Western Union prospera con remesas de inmigrantes
Para tener una perspectiva de cómo la migración estea en proceso de cambiar al mundo, considere el caso de Western Union, de gran tradición estadounidense, cuyo negocio de venta de telegramas cayó en la bancarrota en el albor de la era cibernética, pero que ahora percibe casi mil millones de dólares anuales al ayudar a migrantes pobres de todo el mundo a enviar dinero a casa.
La migración es tan crítica para Western Union, que los pronósticos de movimientos fronterizos mueven los precios de las acciones de la compañía. Sus investigadores analizan las ubicaciones de migrantes a un ritmo más rápido que la Oficina del Censo de Estados Unidos.
Con cinco veces más el número de ubicaciones, a nivel mundial, que McDonald’s, Starbucks, Burger King y Wal-Mart juntos, Western Union es el gigante solitario entre cientos de compañías de transferencias monetarias.
Estos negocios componen la infraestructura de la migración global, una fuerza que reconfigura las economías, políticas y culturas por todo el mundo.
Western Union se enorgullece de sus 320 mil ubicaciones en todo el mundo, y su dominio de la industria le asigna un sin fin de nuevos papeles inusitados: una fuerza en la economía del desarrollo, un participante en los debates migratorios de Estados Unidos y un blanco de ataques.
Desde hace muchos años, los críticos se han quejado de sus comisiones, que pueden oscilar entre el 4 y el 20 por ciento o más. Además, el cabildeo de la compañía a favor de leyes favorables a los inmigrantes ha provocado la ira de quienes afirman que se beneficia de, o incluso promueve, la inmigración ilegal.
Después de llegar a un acuerdo en una demanda que lo acusaba de ocultar comisiones altas, Western Union se dio a la tarea, hace unos años, de modificar su imagen, al presentarse como el amigo de confianza de los migrantes. Ha gastado más de mil millones de dólares en publicidad, en los últimos cuatro años, redujo precios de manera selectiva e irrumpió en la política estadounidense, al efectuar donaciones a grupos pro derechos de los inmigrantes y abogar por un camino a la legalización de los indocumentados.
Pese a que algunos grupos de migrantes aún se quejan de las comisiones rapaces, la compañía se ha ganado elogios inusitados.
“Western Union se ha convertido en una compañía que valora y protege a sus clientes”, expresó Matthew J. Piers, el abogado de Chicago que demandó a la compañía por motivo de sus comisiones. “Nadie se sorprendió por el cambio más que yo, porque yo solía ser el crítico número uno de Western Union”.
El intenso esfuerzo hecho por Western Union para captar el negocio de los migrantes está visible en una dependencia gubernamental, en Manila, donde, cada año, medio millón de filipinos espera a que sus documentos sean procesados, antes de irse a trabajar al extranjero.
Todo en esa sala de espera tiene rotulado “Western Union”: los respaldos de las sillas, las superficies de los escritorios, la parte inferior del señalamiento que delimita la fila y la portada del menú en la cafetería contigua. Las paredes incluso están pintadas con el color amarillo de Western Union.
Filipinas requiere que cada migrante con destino al extranjero asista a un seminario, previo a su salida del país. Western Union pagó por instruir a los migrantes sobre cómo enviar dinero a casa. “Les hablamos de los servicios de Western Union”, indicó Steve Peregrino, director de marketing en Filipinas, “con la idea básica de que acudan a un Western Union cuando estén en el extranjero”. En la sala de espera, las reseñas son positivas.
Los fundadores de Western Union se propusieron erigir el primer coloso de la telegrafía, en 1851. Una década después, habían conectado las costas este y oeste de Estados Unidos. El correo aéreo y los faxes dejaron a los telegramas en la obsolescencia, y la compañía quebró en 1992.
Dos años después, surgió con un enfoque en su servicio de transferencia de dinero, y, en 1995, fue adquirida por First Data, corporativo de Colorado. Tuvo éxito. Avivadas por el aumento en la migración, las transferencias de dinero internacionales crecían a un 20 por ciento anual.
Las opiniones de Western Union sobre la inmigración han provocado conflictos con Tom Tancredo, congresista republicano quien representa el suburbio, en Denver, Colorado, donde tiene la compañía su casa matriz. Hace tres años, cuando Tancredo, férreo crítico de la inmigración ilegal, propuso gravar el dinero enviado por los migrantes, First Data formó un comité de acción política para echarlo del cargo.
Luego de ganar la reelección, Tancredo atacó a Western Union por patrocinar una guía en español que, afirmó, promovía la inmigración ilegal.
Un crítico que ahora, con renuencia, le da crédito a Western Union, es Donald Terry, funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo. Los bancos no han acogido por completo a los migrantes, señaló, mientras que Western Union cuenta con más sucursales, mejores horarios y agentes que conocen el idioma y la cultura de sus clientes. “Uno puede decir que roban a la gente, o que brindan un servicio que la gente pobre necesita con urgencia y por el que está dispuesta a pagar”, dijo Terry.