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| Después de que nos botaron, se quejan |
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Hace ya unos días los guayaquileños pudimos ser testigos por medio de la televisión, cómo nuestra bandera era utilizada por un grupo de peninsulares como algo que no valiera, limpiándose con ella ciertas partes del cuerpo y luego quemándola.
A todo guayaquileño de corazón, que siente pasión y amor por la ciudad en donde nació y creció, dicho acto resultó realmente indignante. Todos deberíamos sentirnos ofendidos porque nuestra bandera es digna de respeto.
Y aclaro, hay unos cuantos por ahí que creen que esto que se hizo con el lábaro patrio no es para tanto, pues sí es para tanto, porque nuestra ciudad es como nuestra madre y es deber de todo guayaquileño exigir respeto para ella.
Esto no se trata de partidocracias, o pelucones, o dueños del país, esto es una cuestión de honor, que solo la gente honorable puede entender.
Aquellos que cometieron dicho acto deben pagar las consecuencias, porque si permitimos que se ofenda a nuestra ciudad y no hacemos algo o exigimos respeto, Guayaquil se convertirá en víctima de cualquier abuso. A partir de ahora no gastaré dinero en la Península.
Dividieron nuestra provincia olvidando que lo que llegaron a tener y ser, se lo deben en gran parte a Guayaquil. Dieron muestras de ingratitud al renegar de los guayaquileños y humillar a nuestra querida bandera, por lo tanto, yo exploraré nuevos sitios en los cuales estoy segura seremos bienvenidos. Ahora lo más irónico de todo es ver cómo los alcaldes de dichos cantones nos piden a los guayaquileños evitar confrontaciones, cuando fueron ellos los líderes de dicha confrontación. Qué pena que “tal vez ahora” se están dando cuenta del error que cometieron al alejarse de nosotros.
Mariela Carolina Yerovi Jiménez, Guayaquil |
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| ¡Basta de irrespeto! I |
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Como guayaquileño, con profundo asombro, dolor e indignación expreso mi rechazo por el proceder canallesco contra el emblema de Guayaquil, como es la Bandera de Octubre, símbolo sagrado de la patria.
Por lo tanto, devuelvo el diploma que “en reconocimiento a su decidida colaboración solidaria humana y por los grandes beneficios sociales y científicos brindados a la comunidad salinense”, usted, señor Vinicio Yagual, alcalde de Salinas, me concedió en la sesión solemne del Congreso de la Sociedad Ecuatoriana de Urología realizado en Salinas el día 2 de octubre del 2003.
Gustavo Calderón von Buchwald, doctor, ex presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Urología, ex presidente de Solca, Guayaquil
Mucha tinta ha corrido y mucho se ha dicho desde la creación de la provincia 24. Yo lo que quiero expresar es que las escenas que vimos por televisión de los peninsulares quemando la sagrada bandera de Guayaquil, que también flameó en la Batalla del Pichincha, y por ende, en lo que luego sería la República del Ecuador y los ha cobijado a ellos por décadas, fueron de lo más repugnante y nauseabundo que pueda haber.
Dicen que solo fueron unos cuatro desadaptados los que lo hicieron, mentira, fueron todos los manifestantes y vociferando que se vayan los pelucones y que se larguen los de Guayaquil. Cómo fuera posible que todos los que tenemos alguna propiedad en la Península la pudiéramos trasladar a otra parte para ver qué harían, parece que no se han dado cuenta de que ellos desde siempre han vivido del turismo, ¿y quién genera más turismo en la Península? Guayaquil, por supuesto; cierto es que también hay turistas extranjeros y de otras provincias, pero en minoría, somos los guayaquileños quienes pagamos los impuestos y generamos todo tipo de trabajo y ganancia para ellos.
Yo quiero invitar a los propietarios de inmuebles en la Península que de alguna manera les hagamos sentir a los peninsulares la grave ofensa que han hecho a nuestra bandera y a los guayaquileños pidiendo que nos larguemos. ¿Cuál sería la mejor manera de hacerlo? Absteniéndonos de ir el próximo feriado de noviembre.
