La creciente riqueza petrolera ahora lleva a la banca islámica, que se apega a las leyes del Corán y su prohibición contra cobrar intereses , al ámbito mundial financiero.
Grandes bancos, entre ellos Citigroup, HSBC y Deutsche Bank, así como capitales financieras como Londres, Tokio y Hong Kong, incursionan en el negocio bancario islámico. Se calcula que 300 instituciones financieras islámicas tienen al menos 500.000 millones de dólares en activos, que registra un incremento de más del 10 por ciento al año.
Además de préstamos islámicos, hay bonos islámicos, tarjetas de crédito islámicas y hasta derivados islámicos.
Ya están disponibles en Estados Unidos, de hecho, préstamos y bonos que se adhieren al Corán.
En la banca islámica, se requiere que los prestamistas compartan los riesgos de los prestatarios, lo que significa que a los depositantes se les da un trato más de accionistas, y obtienen una parte de las ganancias.
Los tratos se asemejan a arreglos de arriendo con opción a propiedad, o sociedades.
“Ésta es una industria que va en camino de ser una industria de nicho a convertirse en una verdaderamente global”, expresó Khawaja Mohammad Salman Younis, director administrativo de operaciones en Malasia para Kuwait Finance House, el segundo banco islámico más grande del mundo, después del Al-Rajhi Bank. “En los próximos tres a cinco años verá aparecer a bancos islámicos en Australia, China, Japón y otras partes del mundo”.
La estampida hacia las finanzas islámicas es principalmente un esfuerzo por explotar los fondos calculados en 1,5 billones de dólares que circulan alrededor de Medio Oriente, en gran parte de los precios más altos del petróleo.
Aunque mucho de este dinero petrolero estuvo invertido en Estados Unidos, Gran Bretaña y Suiza antes del 11 de septiembre de 2001, los banqueros dicen que muchos árabes adinerados están invirtiendo más cerca de casa, en parte para evitar mayor escrutinio.
Según algunos cálculos, hasta 800 mil millones de dólares de dinero árabe se han mudado de Estados Unidos y Europa a otras regiones. Esas inversiones han ayudado a poner en marcha una recuperación económica en todo el mundo árabe, en una época de creciente conservadurismo religioso entre los 1.600 millones de fieles del Islam.
Un resultado es la creciente demanda por servicios financieros que se apegan a la ley islámica, o shariah.
“La clase media puede darse el lujo de tomar estas decisiones islámicas contra las no islámicas”, expresó Nordin Abdullah, quien dirige KasehDia, firma en Kuala Lumpur que asesora a compañías sobre cómo cumplir con la shariah. “Son educados y tienen dinero”.
Y mientras que los bancos islámicos más grandes están en los ricos estados del golfo, los mercados potenciales más atractivos están en Turquía, el norte de África y entre los musulmanes de Europa.
También está Indonesia, la nación musulmana más poblada del mundo. Malasia, una nación predominantemente musulmana con un gobierno secular y una economía en rápido crecimiento, ha surgido como un centro para el desarrollo de la industria. En Kuala Lumpur, hasta los no musulmanes aprovechan una creciente gama de productos islámicos que ofrecen rendimientos competitivos.
Las finanzas islámicas también evitan prácticas prohibidas bajo la shariah: los banqueros islámicos no pueden recibir o proporcionar fondos para nada que involucre alcohol, apuestas, pornografía, tabaco, armas o carne de cerdo.
Los partidarios de la banca islámica dicen que éstos son límites que cualquier inversionista consciente, sea musulmán o no, puede apoyar.
“Es cuestión de respetar los intereses de las diferentes partes, evitar aprovechar cualquier situación de cualquier contraparte y dar un trato justo”, dijo Rasheed Mohammed al- Maraj, gobernador del banco central de Bahrein.