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| Jóvenes columnistas guayaquileños |
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| En el Parque Lineal juntamos a Ana María Raad (i), María Gabriela Calderón, Manuel Ignacio Gómez y Xavier Andrés Flores. | | |
| Texto: Francisco Santana | Fotos: Teresa Briones
Tienen en común la escritura y comparten la crítica de opinión. Aquí presentamos un pequeño esbozo de sus vidas, que ellos consideran bastantes normales.
Ana María Raad
Para esta guayaquileña nacida hace 34 años su computadora es parte importante de su vida, va con ella siempre, reserva sus secretos y contiene sus ilusiones.
El día de la entrevista pasó siete horas viajando con sus hijas desde Santiago a Guayaquil, estuvo anclada en Lima por una huelga de los trabajadores de la torre de control. Sin embargo, siempre se mostró amable y alegre.
Esta columnista de la revista Vistazo viene cada dos meses al Ecuador, lo suyo es una búsqueda de vinculación con este país desde su realidad chilena. Admite que no se siente extraña en Chile, en donde vive desde hace ocho años; le ha ido bien como profesional y en la vida cotidiana también. Está casada con el chileno Andrés Giaconi y todavía no se le ha pegado el cachay.
Lo define como un país que tiene oportunidades, las cuales hay que saber aprovecharlas. Vive en la comuna de Las Condes, en la parte del Santiago que está muy bien.
No se siente muy política. Le gusta la cola tropical, el pisco sour chileno y es buena tomadora de vino.
Empezó a escribir en Vistazo hace tres años y fue una de las fundadoras de Generación XXl, sin embargo no cree que los medios tengan suficiente capacidad de influir en la gente. “Espero que mi columna en los que trato temas sociales, tecnología y de desarrollo, al menos genere cuestionamientos, no que mis ideas sean algo que la gente reproduzca”, reflexiona.
Comparte la idea de que la cultura es un factor determinante en las personas. Pertenece a una familia de tradición judea-cristiana fuerte y es una convencida de que si se reciben talentos hay que devolverlos en vida.
Piensa que la cultura audiovisual es mucho más potente de lo que era antes, acaba de terminar un estudio sobre la calidad de la educación en Chile, donde dice que los chicos que salen de 6º grado leen como los de 4º y no comprenden lo que leen. “En Ecuador es aún peor, seguimos manteniendo una educación pésima que no está basada en la lecto-escritura y quizá por eso estoy consciente de que un lector de revistas es alguien privilegiado”, dice.
“Hay que aprender de las crisis y creo que estamos desaprovechando las oportunidades. Creo que más allá del conflicto social hay mucha inequidad, pero también existe poca claridad de lo que se quiere hacer. Ecuador tiene que pensar cómo es su cambio social en el cual todos somos responsables”, reconoce.
Pasó por las aulas de La Asunción, se graduó en el Nuevo Mundo, estudió redacción en la Mónica Herrera de Guayaquil, luego fue a Chile para hacer una maestría en antropología y desarrollo social en la Universidad de Santiago. Trabajó en la ONG brasileña Comité para la Democratización de la Informática (CDI), que tiene operaciones en nueve países. Se juntó con algunas personas que estaban relacionadas con el desarrollo o la tecnología y fundaron CDI Chile, y ahí comenzó otra historia.
Define su actividad como un emprendimiento perenne, dando la pelea a cada rato. Después de trabajar seis años en Chile y abrir 56 escuelas de informática y ciudadanía, decidió hacerlo en Ecuador.
“Siempre digo yo trabajo en el Chile menos glamoroso, en el de la pobreza, en el que no sale en la guía turística, en el Santiago que nadie ve, o que si lo mira se hace el loco, eso fue como una inspiración para realizar el mismo trabajo en Ecuador. Porque la pobreza es igual en todas partes”, dice. Armó un directorio y hace dos años fundó CDI Ecuador, abrió oficinas en Guayaquil y Quito y ya para diciembre serán quince las escuelas que funcionarán en el país.
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