Edición del JUEVES 1 de Noviembre del 2007
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Arashá, orgullo de lo nuestro
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Se han ganado seis premios internacionales como mejor resort del Ecuador. Está ubicado en la Reserva del Chocó, en Pedro Vicente Maldonado.
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Texto y fotos: Gerarda Plaza de Huerta | gerarda@gye.satnet.net

Hace dos semanas me fui a Arashá, la ruta fue media hora a Quito por avión, y dos horas en bus hasta este espléndido spa resort. Si se viaja en carro directamente desde Guayaquil son aproximadamente cinco horas.

Siempre quise ir, pero pensaba que era lejísimos y no me animaba, realmente, no sabía de lo que me perdía hasta que llegué. El viaje se dio por una invitación de ellos, nos reunimos un grupo de periodistas, fotógrafos y camarógrafos de diversos medios para compartir esta aventura.

Llegamos justo para celebrar que habían sobrepasado al cliente 100.000, que de casualidad era guayaquileña, tema que tenía muy entusiasmado al quiteño y propietario de Arashá, Gustavo Diez Cordovez, por lo que decidieron lanzar la casa por la ventana y nos atendieron de lujo.

El lugar brinda una sensación de paz y armonía impresionante, tanto que le dije a mi esposo: “Creo que el dueño es tan alegre porque vive aquí”, y no estaba exagerando, ahí el tiempo se detiene y en medio de esta vegetación, sobre todo cuando ingresas al bosque primario, te sientes en medio de la selva y el mundo te pertenece.

Se respira pureza, el clima es templadito, unos 18 grados por las noches, se duerme delicioso y lo que más me gustó es que no hay bichos: moscos, lameojos, ni esos que dan vueltas y vueltas alrededor de los focos de luz. Gustavo Diez decía riéndose que a los moscos a partir de las cinco de la tarde los amarran y no los dejan salir, pero la verdad es que el sitio está lleno de plantas y flores, y hay una que se llama Galán de la noche, que emana un olor como a jazmín y de alguna manera aleja a estos molestos animalitos.

En la cena de bienvenida me tocó sentarme junto a don Gustavo
 -como le dicen-, y al alabarle la construcción tan especial de las cabañas, me comentó que esta idea había nacido de un viaje que tuvo a Bali,  donde se enamoró del lugar y vino con la idea fija de crear un resort en su país, lo que siempre había sido su sueño. “Los techos son a propósito con dos conos que forman un hueco al centro, así se hace succión y se elimina el calor, teniendo habitaciones frescas todo el tiempo. Me demoré ocho meses buscando el lugar exacto y casi tres años en construir. Toda la mano de obra es ecuatoriana, y hoy por hoy el 80% de los que trabajan aquí son residentes del sector”, explica.
Arashá, que llevá su nombre por una fruta que se da en la región, -la que probé y es deliciosa en batidos y dulces-, está ubicado sobre Pedro Vicente Maldonado en la Reserva del Chocó, un área rica y biodiversa en vegetación, más de 35.000 especies de plantas conocidas se dan ahí.

Se presta para todo porque se pueden realizar más de 30 actividades, dentro de las que están el rafting, cabalgatas, baño en el río Negrito, sumergirse en la piscina de vertiente natural temperada o en un gran jacuzzi. Entre lo que yo hice me encantó  ver las aves al amanecer, me desperté a las cinco y media, y aunque me moría de sueño valió la pena. También participamos de una caminata nocturna con antorchas para ver las raíces luminisentes que se dan por la descomposición de las plantas y la humedad, es increíble ver como cuando todo está oscuro, el piso o las hojas brillan con un verde fosforesente.

Pero definitivamente mi paseo favorito fue la ruta hacia las cascadas, el camino es largo, sinuoso, resbaloso -más de uno acabamos en el piso-, pero es muy divertido y cuando se llega a esta cascada ya cansado, meterse al agua es un placer.

En otro momento aprendimos cómo se prepara el chocolate, desde quemar las semillas hasta dejarlo en término de fondue. Tuvimos un taller artesanal e hicimos anillos  de semillas de palma real con acabado pulido, nos lijamos los dedos, las uñas pero nos quedó perfecto.

Pude dar fe que la comida es deliciosa, tanto los platos de sal como de dulce, lo que más me gustó fue el locro de queso y el mousse de Arashá, que sabe parecido al de naranjilla.

El spa es reconocido internacionalmente, tienen variedad de tratamientos, y yo encontré un tiempito para darme un masaje de espalda que me dejó como nueva. Realmente es un sitio que vale la pena conocer, tiene todas las facilidades desde acondicionadores de aire portátiles hasta minibar completo en la habitación.

Es un sitio donde a uno lo hacen sentir en casa.

Información: World Trade Center, local 26.
Teléfonos: 263-0496 / 2630495


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