El 14 de enero de este año se estrenó en las pantallas francesas la película La Môme, de Olivier Dahan, basada en la vida de la célebre cantante Edith Piaf. La cinta recorre el mundo rebautizada como La vida en rosa, título de una de sus canciones más conocidas.
Ciertamente, la vida de Edith Piaf no fue color de rosa: sus 47 años de existencia estuvieron marcados por enfermedades, accidentes, amores contrariados, adicción al alcohol y a la morfina e intervenciones quirúrgicas.
La lectura en paralelo de sus dos autobiografías ofrece la oportunidad de descubrir versiones radicalmente diferentes de una misma anécdota. El periodista Jean Noli en su libro Piaf secrète (1973) cuenta cómo Edith y él inventaban y magnificaban a su antojo anécdotas que, pasado el tiempo, los biógrafos considerarían ciertas y divulgarían, lo que contribuyó a consolidar el mito que ellos mismos crearon.
Momentos cruciales de Piaf
Una placa conmemorativa encima del porche del edificio situado en el número 72 de la calle Belleville acredita que Edith Piaf nació en la calle en pleno invierno:
En las escaleras de esta casa
nació el 19 de diciembre de 1915
en la mayor indigencia
Edith Piaf
cuya voz, más tarde,
conmovería al mundo.
Se cuenta que su madre, al sentir las primeras contracciones, se fue caminando, acompañada de su marido, hacia el hospital más cercano. La inminencia del parto la obligó a refugiarse en el umbral de una puerta, dejando que Louis corriera a buscar una ambulancia, que no encontraría pues se detuvo en varios bares para festejar por adelantado el feliz acontecimiento.
Entre tanto, se dice que dos agentes de Policía se ocuparon de la madre, extendiendo sus capas sobre la acera a fin de que ni ella ni la recién nacida sufrieran frío mientras que una enfermera, habitante del barrio, cortaba el cordón umbilical con un simple par de tijeras no esterilizadas.
En los archivos de la maternidad del hospital Tenon puede comprobarse, sin embargo, que ese 19 de diciembre de 1915 Anita Maillard (cantante callejera, bajo el nombre de Line Marsa), esposa de Louis Gassion (acróbata y contorsionista ambulante), dio a luz a una niña llamada Edith Giovanna.
Tras el nacimiento, Louis regresó al frente porque Europa se hallaba en guerra y Anita volvió a las calles. La bebé quedó entonces a cargo de Aïcha, su abuela materna, una alcohólica impenitente que la alimentaba con biberones de leche y vino tinto, so pretexto de que eso la fortificaba y mataba los microbios.
Cuando Louis, en ocasión de un nuevo permiso en 1917, vio a su hija al borde de la desnutrición, decidió llevársela y confiarla a su propia madre, que ejercía la profesión de cocinera en un burdel de Normandía.
Las prostitutas del establecimiento acogieron con los brazos abiertos a la pequeña de 2 años, y en lo sucesivo se ocuparían de ella y la mimarían. Este paréntesis de felicidad en la vida de Edith se cerró al contraer la queratitis, enfermedad que la dejaría casi ciega.
Un médico, cliente habitual del prostíbulo, le prescribió gotas oculares y llevar una venda negra durante varias semanas. Las mujeres de la casa, teniendo más fe en el saber divino que en el humano, organizaron una peregrinación a Lisieux con la intención de rogarle a Santa Teresa que le devolviera la vista a su protegida.
Semanas más tarde, el tratamiento médico surtió efecto y la niña pudo quitarse la venda de los ojos. Se trataba de un milagro. Un milagro en el que ella siempre creyó, por lo que hasta su muerte llevó colgada una medalla de la santa. La queratitis se transformó en ceguera completa cuando la cantante se hizo famosa y empezó a forjar su propia leyenda.
Una artista callejera
Louis regresó a Normandía cinco años después para recuperar a Edith. Deseaba asociarla a su espectáculo ambulante, pues estaba convencido de que el hecho de ponerla a pasar el sombrero, siendo tan niña, conmovería al público y aumentaría las exiguas ganancias.
Padre e hija vivieron así ocho años, durmiendo a la intemperie o en calamitosas habitaciones de hotel, comiendo poco y bebiendo vinos de mala calidad o coñac en las noches de intenso frío. Un día, Edith descubrió el poder de su voz y empezó a cantar al final de cada representación.
Ese periodo se prolongó hasta que ella decidió seguir su propio camino. Acompañada de su amiga Momone, cantaba en calles o en casernas militares a cambio de unas monedas. En la primavera de 1932, a los 17 años, se fue a vivir con Louis Dupont, un albañil joven y muy pobre de quien tuvo una hija, llamada Marcelle, que murió de una meningitis fulminante a los dieciocho meses. Como se hallaba en la mayor indigencia, Edith tuvo que prostituirse para costear los gastos del entierro de su pequeña hija. Louis y ella se separaron definitivamente.
La joven cantante resolvió dejar Belleville y mudarse hacia el sector de Pigalle. Fueron aquellos años los que hicieron que la artista en su carrera posterior desarrollara un repertorio muy personal, donde idealizaba a los pícaros y a las chicas de la calle.
Su gran golpe de suerte vendría precisamente de la calle. Una tarde de octubre de 1935, un hombre elegante que la escuchaba se le acercó y le propuso que hiciera una audición en su cabaré. Louis Leplée era el patrón del Gerny’s, local muy de moda situado cerca de la avenida de los Campos Elíseos.
