Uruguay arrasó, bailó y le pasó por encima con fútbol y coraje a Brasil. Merecía golear la celeste al menos 4-0. Pero ganó Brasil
2-1. Deslices del fútbol.
¿Lo único que sirve es ganar? Ciertas consignas publicitarias y el discurso de algunos entrenadores han logrado instalar un mensaje falaz: “ganar es lo único”, “ser segundo es nada”. Semanas atrás, Millonarios lo puso en duda con su ponderable actuación en la Copa Sudamericana.
Exhibió un espíritu casi amateur, prestigió al torneo con montañas de dignidad y conquistó la simpatía de millones a lo largo del continente que siguieron sus partidos por TV.
Más que eso: sus hinchas jóvenes nunca se sintieron tan representados por el equipo como en esos días felices. Hocicó en semifinales; no obstante, los miles de correos de lectores en medios colombianos reflejaron el orgullo de la nación azul por el conmovedor esfuerzo de sus jugadores, la hombría con que tapizaron el rectángulo de El Campín la noche que cayeron 3 a 2 ante el América de México. Esa noche y las anteriores.
A tanto llegó la entrega del equipo que se puso por encima del resultado. A salvo de él.
“Nunca me pareció un elogio decirle a un jugador que es un gran profesional. Lo amateur me merece más respeto”, escribió Ángel Cappa en su libro ¿Y el fútbol dónde está?
Sigue: “Y si no, miremos lo que dice Fernando Trueba, el director de cine: ‘Debemos evitar a toda costa que el ejercicio de la profesión nos convierta en profesionales. Todo buen cine es amateur’”.
Cappa es un entrenador argentino radicado hace años en España.
Transcribimos otra de sus espléndidas reflexiones: “’Lo único que queda es el resultado’, te dicen siempre. ‘¿A quién le importa si jugaste bien cuando perdés?’, te preguntan. ‘¿Quién se fija si jugaste mal cuando ganás?’, insisten. Dejemos que responda Antonio Machado: ‘Solo recuerdo la emoción de las cosas y se me olvida todo lo demás’”.
Como expresó días atrás un comentarista de televisión: “Si lo único que importa es el resultado, no mires el partido, comprá el diario al día siguiente y fijate cómo salió”.
El jueves último fue Uruguay quien mandó a la lona el discurso de que “lo único que sirve es ganar”. Nunca, en 42 años de fútbol, vimos un equipo salirle a jugar así a Brasil. Y menos de visitante. Ni Inglaterra, ni Alemania, ni Argentina, ni Italia…
Lo arrasó, lo bailó, le pasó por encima con fútbol y coraje, con fuerza y habilidad. Fue una mezcla de potrero y rebeldía, de frescura y clase. Merecía golear la celeste al menos 4-0. Por supuesto, ganó Brasil 2-1. Deslices del fútbol. Si se instaurara el Premio Nobel a la injusticia, este partido es candidato único.
Será inolvidable por dos temas: lo ingrato del resultado y la excepcional actuación uruguaya. De haber podido verlo, Nasazzi, Scarone, el Manco Castro, Obdulio, el Gallego Varela, Gambetta y todos los próceres que patentaron la garra charrúa hubieran lagrimeado agradecidos; el carácter sobrevive.
Daba para un aviso clasificado: “Cambio derrota con Brasil por mil triunfos miserables”. Millones en todo el continente sentimos orgullo ajeno. Incluidos los amantes del resultado.