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| Santiago Pérez | |
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Ecuador postelectoral |
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Optimistas, con esperanzas por el cambio, preocupados por la falta de empleo y la corrupción, sin creer en fundamentalismos de derecha o de izquierda, con claridad política frente a los viejos poderes y su reemplazo por una nueva dirigencia, tales aparecen como los descriptores centrales para describir a los ecuatorianos, luego de las elecciones del 30 de septiembre.
Un estudio postelectoral realizado a nivel nacional, en el cual fueron entrevistadas 2.530 personas de todas las provincias de la Costa y la Sierra, de las zonas urbanas y rurales, coincide con otras encuestas realizadas antes y durante el proceso electoral. El alto apoyo al Gobierno y la imagen positiva de Rafael Correa no son un cheque en blanco, tienen condiciones. El discurso y la acción deben ser coherentes en la lucha contra la corrupción y el desmantelamiento del viejo orden, sin mostrar debilidad.
Otro hallazgo interesante de la investigación es el fuerte endoso de poder a la Asamblea Constituyente, que no es vista como el reflejo de una persona, sino como la construcción plural, con nuevos liderazgos, de nuevas normas que se esperan sensatas y equilibradas. Funciona el sentido común: no se cree en mitos, que la Asamblea prohibirá la propiedad privada o que eliminará la dolarización; menos del 15% cree que Correa quiere hacerse dictador, pocos creen que va a aumentar la pobreza y el desempleo. Por el contrario, casi el 90% expresa alguna demanda concreta frente a la Asamblea, entre las que destacan realizar las reformas políticas, crear condiciones para mejorar el empleo y la estabilidad económica y mejorar las políticas sociales.
En palabras simples, que aluden a demandas profundas, los ecuatorianos viven un proceso de maduración política. Los estudios de opinión que realizan muchas instituciones y empresas muestran que la ira y la decepción han ido desembocando en procesos con avances concretos, incluyendo la consulta popular del 15 de abril y las elecciones del 30 de septiembre.
Ejerciendo su calidad de poder liminar, de rito de paso, la Asamblea Nacional Constituyente es vista como transitoria, el 46% estaría en desacuerdo con que se quede más tiempo del planificado.
Hay expectativa frente a la Asamblea. Esta no puede defraudar atrapándose en minucias administrativas, peor dar señales de corrupción. Tampoco debe servir de tarima para los que vociferan, por lo que se debe dar un trato muy serio y abierto a lo relacionado con el sistema monetario, las libertades y los derechos. Un inadecuado manejo comunicacional despertaría sensibilidades, en ciertos grupos no tan visibles y a veces pequeños, pero que al sentirse afectados podrían optar por caminos autoritarios.
El estudio revela el inadecuado nivel de educación e información frente a los asuntos territoriales. La palabra autonomía tiene diversas connotaciones, unas veces buena, otras, no tan buena, dependiendo de cómo se la mire. Aunque no son excluyentes, muchas personas se inclinan entre autonomía o descentralización, menos del 30% aceptaría una reforma territorial de las provincias actuales. Paradójicamente, la mayoría también apoya la creación de las provincias 23 y 24. Como se ve, en este y en muchos otros campos, la Asamblea tiene la tarea de educar, informar, consultar y escuchar.
* Consultor político. |
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| Guayaquil |
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La orquesta de cámara del Colegio República de Francia ofrecerá un concierto el 24 de octubre a las 18:00. La presentación se realizará en la ciudadela Naval Norte, manzana 4, solar 14. Para mayor información los interesados pueden comunicarse al teléfono 229-3434. |
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