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Las cenizas de Alfaro |
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Tres estaciones corresponden a la histórica peregrinación de las cenizas de Eloy Alfaro Delgado.
La primera, breve y con ponzoñas de estupefacción de la patria. Fue al atardecer del 28 de enero de 1912.
Poco antes, como sarcástico preliminar, por las paralelas que trazó su voluntad para unir Sierra y Costa, trasladaron a Alfaro en sus últimas horas de vida, desde Durán a Quito. ¡Tremenda prueba!
La falsedad encubrió a los estrategas de su asesinato. Esos autores intelectuales, con cómplices, pusieron a la traición la grotesca máscara del asesinato y la venganza en estrecho maridaje.
Asesinado, los huesos del mártir de El Ejido se guardaron piadosamente y en secreto por quien fuera el administrador del cementerio público de Quito.
El más completo y documentado historiador de la etapa alfarista y su trágica revolución llama a la lectura respetuosa de estas tres estaciones.
Es Dumar Iglesias Mata. Publica en sus libros: “para evitar el hallazgo por parte de los enloquecidos profanadores de tumbas, se sobrepuso el esqueleto de un niño al conjunto de la osamenta alfarina. Y con el nombre de un infante pudo mantenerse el sigilo durante nueve años”.
La segunda estación, enseña Iglesias, gira alrededor del 12 de octubre de 1921.
En urna tallada y con relieve del Escudo al cual el estadista dio reconocimiento soberano y oficial, los restos pasaron a Guayaquil para reposar en el mausoleo severo expresamente construido en el cementerio público de la ciudad que, después de Montecristi, Alfaro más amó.
Días antes correspondió identificar y tratar los despojos con los cuidados de rigor a los doctores Carlos Miño, José Araujo y Marcos de la Torre.
Estuvo un notario para la constancia de ley. Con algodón hidrófilo y gasas desinfectadas, las reliquias fueron recibidas por los delegados de la familia de Alfaro: coronel Pedro Concha Torres y Dr. Abelardo Montalvo.
La urna obtuvo el homenaje del pueblo quiteño. Reposó en el Salón de la Ciudad y en el que fuera el despacho presidencial testigo de la gestión patriótica de Alfaro como estadista.
El presidente José Luis Tamayo presidió las ceremonias que dieron paso al viaje desde Quito a Durán y a Guayaquil.
Y si antes, en su último viaje en vida, las estaciones del ferrocarril fueron un vía crucis, esta vez de regreso al Litoral, en cada población se hizo alto para atender la gratitud popular.
Así, el pueblo auténtico firmaba con cuerpo y alma la reivindicación de la gratitud para el héroe purificado por el fuego.
“Junto al faro de la locomotora, en la punta de avanzada, el tren ostentaba la imagen de un cóndor agónico” (Iglesias Mata).
Con Guayaquil, el mausoleo de la familia Alfaro Paredes cobijó cenizas y memoria veneradas.
La tercera estación se da el 15 de noviembre de este año.
Las cenizas, como sucede con algunos inmortales rectores de patrias y de titánicas conquistas culturales, llegan en parte, a Montecristi. Han cabalgado los huracanes de los siglos, sin derrota ni ocaso... |
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| Manuel Ignacio Gómez Lecaro |
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| Guayaquil |
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La Universidad Politécnica Salesiana realizará la ceremonia de incorporación de las promociones 2007 de las diferentes áreas. HORA: 19:00 DIRECCIÓN: Salón de Presidentes del Club de la Cámara de Comercio de Guayaquil (Olmedo 414 y Boyacá). |
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