NACIMIENTO
Guayaquil, el 14 de junio de 1946.
FAMILIA
Fue hijo menor de Enrique Pérez García (+) y de Lola Merino Detchi de Pérez (+) y creció en el Barrio del Astillero junto con sus hermanos Enrique (+), Juan y Alfredo.
PROFESIÓN
Se graduó en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Católica entre 1967 y 1972; fue maestro de la Universidad de Guayaquil y de la Universidad Laica. Trabajó en la Empresa Municipal de Agua Potable en 1971, en el Banco Ecuatoriano de la Vivienda en 1972, y en la Junta Nacional de la Vivienda de 1973 a 1974.