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La Feria |
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¡Vienen los toros! Esperad, no os asustéis ni salgáis corriendo como si llegara el tsunami que anunciaron en Esmeraldas ni el terremoto que anunciaron en Guayaquil. Tranquilizaos, coño. Que los toros que vienen son los de la Feria quiteña Jesú del Gran Poder, ¡joder! Toos los aficionaos estamos azí, como sobre azcuas, aguardando. ¿Qué a vosotros, como no sois aficionaos, os importa una higa la Feria y no sabéis na de toros? No os preocupéis, que yo os explicaré cómo es la corría, ¡pardiez!
Lo primero en lo que tenéis que fijaros es en quién prezide la corría, porque de él depende el desarrollo de la lidia, ya que es la máxima autoridá en la plaza. Siempre se ubica arriba, en un palco especialmente destinao para él. Er prezidente, al comenzar la Feria, generalmente luce un poco cansao, porque acaba de llegar de China. ¡Ay no!, acaba de llegar de España, quize decir. Es que como él viaja tanto, me confundo.
Lo reconoceréis enseguida porque va vestío a la usanza clásica, con una camisa bordá con diseños étnicos muy taurinos: un hueso de toro precolombino, unas banderillas de barro, una oreja tipo Atahualpa, un rabo tipo Paccha, y azí.
Apenas entra a su palco, dize que ahora los toros ya son de toos. ¡Ay no, pardiez, que me equivoqué de prezidente! Lo que dice es que suenen los clarines y timbales para que comienze la corría.
Sale er alguacilillo montao en una briosa jaca y se dirige respetuosamente hacia donde está er prezidente quien, desde su palco, le arroja las llaves para que abra la plaza. Er alguacilillo recibe las llaves, abre la puerta y salen en tropel ná menos que ciento treinta asambleístas astifinos, cornidelanteros y bragaos, ochenta de los cuales son de Alianza País y eligen a Arberto Acosta, quien va vestío de verde Movistar y oro, presidente de la Asamblea.
¡Joder!, er alguacilillo hace girar a su jaca en redondo y regresa cabizbajo donde el prezidente y le dice unas palabras de este jaez: “Con su permiso, Vuecencia me ha tirao las llaves equivocás, porque estas no abren la puerta de la plaza de toros, sino la de Montecristi”. ¡Con razón nos cambiamos de corría! Ante ezo, er prezidente da una larga cambiá y, en gesto muy taurino, arroja al alguacilillo otras llaves, momento en el cual la parroquia, enfervorizá, exclama ¡olé, las llaves ya son de toos!
Inmediatamente aparecen los toreros, jóvenes, altos y elásticos como un junco, elegantísimos con sus camisas blancas bien almidonaás, chaleco, corbatín, faja, enfundaos en sus trajes de seda bordaos en oro y lentejuelas. Ajustaos los machos, exhiben unas taleguillas apretadísimas, medias de seda completamente rosadas y zapatillas con lazo.
Ar verlos así vestíos, el prezidente siente que se le sube a la cabeza un cabreo bárbaro y dice que los toreros son toos aniñaoos, pelucones, furcias, alumnos de colegios privaos, y ordena que sean llevaos a San Borondón, que es donde deben estar, y no en la plaza.
Y con eso acaba la corría. Y la Feria. Y too.
Elé. ¡Ay no, coño!, olé quize dezir. |
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| Seguridad portuaria |
| La Universidad Metropolitana realizará el seminario ‘La seguridad portuaria, a partir del 11 de septiembre del 2001, código P BIP’. La capacitación se realizará este 28 de noviembre. Informes e inscripciones: 239-1123, 239-1223. |
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