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Hakone, Japón Consigo que mi editor, Masao Masuda, por fin me invite a la tradicional ceremonia del té. Vamos a una montaña cerca de Hakone, entramos en un pequeño cuarto, y su hermana, vestida con el quimono ritual, nos sirve el té.
Solo eso. Y sin embargo, todo se realiza con tanta seriedad y protocolo que una práctica cotidiana se transforma en un momento de comunión con el Universo.
El maestro del té, Okakusa Kasuko, explica lo que ocurre: “La ceremonia es la adoración de lo bello. Todo el esfuerzo se concentra en el intento de alcanzar lo perfecto a través de los gestos imperfectos de la vida cotidiana. Toda su belleza consiste en respetar las cosas simples que hacemos, ya que estas nos pueden transportar hasta Dios”.
Copacabana, Río de Janeiro Estoy andando por el paseo marítimo y escucho a una joven diciéndole a otra, muy convencida: “Yo he programado mi vida de la siguiente manera...”.
Me quedé pensando: ¿es que acaso cuenta con las cosas que aparecen justamente cuando no las estamos esperando? ¿No se le ha ocurrido pensar que Dios tal vez tenga un plan diferente y mucho más interesante? ¿Habrá considerado la posibilidad de que, al incluir a otras personas en su programación, esté interfiriendo en ideas y proyectos distintos?
No sé si la frase que escuché era fruto de la inexperiencia o del delirio total.
Melbourne, Australia Subo al escenario con la aprensión de siempre. Un escritor local, John Felton, me presenta y comienza a hacerme preguntas. Antes de que pueda concluir mi raciocinio, ya me interrumpe haciéndome una nueva pregunta. Cuando respondo, comenta algo del tipo: “Esta respuesta no ha sido muy clara que digamos”. Cinco minutos después se percibe un malestar entre el público. Recuerdo a Confucio y hago lo único que se puede hacer en tal circunstancia:
-¿Te gusta lo que escribo? – le pregunto.
-Eso ahora es irrelevante –responde. –Además, soy yo quien hace las preguntas.
-Es muy relevante, ya lo creo. No me estás dejando terminar mis argumentos. Confucio dijo: “Siempre que sea posible, debes ser claro”. Vamos a seguir este consejo y dejar las cosas claras: ¿A ti te gusta lo que escribo?
-No, no me gusta. Solo leí dos libros, y los encontré pésimos.
-De acuerdo. Ahora podemos continuar.
Los campos estaban definidos. El público se relaja, el ambiente se carga de electricidad, la entrevista se transforma en un verdadero debate y todos –Felton incluido– terminan satisfechos con el resultado.
En el avión de Melbourne a Los Ángeles Recorto de la revista de a bordo el trecho atribuido a Loren Eisley:
“El viaje es difícil, largo, a veces imposible. A pesar de todo, conozco a pocas personas a las que les detuvieran estas dificultades. Entramos en el mundo sin saber bien lo que ocurrió en el pasado, cuáles son las consecuencias que esto nos trajo y qué puede reservarnos el futuro”.
“Intentaremos viajar lo más lejos que podamos. Pero, observando el paisaje a nuestro alrededor, sabemos que no será posible llegar a conocerlo y aprenderlo todo”.
“Entonces, solo nos queda recordar todo lo que ocurrió en nuestro viaje, para que podamos contar historias. A nuestros hijos y nietos les relataremos las maravillas que vimos y los peligros que corrimos. También ellos nacerán y morirán, contarán sus historias a sus descendientes, y la caravana aún no habrá llegado a su destino”. |