Para algunos, podría parecer como una relación ideal, menos estresante que una aventura, más perdurable que un amorío fugaz o que una acostada de una sola noche. Incluso pueden sentarse juntos a ver la televisión, con una vaga sensación de tranquilidad.
Pero las relaciones en las que amigos cercanos empiezan a tener relaciones sexuales tienen su propio sello de incomodidad, de acuerdo al primer estudio en explorar la dinámica de tales parejas, por lo común llamadas “amigos con derechos”.
Estas relaciones tienden a tener poca pasión romántica, y sin embargo, despiertan los mismos temores que acechan a los amantes: es decir, que una persona se enamore más que la otra.
De manera paradójica, y quizás predecible, indica el estudio, estas amistades sexuales por lo común obstruyen una de las arterias emocionales de la verdadera amistad: la franqueza. Los amigos que solían poder hablar de cualquier cosa ahora tienen un tema tabú implícito: la relación misma.
La investigación, realizada entre alumnos de la Universidad Estatal de Michigan, confirmó hallazgos anteriores de que la mayoría de los estudiantes universitarios reporta haber tenido al menos una relación de esta índole.
“El estudio realmente aporta algo a lo poco que sabemos sobre esas relaciones”, comentó Paul Mongeau, profesor de ciencias de la comunicación en la Universidad Estatal de Arizona, quien no participó en el estudio. “Uno de los aspectos más interesantes que obtenemos de él es la impresión de que la gente en estas relaciones teme desarrollar sentimientos por la otra persona, ya que podrían no ser correspondidos”.
En el estudio, Melissa Bisson, ex alumna de posgrado en la Estatal de Michigan, y Timothy Levine, profesor en el departamento de ciencias de la comunicación, encuestaron a 125 jóvenes varones y mujeres y descubrieron que el 60 por ciento reportó haber tenido al menos un amigo o amiga con derechos.
La décima parte de estas relaciones pasó a convertirse en romances hechos y derechos, reveló la investigación. Una tercera parte, más o menos, dejó de tener relaciones sexuales y conservó la amistad, y una de cada cuatro, con el tiempo, dio por terminados el contacto sexual y la amistad.
En un estudio de seguimiento, los investigadores les aplicaron a 90 estudiantes, que reportaron haber tenido al menos un amigo o amiga con derechos, cuestionarios sobre la pasión, el compromiso y la comunicación.
“Descubrimos”, indicó Levine, “que la gente se involucraba en estas relaciones porque no quería un compromiso.
Era percibida como una relación sin problemas, al menos en un principio.
Pero también existía un creciente temor de que una persona se sintiera más atraída que la otra”.
No obstante, agregó, las cualidades generales de las relaciones parecían ser fieles a su nombre. Según las mediciones psicológicas estándares, parecían ser más amistades que romances.
Mongeau dijo que el estudio parecía haber captado el modo de pensar discorde y circular que caracteriza lo que se siente cuando una relación de amistad entra en terreno peligroso.
“Claramente, existe un fuerte deseo de estar con la otra persona, que satisface necesidades importantes”, agregó. “Pero al mismo tiempo, es como si dijera: ‘Éstá bien, no me voy a involucrar de manera apasionada, porque, entonces, corre el riesgo de ser un romance de verdad”.