Norman Mailer (foto) decía que “es mucho mejor escribir con la noción de que si tú eres lo suficientemente bueno puedes cambiar la vida de la gente. Ese es uno de los motivos más poderosos para escribir, sentir que tú has ensanchado la conciencia de otra gente. Y la forma de hacerlo es que tú abres sus mentes. Ahora esto puede ser para la gente algo doloroso e irritante y molestoso, pero uno ya no puede mirar para atrás”.
Podría ser discutible si la obra de Mailer realmente alcanzó a cambiar la vida de la gente. En lo que no hay duda es que su obra, y especialmente su vida, fue como una carga explosiva de provocaciones. Mailer fue un gigante de la provocación. Y él no tenía tapujos en admitirlo: “Una de mis vanidades puede ser que siempre he querido que mis libros sean provocaciones”.
Entre las décadas del sesenta y setenta del pasado siglo, Mailer desarrolló una forma de periodismo que combinaba eventos de la vida real, su propia biografía y la política, con la riqueza de la novela. El otro escritor que recorrió esas fronteras entre el periodismo y la ficción fue Truman Capote.
Nació Mailer en Long Branch, Nueva Jersey, pero criado en Brooklyn, Nueva York. En los veranos la familia regresaba a New Branch, al hotel de sus abuelos.
A la edad de 9 años, Mailer asombró a muchos escribiendo una historia de 250 páginas de cuaderno llamada La invasión de Marte. Pero no fue hasta que llegó a Harvard a estudiar ingeniería aeronáutica que Mailer se convenció de que su destino era el de ser un escritor.
La Segunda Guerra Mundial abriría las puertas a su primer y quizás más grande éxito literario. Mailer fue enviado al frente del Pacífico Sur. De sus experiencias como sargento en Filipinas, Mailer escribió en 1948 Los desnudos y los muertos a tres años de la victoria de los aliados. La novela fue aclamada por la crítica y el público. (“Su éxito se me llevó mi antigua identidad”, dijo Mailer).
La obra, la primera de las que se ocuparon de la Segunda Guerra Mundial, despertó también mucha polémica por la obscenidad de su lenguaje.
Mailer tenía 25 años cuando publicó esta novela. Ella marcaría no solamente su carrera literaria sino su posición abiertamente crítica -que a veces rayaba en lo grotesco– frente a la sociedad americana.
Las siguientes novelas de Mailer no tuvieron el mismo recibimiento. A mediados de los años cincuenta, luego de una breve experiencia como guionista en Hollywood, Mailer se proyecta como un ensayista radical “anti-establishment”. Admite que la lectura de El Capital de Marx lo había ayudado a ser un mejor escritor. En 1956 publica su celebre ensayo White Black: Superficial Reflextions on the Hipster en la revista Dissent, en donde Mailer examina la histeria, violencia, crímenes y confusión de la sociedad norteamericana bajo la lupa del entonces conocido marco conceptual del existencialismo. “Usted nos ha dado esperanzas” le escribiría luego a Fidel Castro.
Es durante la siguiente década cuando Mailer descubre que podía escribir cosas buenas sobre la gente, especialmente de gente como él, gente sin raíces como Henry Miller, Marilyn Monroe, Mohammed Alí o Pablo Picasso. Es también cuando comienza a aplicar las técnicas de la novela al periodismo con gran éxito y cofunda el periódico Village Voice. Cubrió y comentó para varios medios los eventos más dramáticos del sesenta. En 1969 perdió como candidato independiente la elección a la alcaldía de Nueva York. Años más tarde se distanciaría del movimiento feminista por su libro Prisioners of Sex, donde propone que el género podría determinar la forma como la realidad es ordenada.
Su última novela es acerca de la juventud de Adolfo Hitler narrada por un enviado del Maligno. “Un considerable aporte a la ficción histórica”, según J. M. Coetzee.
Mailer, casado seis veces, murió el pasado 10 de noviembre a los 84 años. “Hay una buena cosa acerca de la vejez que la gente no lo reconoce. Que es que si uno tiene una edad vieja razonable, como yo la tengo, y si uno no tiene dolor, y si no estás en terribles problemas emocionales con tus hijos o tu compañera, lo que sucede entonces es que te enfrías. Y tú finalmente estás frío como nunca antes. Y caes en cuenta que uno gana y pierde, que es lo que les sucede a otros. Ellos ganan y pierden también. Y lo que no lograste hacer no lo lograste hacer, qué carajo...”.