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MARTES | 23 de octubre del 2007 | Guayaquil, Ecuador
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Adónde iremos a parar
Adónde irá a parar  este mundo. La crisis de valores es casi total a nivel mundial, difícil de manejar. El ser humano se ha vuelto amador de sí mismo, desobediente de los padres, desagradecido, desleal, sin amor del bien, traicionero, hinchado de orgullo, no amador de Dios.

Después de que se refieren las autoridades y público en general, en todos los medios de opinión, sobre problemas, tragedias que ocurren con frecuencia, la mayoría de ellos, rasgándose las vestiduras, utilizando frases trilladas como “llegaremos hasta las últimas consecuencias”, “ofrezco tanto dinero de recompensa”, “cadena perpetua”, “llamo a la unidad”... solo sirven para las fotos, buscando más protagonismo o engañándose a sí mismos y pensando ‘soy bueno, los malos son los otros’.

Creo importante reflexionar en frenar y recuperar los valores morales que han decaído en todo el mundo. La única manera sería cambiando la actitud, educando al niño para no tener que castigar al adulto, pensando que somos referentes para las nuevas generaciones, que debemos empezar desde el hogar que será el mejor legado que podemos transmitirles a nuestros descendientes, enseñando con el ejemplo. Solo de esta forma tendrán mejor calidad humana, una vida digna sin el temor de que un desadaptado convierta a cualquier ser humano en un “número” más de las estadísticas. Los líderes actuales deben romper esas vestiduras de odio, rencor, revanchismo, envidia y demostrar que somos seres humanos de buena voluntad y no esperar que ¡Dios permita llegar al fin a este mundo, para que la Tierra con una nueva creación se convierta en un paraíso!

Colón V. Quiroz Ferruzola,
Guayaquil
La provincia Santa Elena

Hasta ahora resulta sorprendente lo ocurrido con la separación del Guayas  de la península de Santa Elena. Yo no soy guayaquileño, pero vivo en esta ciudad a la que he llegado a querer por más de 30 años, y da mucha pena ver cómo se rompió una tradición de vida que los guayaquileños han tenido con las ciudades peninsulares, centro del turismo y descanso vacacional.

Lo más llamativo es que los entes representativos de la provincia, llámense alcaldes, Junta Cívica, cámaras de Comercio, de Industrias y otros, no dijeron nada. El Prefecto provincial es el único que estuvo presente en Quito en la primera sesión del Congreso donde no se dio paso inicialmente, pero luego cedió a todas las iniciativas de los tres alcaldes peninsulares que finalmente consiguieron dividir a Guayas para obtener sus fines, que creo no son los mismos de los habitantes de la nueva provincia.

Parece que el único liderazgo visible en la actualidad es el del Presidente de la República, y este ha prevalecido incluso para la creación de esta nueva provincia. En Guayas, incluyendo al alcalde Jaime Nebot, no se observó que los llamados líderes representativos –que en otras épocas han alzado su voz para protestar– hayan dicho algo al respecto; quizás disminuidos por la fuerza con la que el presidente Correa ha atacado a la partidocracia.

Para quienes percibimos la verdad atrás de todo esto resultó bochornoso además ver la actitud de diputados que votaron por la provincialización de la Península, que nada tienen que ver con la realidad del Guayas y que en su mayoría no se identifican siquiera con las necesidades de quienes aquí vivimos. Una vez conocido el resultado, se abrazaban felices como si hubieran ganado un premio, cuando en realidad estaban separando un sistema de convivencia entre dos sectores que, bien o mal, se había convertido en una especie de simbiosis pues la Península vivía del Guayas y el Guayas de la Península. Ante estos hechos nadie dijo nada; parecería que todos están de acuerdo.

Silvio Suárez C.
Guayaquil

¡Qué bonito es ser generoso con la tierra que no es de uno! ¡Qué magnánimos y altruistas son los gallinazos que repartieron nuestro territorio como si fuera carroña! ¡Qué justos y dadivosos son los honorables sinvergüenzas con la propiedad ajena!