Ojalá esta invitación no caiga en saco roto.
Lourdes Meloni de Rojas, Guayaquil,
El derecho de los pueblos a tener sus propias reglas de administración y mejorar sus condiciones de vida es un sentimiento natural en todas partes del mundo, más aún en Ecuador donde la diversidad de culturas así lo ha impuesto.
Pero este anhelo no debe caer en el plano del odio, de la envidia y de todos aquellos sentimientos negativos en los que lamentablemente cayó el proceso de provincialización de Santa Elena. Fue público el apoyo que el Presidente dio al proceso (solo él sabrá el verdadero motivo que lo impulsó a darlo), y también fue pública la felicitación que dio a los peninsulares cuando el Congreso aprobó el proyecto; pero me pregunto, ¿a él le dolieron los actos obscenos hechos a la bandera de su ciudad?, ¿cuál será la medida que tomará al respecto?, ¿o habrá temor de defender a su ciudad?, ¿cuánto tiempo debemos esperar los guayaquileños de corazón para que se ejerzan las sanciones correspondientes? Sinceramente quisiera respuestas a estas preguntas.
Víctor Hugo Medina, Guayaquil
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| ¡Basta de irrespeto! II |
Al no escuchar tan repetidamente la palabra pelucón, Club de la Unión, Samborondón, Puente de la Unidad Nacional, etcétera, que por ser parte del país, ya es de todos, de acuerdo al eslogan gubernamental, hubiéramos pensado que se habría bajado ya el tono de los enfrentamientos y de las repetidas alusiones a estos temas, lo cual en realidad nos hacía sentir hasta cierto punto satisfechos.
Sin embargo, no se pensó en la secuela que estas palabras proferidas tan frecuentemente traerían en el futuro en boca de nuestra población. Vimos por televisión los desmanes causados en las protestas cuando perdían la provincialización de Santa Elena, que teniendo o no razón para solicitarla, no era necesario llegar a la ofensa a nuestra bandera, o a la ofensa a los guayaquileños que lo único que hacemos es visitar los diferentes balnearios de la Península (hoy virtual provincia) y entablar una franca amistad con sus habitantes.
En estas manifestaciones se empleó constantemente, además, la frase “abajo los pelucones”. Sabemos que esta última palabra fue expresada continuamente como un símbolo de rechazo a las personas o familias de clases altas, cuyo único problema es haber trabajado toda su vida, crear empresas y dar trabajo a miles de ecuatorianos; lo cual por consecuencia lógica, tiene como resultado una vida más cómoda que el estándar normal de los ecuatorianos. Sin menospreciar en absoluto el que los peninsulares se hayan convertido en provincia, lo cual estuvo en manos del Congreso ante las promesas del primer mandatario; debemos recordar a estas personas que los pelucones dueños de villas y departamentos, y los guayaquileños en general, son el principal motor que mueve la economía de ese sector, con los gastos que genera el turismo y el empleo directo o indirecto que estos pelucones guayaquileños dan a sus habitantes con sus inversiones.
Édgar Diminich M., ingeniero, Guayaquil
Es realmente penoso ver cómo se ha incentivado el odio a Guayaquil en nuestros hermanos peninsulares. Creo que la mayor parte de ellos ignora realmente que la Península es lo que es gracias a la inversión de los guayaquileños; principalmente Salinas.
Espero que la nueva provincia 24 tenga días mejores, y ahora pido al Consejo Provincial del Guayas que se preocupe por General Villamil, Playas, que le dé el trato que se merece, como una autopista; que invite a los inversionistas turísticos; que tome medidas para que exista control con respecto a la entrada de buses sin descriminación.
