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Es necesario destacar, además, que esta justa indignación no se ha impregnado de xenofobia. Los españoles no son nuestros enemigos sino el racismo y los grupos intolerantes. Debemos constatar que el Gobierno y el pueblo español han reaccionado hasta ahora como debían, más allá de un mal juez que inmediatamente fue censurado.
Tampoco se ha caído, ni se caerá, en el afán de revancha. El desquite no consiste en traer a los xenófobos para darles de golpes, sino someterlos a la justicia, para que esa sea la semilla de una legislación más dura contra el racismo y de mayor protección a los emigrantes.
Solo así, distinguiendo a la inmensa mayoría del pueblo español de un puñado de desadaptados, y recurriendo no a la violencia sino a los recursos legales (que exigen a veces más coraje y valentía), es decir, tomando la vía correcta, es como los intolerantes serán acorralados. |