Es algo que hacen todos los animales, entre ellos los modestos corales, aunque éstos sólo ocasionalmente, al renunciar al sexo hasta por un año.
Luego, por la noche, justo después de la Luna llena y bajo cálidas brisas tropicales, los corales se disuelven en una orgía de reproducción, para sembrar las aguas con billones de huevos y esperma que se arremolinan, danzan y se fusionan para formar nueva vida. El frenesí puede dejar vestigios rosas en el agua.
Los científicos descubrieron el misterioso rito de procreación en 1981 y desde entonces han tratado de descifrar sus detalles. La Luna evidentemente rige el desove masivo sincronizado, que ocurre durante meses diferentes en distintas partes del globo, pero generalmente en el verano. Pero ¿cómo monitorean los corales las fases de la Luna y saben cuándo comenzar a mezclarse?
Siete científicos de Australia, Israel y Estados Unidos reportan, en la revista Science, que los corales tienen primitivos fotoreceptores, si bien no ojos verdaderos. En experimentos, encontraron que los químicos fotosensibles responden a la luz de la Luna tan admirablemente como, pues, los enamorados humanos.
“Esto parece ser la prueba irrefutable”, declaró Ove Hoegh-Guldberg, miembro del equipo en la Universidad de Queensland. “Desencadena el mayor acontecimiento de desove en el planeta”.
Los festivales de amor submarino se han convertido en atractivos turísticos para buceadores.
Aunque los científicos involucrados dicen que es necesaria más investigación para determinar cómo funciona el fotoreceptor, el hallazgo es significativo porque aborda el principal enigma del desove, afirman los biólogos marinos. “Cuando hablo de miles de corales en el Caribe que liberan sus huevos con minutos de diferencia entre sí durante una fase específica de la Luna, las personas se maravillan y preguntan: ‘¿Cómo lo hacen?’”, comentó Alina M. Szmant, experta en corales en la Universidad de Carolina del Norte, en Wilmington. “Mi respuesta siempre es: ‘Es un misterio’”.
Los biólogos dicen que el hallazgo arroja luz sobre aspectos ocultos no sólo de la reproducción del coral sino de la evolución, al sugerir que los receptores de luz surgieron sorprendentemente pronto en el desarrollo de los animales. Los corales aparecieron hace más de 500 millones de años, cerca del albor de la vida compleja.
“Nuestro descubrimiento”, escriben los científicos, en Science, sugiere que los mecanismos básicos para responder a la luz “estaban en su sitio en el momento de los orígenes de las células múltiples en los animales”.
El descubrimiento del fotoreceptor es obra de Oren Levy, joven científico israelí que viajó a Australia, en 2004, para estudiar en el laboratorio de Hoegh-Guldberg en la Universidad de Queensland. Levy se sentía fascinado por una clase de fotoreceptores conocidos como criptocromos. Originalmente encontrados en las plantas, también se les ha rastreado a insectos y mamíferos. Levy se preguntó si los corales podrían poseerlos.
Una pista, dijo, fue que los criptocromos respondían a la luz azul. Esa frecuencia fácilmente puede penetrar el agua de mar, a tal grado que las áreas de coral a veces son conocidas como “desiertos azules”.
“Este es el principio de la historia, no el fin”, apuntó Levy. “Nos tomará por lo menos cinco años más poner al descubierto la historia completa que encierra el sensor de luz”.