A los pueblos antiguos de México y Centroamérica les encantaba beber chocolate. Pero su bebida no se parecía en nada a la moderna: era un brebaje espumoso y amargo de semillas de cacao fermentadas, tostadas y molidas, frecuentemente sazonada con chile, más parecido al mole poblano que a la mezcla en polvo para preparar chocolate caliente.
Nuevos hallazgos arqueológicos realizados por John S. Henderson de la Universidad de Cornell, en Ithaca, Nueva York, Rosemary A. Joyce de la Universidad de California, en Berkeley, y colegas, han movido la fecha del primer uso del cacao hacia atrás, a alrededor del 1100 A.C., 500 años antes de lo previamente conocido.
Además, los investigadores indican que esta bebida temprana era algo enteramente diferente: una cerveza fermentada hecha con la pulpa del cacao, no con las semillas.
Henderson y Joyce llevan años realizando excavaciones en Puerto Escondido, poblado en el Valle de Ulúa, en lo que ahora es Honduras. Han encontrado pocillos y tazas elegantes y otras piezas de cerámica y han desarrollado una teoría de que estas piezas probablemente fueron usadas en ocasiones ceremoniales para servir bebidas de cacao.
Pero esta teoría estaba basada en evidencia circunstancial, dijo Henderson.
“Pensábamos que no teníamos mucho potencial para una confirmación química”. Anteriormente, sólo era posible detectar evidencias de cacao por los residuos visibles en pocillos intactos. Usando fragmentos de objetos de cerámica, los invetigadores pudieron detectar compuestos absorbidos por el barro. Henderson dijo que otras evidencias indicaban que los recipientes eran usados para una bebida alcohólica.
La mayoría de las vasijas de esa época sólo tenía una boca estrecha, útil para servir, pero no para hacer espuma en una bebida hecha a base de semillas.
Para eso hubiera sido necesaria una boca más ancha, y las vasijas de boca ancha no aparecieron en Puerto Escondido hasta varios siglos después.
Parásitos y huéspedes evolucionan juntos
En la evolución, el huésped y el parásito pueden participar en una especie de carrera armamentista. Uno se adapta y evoluciona; el otro se adapta y evoluciona para mantenerse a la par. A final de cuentas, ninguno está necesariamente en una mejor situación que el otro.
Los científicos que estudian la evolución le llaman a esto la dinámica de la Reina Roja, en honor al personaje de “A través del espejo” que le dice a Alicia que pese a tanto correr, quedará en el mismo lugar.
Esta dinámica es difícil de detectar en la naturaleza.
“Se necesita poder seguirla en procesos a largo plazo, cosa difícil de hacer”, dijo Ellen Decaestecker, bióloga evolutiva en la Universidad Católica de Leuven, en Bélgica.
Ahora, Decaestecker y sus colegas han hecho precisamente eso, al observar la dinámica de la Reina Roja entre la pulga del agua Daphnia magna y un parásito bacterial.
Capas de sedimento en un estanque en Bélgica contienen huevos latentes de Daphnia y esporas del parásito bacterial.
Al revivir los huevos y producir bacterias activas de diferentes capas, que corresponden a diferentes periodos hasta hace unos 40 años, Decaestecker pudo poner a prueba cómo los organismos evolucionaban en relación el uno al otro.
Los investigadores encontraron que las bacterias infectaban a las pulgas a un ritmo mayor cuando ambas eran del mismo período de tiempo, que cuando las bacterias eran de un período anterior.
Eso demostró que las bacterias se habían adaptado para volverse más efectivas.
HENRY FOUNTAIN