General Villamil, Playas, nos queda a los guayaquileños solo a 45 minutos, menos de la mitad del tiempo que se toma llegar a Salinas, y tiene el segundo mejor clima del mundo, hermosas playas anchas. Solo necesita ser reorganizada, especialmente el centro de este balneario donde se apuestan muchos comerciantes. Que Guayas empiece a trabajar por lo que tiene, y que General Villamil, Playas, se convierta en «La Playa». ¡Aprovechemos, ya que se viene la temporada. Viva Guayas, Guayaquil y los guayasenses! Que Dios ilumine a la nueva provincia de Santa Elena para que realmente mejore.
Mónica Rodríguez R., Guayaquil |
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| ¡Basta de irrespeto! III |
El ver cómo se resquebrajan provincias por el incentivo de una persona que participó para ser elegido por una parte del pueblo, que por política llegaba a cada lugar de la patria ofreciendo, gastando dinero de los ecuatorianos, desinformando la verdadera realidad para captación de votos y adeptos, y lograr que lo lleven a la representación (a quien llamo oportunista), y que los errores de otros políticos captó ese apoyo deseado para lograrlo; me obliga a escribir esta carta.
El resentimiento social presente está en diferentes dedicatorias a ciertos apellidos de esta provincia, como a autoridades de elección popular, a diversos extractos sociales, para con esto haber ganado una votación. No considero que para realizar cambios haya que ocupar un lugar y captar espacio por el sentido común de la gente para ayudar.
Acaso no vivía en este país al que tanto llama “mi patria”, donde los que sí hacemos patria hemos permanecido y desarrollado aquí, en estas tierras, nuestra vida, nuestro hogar, conseguido nuestras casas o autos con nuestros esfuerzos en este país. Los que amamos este país no decimos las cosas, las hacemos.
En conversaciones con amigos o conocidos he expresado varias veces que a los ecuatorianos nos dan y nos dan, y ahí seguimos, y no nos paramos a analizar lo que sucede a nuestro alrededor. Cómo podemos permitir que una persona, utilizando personas, esté llevando a la desunión nacional. Haga pelear a vecinos cantonales, incite a la desunión, a la división marcada de sociedades, por un capricho personal con su dizque ciudad que ama por ser su lugar de nacimiento, pero por lo visto le tiene un odio tremendo.
Pero dónde está lo que tanto ha ofrecido en sus campañas, casas, trabajos, créditos, escoger a los mejores, estabilidad... Nueve meses de política, peleas, caprichos, rencores, resentimientos, la gente vive de trabajo, del dinero, no de palabras. Hacemos el Ecuador nosotros, no un incentivador de confrontaciones.
Jaime Palacios Grijalva, Guayaquil |
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| ¡Basta de irrespeto! IV |
El comité de paro que pidió la provincialización de Santa Elena dio una muestra de quemeimportismo nacional bloqueando las vías a la Península y causando ingentes pérdidas a miles de ecuatorianos que viven del negocio del turismo.
La vandálica acción tiene la conocida marca de los garroteros de un movimiento popular que dice llamarse democrático, pero que actúa así cuando las cosas no salen a su solo y único interés, que en este caso más político que en beneficio del conglomerado peninsular. “La Patria ya es de todos”, y unos pocos casi han hundido a un amplio sector de negocios turísticos, hotelerías, restaurantes, paseos y esparcimiento en general.
Todos los afectados deben reunirse y presentar una demanda judicial en contra de los responsables, pues existe un Comité de Paro que al asumir la organización del bloqueo, asume la responsabilidad de las consecuencias.
El Ministerio de Turismo, la Asociación de Hoteleros, la Comunidad de la Ruta del Sol, o como quiera que se llamen, deben aunar esfuerzos para pedir el resarcimiento de las pérdidas ocasionadas por esta medida que atenta contra todo principio elemental de convivencia. ¡Ah!, y el Defensor del Pueblo no puede quedarse con los brazos cruzados ante tamaña agresión. El Gobierno debería hacer un concienzudo análisis de este tipo de actitudes.
Rafael Drouet Candel, ingeniero, Guayaquil
Los desadaptados que fueron utilizados en las manifestaciones que presionaban al Gobierno y al Congreso, la declaración de provincia a la jurisdicción de la península de Santa Elena, no solo pisotearon, quemaron sino que hasta se la pasaron por el trasero la bandera azul y blanco que flameó gloriosa el 9 de Octubre de 1820.
