Pocas personas han oído hablar del ácaro segador y aún menos lo reconocerían a corta distancia. El animal es pariente de las mucho más conocidas arañas patonas. Pero sus piernas son cortas, más que largas, y su cuerpo es sólo del tamaño de una semilla de ajonjolí.
Para encontrar ácaros segadores, los científicos van a selvas oscuras y húmedas y escudriñan la capa de hojas en el suelo. Los animalitos responden al permanecer inmóviles, lo que hace imposible distinguirlos aún para un ojo entrenado.
“Parecen granos de tierra”, comentó Gonzalo Giribet, biólogo de invertebrados en Harvard.
Pese a lo frustrantes que pueden ser los ácaros segadores, Giribet y sus colegas han pasado seis años en busca de ellos en cinco continentes.
Los animales tienen un relato extraordinario que contar: contienen un registro de cientos de millones de años de historia geológica, como cronistas de los viajes que los continentes han hecho por la Tierra.
Las masas terrestres de la Tierra han colisionado y nuevamente separado lentamente varias veces, y se han llevado consigo a plantas y animales. Estas especies han proporcionado indicios de las trayectorias de los continentes.
Los biogeógrafos pueden descubrir indicios de esta historia al comparar especies relacionadas. Para hacerlo, también deben reconocer casos donde las especies cruzaron grandes extensiones de agua. La isla de Hawai, por ejemplo, fue hogar de un ganso gigante, incapaz de volar, que se extinguió. Varios estudios del ADN extraído de sus huesos muestran que evolucionó del ganso de Canadá.
En base a ello, los científicos calcularon que el ganso gigante se separó de los gansos de Canadá y formó otra rama hace medio millón de años. Ésa también es la fecha en que los geólogos calculan que Hawai emergió de las aguas del Pacífico.
Cuando las especies saltan de un lado al otro del planeta, sus historias se vuelven borrosas. Es difícil decir mucho respecto a dónde evolucionaron las cucarachas, por ejemplo, porque pueden moverse rápidamente de continente a continente. Este proceso, conocido como dispersión, es un limitante a muchos estudios.
“La mayoría tiende a concentrarse en partes del mundo en particular”, comentó Giribet. “Yo quería encontrar un sistema nuevo para estudiar la biogeografía a nivel global”.
Giribet se dio cuenta de que el ácaro segador podría ser ese sistema. Se pueden encontrar las más o menos cinco mil especies de ácaro segador en todos los continentes, excepto la Antártica. A diferencia de animales encontrados alrededor del mundo, como las cucarachas, los ácaros segadores no pueden dispersarse bien.
La típica especie de segador tiene un campo de acción de menos de 30 kilómetros y no se les encuentra en islas jóvenes, como es el caso de Hawai.
“Realmente es muy difícil encontrar un grupo de especies que esté distribuido por todo el mundo, pero que también no se disperse muy lejos”, apuntó Sarah Boyer, ex estudiante de Giribet y ahora profesora asistente en el Colegio Macalester, en St. Paul, Minnesota.
Lo que a los ácaros segadores les falta en movilidad, lo compensan con edad. Sus antepasados figuraron entre los primeros animales terrestres, y se han encontrado fósiles de arañas patonas en rocas de 400 millones de años de antigüedad. Los ácaros segadores evolucionaron mucho antes de que la masa terrestre original se dividiera y desde entonces han sido llevados por la deriva continental.