Tal como lo haría en cualquier lugar del mundo, Karen O, del grupo neoyorquino de rock Yeah Yeah Yeahs, tomó con energía el escenario de un festival, en Beijing, hace poco.
Ante diez mil fans bañados en lodo que coreaban la letra de sus canciones, les dio, a gritos, las gracias en mandarín entrecortado: “¡Xie xie ni!”.
Un par de días antes, el rapero Talib Kweli, de Brooklyn, Nueva York, había estado en un reluciente club nuevo al otro lado de la ciudad y Linkin Park, grupo de titanes del rap-rock con ventas mundiales de 45 millones de discos, tocó en Shanghai ante una multitud de 25 mil personas en un estadio con localidades agotadas.
Ellos se encuentran entre los más recientes en una creciente oleada de artistas occidentales que buscan ingresar al extenso mercado nuevo del entretenimiento en China.
Alguna vez cerrado en gran parte a la música extranjera, el país ha relajado gradualmente las restricciones y, en una época en que las ventas de discos en Occidente continúan su desplome y las fuentes nuevas de ingreso se han vuelto esenciales, ha surgido como un territorio crucial en el mapa internacional del pop
. “China está en boca de todo el mundo”, dijo Peter Grosslight, director internacional de música para la agencia de representación artística William Morris. “Hay 1.300 millones de personas ahí. Está en proceso de volverse un lugar mucho más rico. ¿Cómo podemos ignorar eso?”.
Para la industria musical occidental, China es una mezcla de desafíos nuevos y frustraciones conocidas, con piratería desenfrenada de CDs e infraestructura mínima para giras. Y muchos servicios que en otros lados se dan por sentados, como el cobro y distribución de regalías por grabación, no están del todo establecidos.
Pese a estos obstáculos, el amplio potencial comercial convierte al país en una atracción irresistible, con dinero por ganar con conciertos en vivo, mercancías y tecnologías tales como tonos de llamado para teléfonos celulares.
Para los músicos, la emoción de tocar ante multitudes que podrían estar viendo a su primer grupo extranjero puede ser intoxicante. Cuando los Yeah Yeah Yeahs tocaron en el Modern Day Festival, evento de tres días, en Haidian Park, al oeste de Beijing, los fans esperaban con silencio reverencial entre canciones, pero estallaban una vez que iniciaba la música.
“No habíamos hecho nada parecido antes”, dijo Karen O tras el concierto. “Desde un comienzo estaban ávidos por vernos”.
Lo que funciona en China, no obstante, en ocasiones puede entrar en conflicto con los objetivos más grandes de los negocios occidentales.
La Federación Internacional de la Industria Fonográfica estima que el 85 por ciento de los CDs vendidos en China son copias piratas.
Muchas disqueras chinas, que por tradición son hábiles y no tienen restricciones, se han adaptado al mercado contaminado en formas con las que las compañías occidentales aún batallan.
Al considerar a los CDs como artículos de pérdida, rutinariamente firman contratos que abarcan todos los aspectos con los grupos, lo que le permite a la disquera compartir ingresos por giras, mercancías y utilización de imagen.
“Un día, la industria musical china será el modelo para la industria musical del mundo”, dijo Shen Lihui, fundador de Modern Sky, pequeña compañía que ha lanzado aproximadamente 100 álbumes —en su mayoría pérdidas monetarias, dijo Shen— pero que también cuenta con una gran cantidad de negocios auxiliares, al producir libros, videos y sitios de Internet.
Los grupos pequeños pueden escapar a la atención del gobierno chino, pero cualquier grupo que se presente ante un público numeroso inevitablemente se topará con el Ministerio de Cultura y sus censores.
Todas las letras en un CD y todas las canciones planeadas para una interpretación en vivo deben ser aprobadas para obtener los permisos necesarios para un concierto o para la venta al menudeo de un álbum. La aprobación puede tardar meses y el ministerio tiene la costumbre de socavar los planes mejor diseñados de campañas internacionales de promoción.
“La mayoría de las melodías rechazadas son éxitos en el mercado internacional”, dijo Danny Sim, director de comercialización para repertorio internacional en Universal Music China. “Las canciones ‘Smack That’ y ‘I Wanna Love You’, fueron rechazadas por el gobierno. Eran el primero y segundo sencillo del álbum”.
Aún así, Nick Zinner, guitarrista de Yeah Yeah Yeahs, dijo que tocar en China era algo que el grupo quería hacer hace años.
Cuando se le preguntó por qué, abrió desmesuradamente los ojos y volteó a ver a la multitud de jóvenes chinos bien vestidos. “Es el futuro”, dijo.