Unos 25 millones de estas especies se comercializan cada año, según datos de la Cites.
El 60% de las 4.000 especies de orquídeas que aproximadamente hay en el territorio ecuatoriano se encuentra en riesgo de desaparecer.
Esto como producto de la creciente incursión del hombre en los bosques, básicamente con fines de explotación industrial.
La cifra fue revelada en el marco de la Segunda Conferencia Científica de Orquídeas de los Andes desarrollada este mes en Loja, en la que participaron expertos de Estados Unidos, Japón, Costa Rica, Puerto Rico, entre otros países, quienes expusieron ante unos 200 asistentes los avances científicos relacionados a la conservación y reproducción de estas especies.
Durante la jornada, organizada por la Universidad Técnica Particular de Loja y la empresa productora de orquídeas Ecuagenera, investigadores destacaron la importancia de preservar esta planta, admirada por la belleza de sus flores, colores y estructura, y que cuenta con más de 20.000 especies en el mundo, razón por la cual son consideradas valiosos indicadores ambientales.
La conservación de esta parte de la flora depende también de los programas que implementen los gobiernos latinoamericanos a impulsar programas de preservación de las especies que existen en el bosque, sitio amenazado por la explotación maderera y donde se alojan miles de orquídeas.
Según los especialistas reunidos en la conferencia, como el italiano Franco Pupulin, ya no es necesario seguir explotando el bosque porque la reproducción de orquídeas en laboratorio está muy avanzada. No obstante, la situación persiste por falta de controles eficientes.
Esta planta ha estado sujeta a una creciente demanda comercial en las dos últimas décadas, se estima que 25 millones de orquídeas son comercializadas anualmente en el mundo. El 95% de esa cifra proviene de la reproducción en laboratorio, pero aún deja un margen de comercialización de plantas extraídas de los bosques.
La explotación de estas especies puso este año en alerta a los miembros de la Convención Internacional para el Comercio de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre (Cites) que colocó en la categoría 1 –la de más alta protección– a una decena de orquídeas, aunque la familia Orchidaceaedes está en la lista de riesgo desde 1975.
AUTORIZACIONES
Sin embargo, persiste el debate entre la comunidad científica y ecologista por las excepciones de los controles de Cites que se aplican a ciertos productos (semillas, polen, flores cortadas de plantas propagadas artificialmente, entre otros).
“El dilema de cómo conservar efectivamente la mayoría de especies amenazadas mientras se permite el comercio de aquellas que no causan preocupación debe resolverse”, opina la especialista española Margarita Clemente Muñoz.
Para proteger a las orquídeas es necesario preservar el equilibrio de su entorno, pues estas no pueden germinar en el bosque si no se relacionan con otra planta u organismo.
Pupulin destaca que si estas especies persisten significa que su entorno también está protegido, lo que supone un ecosistema saludable. De allí la intención de países como Ecuador, de tomar la imagen de las orquídeas como bandera de conservación de la flora local.
“En el reino animal se ha escogido al oso panda o a las ballenas para crear conciencia en los seres humanos y entender la necesidad de conservar especies menores, algo similar ocurre con las orquídeas”, señala.
El caso ecuatoriano es significativo para la comunidad científica internacional por la cantidad de especies que se registran en los 256.740 kilómetros cuadrados de extensión que posee, afirma Carlos Naranjo, miembro del Comité organizador del certamen desarrollado en la universidad.
Explotación
La orquídea es una planta con flor a la que por muchos años se le han atribuido propiedades curativas y afrodisíacas.
Sin embargo, su descubrimiento como flor de gran valor ornamental ocurrió a inicios del siglo XIX.
Investigación
En el área andina, Ecuador está a la vanguardia de la investigación de orquídeas, en la que participan biólogos nacionales, pues conocen más de cerca la realidad geográfica del sector de estudio, refiere el especialista Franco Pupulin.