Nacimiento de ‘La Niña Gorrión’
Tras la audición, el patrón del Gerny’s le dio el nombre artístico de Môme (niña) debido a su pequeña estatura y pensó añadir ‘moineau porque cantaba como un gorrión, con una voz espléndida. Cuando recordó que ya había otra cantante, Lucienne García, conocida bajo ese sobrenombre (La Môme Moineau), se le ocurrió llamarla ‘piaf’, sinónimo de ‘gorrión’ en lenguaje coloquial.
Así nació La Môme Piaf. A los pocos meses, en abril de 1936, Leplée fue asesinado en su departamento. Las sospechas de la policía recayeron inmediatamente sobre Edith, a causa de sus relaciones de antaño. Afectada por el escándalo y el linchamiento de la prensa, no le quedó otro remedio que regresar a los pequeños cabarés miserables.
La cantante retomó entonces contacto con el compositor Raymond Asso, quien la ayudó a pulir su técnica y su formación cultural. En marzo de 1937 debutó en el teatro ABC de París con el nombre de Edith Piaf e inmediatamente se convirtió en una estrella. El público la adoraba y la radio difundía sus temas.
La fama de Edith siguió creciendo: el gran poeta Jean Cocteau creó para ella una obra de teatro. Sus inicios en la escena coincidieron con sus primeros pasos en el cine (actuó en ocho películas). Durante la Segunda Guerra Mundial, las autoridades de ocupación la invitaron a presentarse en los campos de prisioneros que tenían en Alemania. Gracias a ella muchos lograron evadirse.
Su astucia consistía en hacerse fotografiar con ellos. De regreso a Francia, los rollos de películas eran entregados a una red de la resistencia, que se encargaba de aislar los rostros de los prisioneros y elaborar falsos papeles de identidad. Cuando la artista regresaba a cantar a los campos, los falsos papeles pasaban los controles, disimulados entre sus efectos personales.
En 1946, Edith escribió La vie en rose, canción considerada un himno a la vida en tiempos de posguerra. Ese mismo año viajó por primera vez a Nueva York, donde se hizo íntima amiga de Marlene Dietrich.
En una gira posterior vivió la mayor historia de amor de su vida con un boxeador francés de origen argelino, Marcel Cerdán, campeón del mundo de peso medio en 1948, quien, al año siguiente, murió en un accidente de avión.
Cerdán había tomado el vuelo París-Nueva York, en lugar del barco inicialmente previsto, dada la insistencia de Edith para que se reunieran lo antes posible. La muerte de su compañero sumió a la artista en una profunda depresión que la condujo a la bebida.
Últimos trinos de un gorrión
En 1951, un accidente automovilístico la mantuvo varios meses en el hospital. Las dosis controladas de morfina que los médicos le administraban se volvieron adicción al reemprender sus actividades. Dos años después se sometió a una primera cura de desintoxicación.
A sus 40 años, Edith actuó en El Olimpia, el templo parisino de la música, y en 1956 en el Carnegie Hall, de Nueva York, donde la ovacionaron de pie más de siete minutos.
A principios de 1959, cuando nuevamente conquistaba al público de Nueva York, Edith se desplomó en el escenario. Sufrió varias operaciones quirúrgicas. A pesar de su estado de salud, la cantante obtuvo en 1961 un resonado triunfo en El Olimpia.
En 1962, hastiada, enferma y drogada (le costaba tenerse en pie y cantaba solo gracias a importantes dosis de morfina), se casó con Theo Sarapo, un cantante joven y apuesto de 26 años. Era su segundo matrimonio. El primero fue en 1952 con el cantante francés Jacques Pills. Francia entera siempre siguió los pormenores de su vida sentimental y sus innumerables romances.
Edith Piaf murió el 10 de octubre de 1963 en un pueblo de los Alpes Marítimos. Su cuerpo se trasladó de manera clandestina e ilegal a París, donde su deceso se anunció oficialmente el 11 de octubre.
Sus restos descansan en el cementerio de Pere-Lachaise, junto a los de su hija, su padre y su último esposo en un gran nicho común.
“Mejor vivir que vegetar”
Charles Aznavour, en una entrevista concedida a un semanario francés, lamenta que en la película consagrada a Edith se haga hincapié en su ira y en sus gritos, porque a lo largo de todos sus años de amistad solo la vio ponerse furiosa una vez.
En tanto que Fred Mella, uno de los integrantes de Les Compagnons de la Chanson, grupo al que la cantante francesa ayudó a consolidar su reconocimiento en los Estados Unidos, recuerda de ella su sonrisa y su invariable buen humor. “Mejor vivir que vegetar” era la divisa que la artista hizo suya a plenitud.
Aunque la película se centre en los episodios más turbulentos de su vida y, contrariamente, sus amigos rememoren su entusiasmo y su inmensa sonrisa de niña feliz, esto no revela ninguna incoherencia. Se trata de las dos caras de quien supo elevarse al rango de mito.
En palabras del poeta Jean Cocteau: “Va más allá de sus canciones, más allá de la música y las letras. Más allá de nosotros mismos. El alma de la calle penetra en todas las habitaciones de la ciudad. Ya no es Madame Edith Piaf quien canta: es la lluvia que cae, el viento que sopla, el claro de luna que extiende su manto”.