Estas turbas han podido libremente asaltar y saquear los destacamentos de la Comisión de Tránsito del Guayas, amenazar de muerte a los uniformados que ahí se encontraban y azuzando en las calles el irrespeto a los vigilantes. Guayas tiene el derecho de salir por la defensa de su bandera y de sus instituciones, sin aceptar la declaración ignominiosa de uno de los alcaldes peninsulares, por cuanto o es cínica, o simplemente un justificativo absurdo que trata de ocultar la incapacidad para controlar una turba manipulada y dejada a su libre albedrío.
Aunque nunca existió un referéndum sino una euforia muy bien manejada ante el abandono de autoridades que debieron de velar por el desarrollo de dichos cantones, respeto la decisión del Congreso, pues serán los peninsulares responsables de su propio destino y también de la reacción de un pueblo que al sentirse traicionado por una dirigencia soñadora en ambiciones burocráticas, podría desencadenar una lucha interna tipo Chone, que castigaría a quienes sacrílegamente jugaron con sus necesidades.
Esta provincialización ha creado un antecedente nefasto para el resto del país, si los cantones Santa Elena, La Libertad y Salinas, tres de un total de veintiocho que conformaban Guayas, se desmembraron para usufructuar la Gobernación, Prefectura, cortes, direcciones provinciales, tribunales, diputaciones y más; los demás cantones del Guayas al sentirse rezagados buscarán bajo esa justificación también su provincialización.
Y así tendríamos que los cantones cuyas parroquias se convirtieron en otros cantones, busquen ahora ser provincias aduciendo derecho, por su mayor número de cantones.
Jorge Daniel Pávicich Lince, Guayaquil |
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| ¡Basta de irrespeto! V |
Los alcaldes de Salinas, Santa Elena y La Libertad parece que no tienen memoria; estos acusados de corrupción por sus mismos pobladores, uno se pregunta: ¿qué pasará si administran más dinero?
El Alcalde de Salinas pese a administrar y cobrar altos impuestos tiene calles en muchas ciudadelas, como Puerta del Sol, aledaña al malecón, que no están asfaltadas. Este propulsor de la provincialización olvida que muchas de las inversiones que él cobra a negocios y casas como impuestos prediales en Salinas, son de personas de Guayaquil que tienen sus viviendas o negocios en este balneario, y que la gran mayoría de turistas que generan ingresos en Salinas proviene de Guayaquil y da trabajo y turismo a los salineneses. Todos sabemos que Salinas y resto de la península de Santa Elena vive principalmente del turismo.
Ignacio Jaramillo Béjar, ingeniero, Guayaquil
En los noticiarios de televisión, el domingo 21 por la noche escuchamos al alcalde de Salinas, Vinicio Yagual, y a muchos comerciantes de la Península quejarse porque ese fin de semana no tuvieron afluencia turística de guayaquileños.
Y encima, lo más descarado fue que ese Alcalde diga que lo que pasó con Guayaquil “ya pasó” y que “dejen ya de lamentarse”, y pedía a los guayaquileños y guayasenses que vayamos a sus playas, porque los “recibiremos con los brazos abiertos”. ¿Así que primero nos botan, nos escupen a la cara, nos queman y se limpian sus traseros con la bandera de nuestra ciudad, nos acusan de haberles robado su plata y riquezas, desmembran nuestra provincia y ahora sí, vengan a consumir y a dejarnos sus dólares? Ahora con un solo fin de semana comprobaron cuánto necesitan de los guayaquileños pelucones y guayasenses para comer. ¿Que no necesitaban de nosotros? Entonces, hoy quéjense al presidente Rafael Correa y a su ministro del Litoral, Ricardo Patiño; pídanles a ellos que les den el progreso; a nosotros los guayasenses y guayaquileños, ¡no!
Xavier Campoverde, Guayaquil |
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