Me siento dolido, ultrajado y tengo un profundo malestar por lo sucedido con la desmembración de mi provincia, que consumó una horda de desvergonzados sin conciencia. Por ahí andan sonrientes quienes, cual complacientes al mejor postor, hoy están de fiesta por la división de mi terruño. Los resentimientos son profundos y radicales.

Estoy avergonzado de vivir en una patria donde la ley es solo un contrasentido y una razón para su violación, donde la conveniencia política es más valedera que la Constitución, la ley.

El 16 de octubre, en el mes de Guayaquil y como homenaje a su aniversario, se consumó uno de los más grandes atracos a la soberanía de la provincia del Guayas. Lo insólito de la traidora decisión de 57 honorables traficantes es que ninguno de ellos es de Guayas y que probablemente cuando la visitaron alguna vez los recibió con la hospitalidad que nos caracteriza. ¡Bribones, pretenden que con este acto servil van a quedarse en sus puestos para no ser disueltos por la Asamblea! Puñado de traidores. Guayaquil debe señalar a sus enemigos y perennizarlos como lo que son, para que la historia los ponga como mal ejemplo que no deben rozar el sagrado suelo que aún nos queda.

Hay también otro tipo de traidores y son los que promovieron con el uso del poder y sus transitorios cargos públicos la desmembración de nuestro suelo. Correa, Patiño y los tres alcaldes son los principales mentalizadores, cómplices y ejecutores. Otra cosa que me causó amargura es ver el conformismo de la gran mayoría de guayaquileños.

En este y en muchos atropellos de los que hemos sido víctimas en este desgobierno, solo el silencio y la cómplice aceptación conformista han sido la conducta sumisa de quienes viviendo en nuestras tierras solo piensan en sí mismos y tienen terror al tirano. Cuando fallezcan estos Iscariotes, sobre su tumba estará escrito: “En el sepulcro de estos traidores están grabados los nombres de aquellos que a lo largo de sus vidas mordieron inmisericordes la mano generosa que les dio de comer”.

Miguel Palacios Frugone,

La provincia Santa Elena II

Con afán fraterno pido a todos ustedes, guayaquileños, guayasenses, ecuatorianos al igual que yo,  que siempre consideren la posibilidad de aprovechar sus momentos de ocio para que sigan disfrutando en nuestra península de Santa Elena, cuna de ancestrales y milenarias culturas: Valdivia, Las Vegas, Engoroy y Chorrera; dueña de unos maravillosos paisajes y bendecida por una inigualable flora y fauna; por sus termas de lodo volcánico de San Vicente, su gastronomía y por sobre todo su gente, hombres y mujeres que los recibirán con amabilidad, respeto y fraternidad.

No confundamos nuestra nueva jurisdicción político administrativa con el hecho cierto de que siempre estaremos con los brazos abiertos para recibirlos; además de que los escenarios naturales son patrimonio de todos los ecuatorianos. Recuerden que el Ecuador es uno solo y que nosotros seguiremos cantando el mismo himno, enarbolando el tricolor patrio con nuestro escudo lleno de mucha historia de jornadas heroicas.
Como ustedes saben, a quienes hacemos turismo no nos debe importar si estamos en una u otra provincia, ni en uno u otro cantón, sino que el destino turístico que escojamos visitar nos brinde calidad en sus servicios.

Estoy seguro de que todos coincidirán con nosotros. ¡Viva la provincia del Guayas, viva Guayaquil, viva la nueva provincia de Santa Elena, y sobre todo, viva el Ecuador!   

Ricardo Camacho Ayala,
tecnólogo, La Libertad

Con una gran decepción observé las imágenes de celebración de la aprobación de la nueva provincia de Santa Elena. Más que el dolor de ver a mi provincia cercenada es el asombro de la actitud incivilizada de quienes celebraban este hecho.

