Estas y algunas otras preguntas son las que rondaron su cabeza este último tiempo... Todos hemos traicionado y hemos sido víctimas alguna vez, pero empecemos por el principio. Del verbo “traicionar” (trado), versión de una palabra griega que significa dar, entregar.
Quebrantamiento de la fidelidad que se debe. Recordemos los múltiples temas asociados a la traición: Dios, la mentira, la sociedad, la vergüenza, la lujuria, la tolerancia, la virtud; parte de nuestra vida cotidiana.
Traición, palabra profunda, de gran intensidad, poseedora de un inmenso valor en nuestra sociedad así como en nuestra psique. Al cometerla dejamos de lado cualquier ápice de humanidad y regresamos a nuestro nivel más básico como ser humano.
Se conocen mil y una, todas diferentes, algunas más terribles y tristes que otras, algunas irremediables y cobardes, otras más pequeñas e insignificantes. ¿Cuáles son las peores traiciones? Las que hacen trizas la confianza puesta en el otro… pero, ¿a partir de qué punto el hecho se convierte en traición y decepción? A partir de que entregamos “algo” en pos de nuestro propio beneficio, olvidándonos absolutamente del derecho del otro. Ese “algo” que es del otro, que lo compartimos con el otro, por ejemplo: un lazo afectivo, un secreto revelado sin querer, una promesa rota.
El límite es sutil y delicado y siempre están las opiniones y sentimientos de ambas personas. Parejas que se separan, amigos de toda la vida que no se vuelven a hablar, familias peleadas entre sí… parte de la historia universal. Una cosa es muy cierta: nunca estaremos suficientemente preparados para recibir una traición de una manera positiva, sin enojo, rencor ni humillación. Recordar que el otro es tan humano como uno, recordar de qué pasta estamos hechos y tratar, aprender a perdonar.
Claro que escribir estas letras en frío es fácil, lo difícil es estar en la piel de aquellas personas y tratar de no devolver con la ley del talión, antigua ley babilónica conocida por “ojo por ojo y diente por diente”, con la cual se castigaba al delincuente a sufrir el mismo daño que él había causado.
¡Para nada una metáfora!
Pero existe otro tipo de traición, la traición hacia uno mismo. Aquellas cosas que por mandato social o familiar dejamos de lado: nuestros verdaderos sueños. Muchas veces para ser aceptados y queridos por nuestros padres o nuestra pareja nos ponemos en la piel de aquella persona que los demás quieren ver. Como seguir una carrera porque es la misma que hicieron tu papá y tu abuelo, o trabajar en el negocio inmobiliario de la familia, cuando lo que realmente quieres hacer es seguir tus estudios de antropología. ¿Cuándo es lealtad al otro y cuándo traición a uno mismo? Por vergüenza, por inseguridad y por dudar de sí podrás ser bueno en aquello que te gusta tanto, porque has hecho algo toda la vida y de repente te das cuenta de que lo que te hace feliz es otra cosa. Para ser felices sigamos la no-traición hacia nosotros mismos, con menos hipocresías y menos apariencias e intentemos ir sanando nuestras relaciones con uno mismo, nuestra gente, amigos y entorno, es parte del aprendizaje que significa VIVIR LA VIDA.