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Opinión Internacional | |
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Tenerle miedo al miedo mismo |
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Decir que Irán está en camino de dominar el mundo es bastante más que ridículo. Sí, el régimen iraní hace un trabajo sucio en más de un sentido, y sería malo que adquiriera armas nucleares. Sin embargo, tengamos algo de perspectiva, por favor: hablamos de un país con el pib de Connecticut, y un gobierno cuyo presupuesto militar es casi igual al de Suecia.
En la peor hora de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt exhortó a la nación a no sucumbir al “terror sin nombre, irracional e injustificado”. Sin embargo, esas eran otras épocas. Hoy en día, muchos de los que esperan llegar a la presidencia de Estados Unidos –incluidos todos los que tienen posibilidades de obtener la nominación republicana– han hecho del terror irracional e injustificado el centro de sus campañas.
Considérense, por un momento, las implicaciones de que Rudy Giuliani acepte la asesoría en política exterior de Norman Podhoretz, que quiere que empecemos a bombardear Irán “tan pronto como sea logísticamente posible”.
Podhoretz, editor de Commentary y neoconservador, nos dice que Irán es el “principal centro de la ideología islamofascista contra la que hemos estado combatiendo desde el 11 de septiembre”. Los islamofascistas, nos dice, están muy avanzados en el camino de crear un mundo “modelado por su voluntad y hecho según sus deseos”. En efecto, añade, “algunos observadores ya están advirtiendo que para finales del siglo XXI toda Europa estará transformada en un lugar al que darán el nombre de Eurabia”.
¿Tengo que decir que nada de esto tiene sentido?
Para empezar, no existe en realidad ninguna cosa semejante al islamofascismo. No es una ideología; es una invención de la imaginación neoconservadora. E Irán no tuvo nada que ver con el 11 de septiembre. En realidad, el régimen iraní fue bastante útil a Estados Unidos cuando persiguió a Al-Qaeda y sus aliados talibanes en Afganistán.
Más allá de eso, decir que Irán está en camino de dominar el mundo es bastante más que ridículo. Sí, el régimen iraní hace un trabajo sucio en más de un sentido, y sería malo que adquiriera armas nucleares. Sin embargo, tengamos algo de perspectiva, por favor: hablamos de un país con el pib de Connecticut, y un gobierno cuyo presupuesto militar es casi igual al de Suecia.
Entre tanto, la idea de que un bombardeo hará que el régimen iraní se ponga de rodillas (y bombardear es la única opción, ya que se nos acabaron las tropas) es pura ilusión vana. El año pasado, Israel trató de inhabilitar a Hizbulá con una campaña aérea, y terminó fortaleciéndolo. Existen muchas razones para creer que un ataque contra Irán produciría el mismo resultado, con el agregado de que pondría en peligro las fuerzas estadounidenses en Iraq y provocaría que los precios del petróleo suban a sumas de tres dígitos.
Podhoretz, en resumen, se está metiendo en lo que mi familia califica de habladurías locas. No obstante, el candidato puntero para la nominación del Partido Republicano lo trata con respeto. Y los discursos rimbombantes de Podhoretz son, en todo caso, más cuerdos que algunos de los rivales de Giuliani.
En un anuncio reciente, Mitt Romney, uno de esos rivales, afirmó que Estados Unidos está en una lucha contra gente que se orienta “a unir al mundo bajo un solo califato yihadista. Para hacerlo, deben provocar el colapso de los países amantes de la libertad, como nosotros”. No dice exactamente quiénes son estos yihadistas, pero presumiblemente se refiere a Al-Qaeda, una organización que ha demostrado con certeza su voluntad y capacidad de matar gente inocente, pero que no tiene ninguna posibilidad de provocar el colapso de EE. UU., ya no digamos de apoderarse del mundo.
Y Mike Huckabee, que los reporteros gustan de describir como un tipo agradable y razonable, dice que si se elige a Hillary Clinton, “no estoy seguro de que tendremos el valor, la voluntad y la determinación de luchar contra la mayor amenaza que haya enfrentado alguna vez este país, que es el islamofascismo”. Así que un montón de terroristas mal armados y una potencia militar de cuarta –que ni siquiera son aliados entre sí– representan un peligro más grande del que alguna vez fueron los vehículos blindados de combate de Hitler o el arsenal nuclear soviético.
Todo esto sería chistoso si no fuera tan grave.
En los días posteriores al 11 de septiembre, el gobierno de Bush adoptó como estrategia política el alarmismo incitador del miedo. En lugar de tratar el ataque como lo que fue –una atrocidad cometida por un adversario fundamentalmente débil aunque despiadado–, el gobierno presentó a Estados Unidos como un país cercado por las amenazas.
La mayoría de los estadounidenses ha recuperado su equilibrio. Sin embargo, la base republicana, a la que le encantó la retórica gubernamental sobre el eje del mal y la guerra contra el terrorismo, sigue contaminada con el temor que los Bushies levantaron, quizá debido a que el miedo a los terroristas refleja tan fácilmente sus temores más antiguos, incluido aquel por las personas de piel oscura en general.
Y la base está buscando un candidato que comparta este temor. Solo para ser claros, Al-Qaeda es una amenaza real, lo mismo que el programa nuclear iraní. Sin embargo, ninguna de estas amenazas me asusta a mí tanto como el temor en sí mismo: el temor irracional que se ha apoderado de los dos grandes partidos políticos de Estados Unidos.
© The New York Times News Service. |
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| Mirta Roses Periago* |
Nuestro invitado | |
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