Viendo cómo quemaban nuestra bandera y leyendo sobre otras cosas que han hecho de ella, me doy cuenta de  que en el Ecuador estamos muy lejos de alcanzar la superación y el desarrollo como en otros países,  lo que demuestra que en nuestra nación aún nos comportamos cual plebeyos en las batallas o rebeliones de la antigua Europa. ¡Qué vergüenza!

La nueva provincia de Santa Elena ha dejado sentado el precedente de lo que tenemos que esperar de ella, la pésima cultura, mala imagen y rebeldía con la que nos tratan, ni qué pensar de sus autoridades, ¿Acaso tendrán las competencias necesarias para hacer de la nueva provincia una sociedad digna de respeto? No hay mal que por bien no venga, después de todo, es un alivio saber que incivilizados que hicieron eso ya no serán guayasenses. ¡Viva el Guayas!

Sara Zambrano Albán,
ingeniera, Guayaquil

La provincia Santa Elena III

Es impresionante el afán desmedido de los alcaldes de la Península por dividir a nuestra provincia, respondiendo a sus mezquinos intereses, ignorando una vez más que debieron actuar a favor de su pueblo.

No olvidemos que hace muy poco tiempo se creó en la región Oriental la provincia de Orellana y los resultados son visibles, más atraso y pobreza. No nos dejemos engañar, ya lo dijo el Presidente: “Hacer más provincias no soluciona nada”. La provincialización no les conviene a los peninsulares, afirmación basada en el abandono en que han tenido los alcaldes a sus pueblos, despilfarrando más del 50% de su presupuesto en gasto corriente y sueldos; ahí es donde se va el dinero de los altos impuestos, incluso, más caros que los de Guayaquil. Es increíble que la fuerza pública haya permitido que ante sus ojos se cierre la carretera durante el feriado, lo que generó pérdidas a los habitantes de los tres cantones.

Exijo a las autoridades correspondientes que pongan tras las rejas a los claramente identificados responsables que han ocasionado violencia, destrucción y pérdidas económicas en estos últimos días, utilizando incluso recursos de los municipios que son del pueblo. Resulta increíble que diputados de partidos que apenas se conoce su existencia  fueron tan interesados en destruir al Guayas dividiéndonos. Desprestigiados legisladores, no es posible que el Congreso haya actuado en contra de su pueblo.

César Coronel Garcés,
estudiante de derecho, Guayaquil

Si bien es cierto que a todos los guayaquileños nos duele que nuestra provincia del Guayas se vea desmembrada, debemos reconocer que una de las instituciones que nos representa como provincia está catalogada como una de las más corruptas e ineficientes del país. Nos referimos a la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG).

Es común observar cómo los vigilantes abusan de los transportistas, cooperativas y choferes de los diferentes cantones y cómo toda la administración y burocracia del tránsito, matriculación de vehículos, licencias, autorizaciones, etcétera, de la provincia del Guayas, ha sido centralizada en la ciudad de Guayaquil. Uno de los primeros festejos de los peninsulares fue la salida de los uniformados de la CTG, ya que ahora no tendrán incidencia en la nueva provincia.

Los guayaquileños también quisiéramos librarnos de los abusos y corrupción de muchos vigilantes de tránsito y borrar la mala imagen que esta institución representa para la provincia del Guayas. Todo el país conoce los grandes casos de corrupción detectados en la CTG y cómo esta se ha manejado como botín político de las autoridades locales. Tal vez sea hora de reflexionar y ver casa adentro. Debemos corregir la mala imagen que cualquier institución que lleve el nombre de nuestra provincia  pudiera estar dando en perjuicio de todos quienes habitamos en ella.

