En la fábrica de Frito-Lay, en Casa Grande, más de 225 mil kilos de papas llegan todos los días de Nuevo México para ser lavadas, rebanadas, fritas, condimentadas y repartidas en bolsas de papas fritas Lay’s y Ruffles. El proceso consume enormes cantidades de electricidad y produce agua residual, almidón y cáscaras de papa en abundancia.
Ahora, Frito-Lay se ha embarcado en un plan ambicioso para cambiar la manera en que opera esta fábrica, y en el proceso, crear un nuevo tipo de alimento: la papa frita ambientalmente benigna.
Su objetivo es retirar, completamente o cerca de ello, a la planta de Casa Grande de la red de suministro eléctrico y que funcione casi completamente con combustibles renovables y agua reciclada.
Cero neto, como se llama el concepto, tiene el respaldo de los máximos niveles ejecutivos de la corporación en PepsiCo., compañía matriz de Frito-Lay.
Lleva beneficios más allá de los potenciales ahorros de energía. Al igual que muchas otras corporaciones importantes, PepsiCo se esfuerza por dejar establecido su sello verde, ahora que los consumidores se concentran más en el cambio climático.
También existen oportunidades de marketing. Por ejemplo, la compañía tiene la intención de anunciar que sus populares SunChips se elaboran con energía solar.
“No sabemos cuáles van a ser las ganancias totales de cero neto”, dijo Indra K. Nooyi, presidenta ejecutiva de PepsiCo. “Si esto funciona incluso al 50 ó 60 por ciento de su potencial, es fantástico, y es mucho mejor de lo que ya tenemos”.
Más compañías, en Estados Unidos y el mundo, ahora piensan en cuánto combustible fósil usan y en maneras de ahorrar energía. El dinero del capital de riesgo también entra ahora a raudales a la incipiente tecnología verde.
Hace sólo unos cuantos años, Andy Walker, ingeniero del gobierno, intentó convencer a las compañías de afrontar los problemas, sin obtener respuesta.
“Ahora, mi teléfono no deja de sonar”, dijo Walker, quien trabaja en el Laboratorio Nacional de Energía Renovable del Departamento de Energía, en Colorado.
Los grupos de apoyo sostienen que a pesar del interés en ahorrar energía, muchas compañías también exageran sus pequeñas mejoras con propósitos de marketing.
En los próximos años, Frito-Lay planea instalar filtros de alta tecnología que reciclarían la mayor parte del agua usada para enjuagar y lavar las papas, así como el maíz que se usa para elaborar los Doritos y otros productos, y luego quemaría el sedimento sobrante para crear gas metano y hacer funcionar la caldera de la planta.
La compañía también construirá por lo menos 20 hectáreas de concentradores solares detrás de la planta, para generar energía solar. También está planeado un generador de biomasa, que probablemente quemará residuos agrícolas, para proporcionar combustible renovable adicional.
El reequipamiento de la fábrica de Casa Grande, programada para terminarse en 2010, reducirá el consumo de electricidad y agua en un 90 por ciento y su uso de gas natural un 80 por ciento.
Las emisiones de gas de efecto invernadero se reducirían del 50 al 75 por ciento, informó la compañía.
Frito-Lay espera que el proyecto ayudará a la compañía a ahorrar dinero en costos de energía, particularmente importante en un momento los precios de petróleo rondan los 100 dólares por barril.
Lo que funcione en Casa Grande, una de las 37 plantas que opera en Estados Unidos y Canadá, se repetiría en otros sitos donde sea posible.
La planta Casa Grande fue seleccionada porque era una operación de tamaño mediano que costaría menos reequipar que una fábrica más grande.
La ubicación de la planta también ofreció un argumento atractivo para los consumidores: reciclar el agua en medio del desierto y producir alimentos con concentradores solares.
Los funcionarios de Frito-Lay sostienen que intentar el cero neto proporciona cierta garantía, particularmente si se cumplen las predicciones más pesimistas sobre el cambio climático y la disponibilidad del agua y el petróleo.
“Si el precio de estos recursos continúa al alza, estaremos muy contentos de haber hecho estas inversiones”, dijo Rich Beck, vicepresidente titular de operaciones.