Con el propósito de convertir a los árboles en fuentes nuevas de energía, los científicos utilizan un polémico proceso de ingeniería genética para cambiar la composición de la madera.
Un objetivo importante es reducir la cantidad de lignina, compuesto que interfiere en la conversión de la celulosa del árbol en biocombustibles como el etanol.
Vincent L. Chiang, director del grupo de biotecnología forestal de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en Raleigh, ha desarrollado árboles transgénicos con tan sólo la mitad de la lignina que se encuentra en los árboles naturales.
Los ambientalistas dicen que tal trabajo puede ser peligroso, porque la lignina les proporciona a los árboles rigidez estructural y resistencia a las plagas.
“La naturaleza hubiera seleccionado a los árboles con poca lignina si fueran capaces de sobrevivir”, afirmó Shawn Mansfield, profesor asociado de ciencias de la madera en la Universidad de Columbia Británica.
Para incrementar las existencias de etanol, los científicos quieren usar celulosa, componente de las paredes celulares de las plantas.
La celulosa está cubierta de lignina, lo que dificulta que las enzimas la separen en azúcares simples que pueden ser convertidas en etanol.
Los árboles que tienen menos lignina pueden ahorrar por lo menos diez centavos de dólar por cada galón (3,78 litros) en los costos del etanol, señaló Michael Ladisch, director del Laboratorio de Ingeniería de Recursos Renovables en la Universidad de Purdue, en Indiana.
Sólo se sabe de una compañía en Estados Unidos que está vigorosamente enfrascada en la ingeniería genética de los árboles forestales. La compañía, ArborGen, tiene fuertes patrocinadores y es propiedad conjunta de tres compañías de productos forestales: International Paper, MeadWestvaco y Rubicon.
ArborGen está en proceso de desarrollar un eucalipto bajo en lignina que espera vender en Sudamérica.
“En los próximos cinco a diez años, se verá a árboles transgénicos en el mercado”, dijo Maud Hinchee, directora tecnológica en ArborGen.
La única aprobación conocida de un árbol forestal genéticamente alterado se ha dado en China, donde se han plantado muchos álamos resistentes a los insectos.
Una bióloga, Claire Williams, dijo que el viento podía transportar polen de algunos árboles, como los pinos, a cientos de kilómetros, y la larga vida de los árboles hacía que fuera “casi imposible evaluar las consecuencias a largo plazo de los árboles transgénicos”.
La única prueba de campo de los árboles bajos en lignina, realizada en un período de cuatro años en Gran Bretaña y Francia, descubrió que parecían crecer normalmente y no eran más vulnerables a los insectos, de acuerdo con un artículo que los investigadores divulgaron en la publicación Nature Biotechnology, en 2002.