Enrique Maldonado G.,
ingeniero, Guayaquil

La provincia Santa Elena IV

La ambición desproporcionada de tres seudolíderes de la península de Santa Elena que ostentan el cargo de alcaldes llevó a  sus coterráneos a protestar de la manera más vulgar que podemos imaginar.

 Indignado vi por televisión que uno de los que estaban “protestando” cogió la bandera de nuestra  querida ciudad e hizo con ella una especie de mímica, como que la usaba de papel higiénico. Cuestión parecida ocurrió unos meses atrás cuando uno de estos quemó nuestra querida bandera de Guayaquil, urbe donde orgullosamente nací. Como podemos deducir, estos seres que protestaron realmente no son culpables de esas actitudes pendencieras, sino los líderes de esas  protestas, es decir, los alcaldes de los tres cantones que encabezaron la provincialización de la península de Santa Elena. Yo me pregunto: ¿qué hacen los alcaldes con el ingreso que nosotros, los guayaquileños, dejamos en cada una de las temporadas playeras? Los  habitantes de la Península deben reflexionar que sí así han actuado de alcaldes (es decir, en lo poco) cómo serán en lo mucho, es decir, ahora que ya son provincia.

Hago otra pregunta (más que nada a los que de una forma delincuencial atentaron contra la bandera de Guayaquil con la excusa de protestar): ¿qué pasaría si en la próxima temporada playera nosotros (los  guayaquileños) no vamos a  los tres cantones en mención?, porque también existe el cantón Playas, que está más cerca de nuestra ciudad. También no puedo dejar de referirme al Gobierno Nacional que para otras cuestiones ha sido implacable, pero en ese cierre grotesco que hubo en la vía Guayaquil-Salinas no se vio ninguna  sanción a nadie de los que  lideraron esa “protesta”, principalmente, a los cabecillas que consumados por su desmedida ambición llevaron a esa gente a una especie de campo de batalla y que, lamentablemente, no se dan cuenta de que son usados y que se perjudican ellos mismos. ¿Quién les financió la pantalla gigante para que los protestantes hayan visto el partido que jugó  la Tricolor?

Los guayaquileños tomamos conciencia de lo que ha pasado; no puede ser que nosotros dejemos en la península de Santa Elena buena parte de nuestro presupuesto mensual en las temporadas playeras y en feriados, y que nos tiren piedras, usen vulgarmente y quemen nuestra querida bandera, y nos hayan dividido.

Walter M. Tomsich Arzube,
Guayaquil

Soy peninsular. Nací, crecí, viví mi niñez y juventud en el campamento minero de Ancón, hoy parroquia de Ancón. En 1986 ya escuchaba sobre la provincialización de mi querida Península; no es ahora que los peninsulares aspiraban a que este sueño se hiciera realidad.

Mis padres son de la provincia de El Oro; desde muy jóvenes fueron a vivir en dicho campamento minero. Ancón ha sido olvidado por todas las autoridades nacionales, provinciales y cantonales. Pero desde hace 24 años vivo aquí en la ciudad de Guayaquil que nos acogió a toda nuestra familia. Con tristeza leo, escucho todos los comentarios que solo hacen daño a nuestra gente peninsular. Estoy consciente del gran prejuicio moral que cometió ese ser que ofendió el símbolo de Guayaquil, pero señores: no incentiven a los turistas para que en el feriado de noviembre busquen otras playas, porque están fomentando la desunión entre ecuatorianos.

Es duro aceptar una realidad, la cual ya no se puede retroceder. Es que todas las autoridades actuales y pasadas, ¿qué hicieron por ayudar a nuestra Península? ¡Nada! Tenemos gente capaz que puede llevar adelante a nuestra provincia de Santa Elena y llegará lejos, ya que es tierra rica en todo. Pido  no egoísmo, no resentimiento, no más lamentos de lo ocurrido, tratemos de superar el dolor y, como dice nuestro Presidente, salir adelante y no incentivar desunión.

Adriana Carrión Albán,
peninsuleña, Guayaquil

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