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| El alma desnuda de Al Pacino |
Texto: Francisco Santana
Una obra que retrata los diferentes recovecos de la personalidad de este actor, presentada sin vergüenzas ni miedos.
Sobre todo hay que destacar el grado de intimidad que el autor Lawrence Grobel alcanza en este libro con Alfredo James Pacino. Lo recorre todo, y lo recorren juntos. No hay aspecto de la vida del recordado protagonista de la trilogía El Padrino, Tarde de perros, Cara Cortada y El Abogado del diablo que quede sin tratar.
La parte inicial de Conversaciones con Al Pacino está marcada por la distancia, el respeto y el necesario trato diplomático que en el transcurso de sus encuentros ambos irán acortando hasta terminar llorando juntos.
Sorprende la apertura y claridad de espíritu con que Pacino responde las preguntas de Grobel. Siendo el entrevistado una indiscutible estrella del cine, inquieta la sinceridad con que se maneja y las profundidades que expone para que el lector convierta esta lectura en algo realmente delicioso.
Grobel, periodista y profesor en la Universidad de California en Los Ángeles, ha trabajado para algunas publicaciones de los Estados Unidos como The New York Times, Rolling Stone, Reader’s Digest, Cosmopolitan. Ha publicado en la misma línea, Conversaciones con Brando y Conversaciones íntimas con Truman Capote, por el que recibió el premio Pen para logros especiales.
El libro sobre Marlon Brando fue lo que motivó a Pacino para conversar con Grobel. Una decisión de la que inicialmente desconfió porque se trataba de un periodista, y también porque nunca antes había concedido una entrevista. El primer encuentro se da en 1979 y desde ahí surge una amistad que ninguno lamentará y de la cual los dos están muy agradecidos.
“Al final no importa lo que haces, sino quién eres… Te he frecuentado, he conocido tu familia y tu casa y te he conocido como ser humano. Hemos pasado por muchas cosas. Cuando nació mi hija, te lo conté casi antes que a nadie… Lo importante es que confié en ti cuando vi lo primero que escribiste, porque fuiste justo conmigo. ¿Todavía me ves como un hermano mayor?”. El que habla así es Al Pacino. Cuesta imaginar a una estrella de Hollywood expresándose de esta manera.
Un recorrido pleno que los llevará de una solitaria habitación en Nueva York a Los Ángeles. Pasando por otras ciudades y por los diferentes escenarios de sus películas. Por las salas de teatro. Por sus desconocidos trabajos. Por su pobreza y miseria. Por su soledad. Por sus mujeres. Por sus hijos. Por el hambre, el frío y el abandono. Por la vida que le ha tocado a esta reconocida celebridad, pero que se presenta en estas líneas como un ser humano cercano, palpable y desprovisto de las complicaciones de los famosos que los alejan del resto de los hombres.
Editado en el 2006 y dividido en secciones de tiempo, el libro contiene reflexiones y revelaciones que el actor parece hiciera con él mismo. En algunas partes es como si se tratara de un monólogo en el que Pacino actúa para sus admiradores más cercanos.
“Actuar es un trabajo muy duro. A veces es muy vigorizante y estimulante. Es pueril. También es responsable. Es iluminador, enriquecedor, alegre y soso. Es bizarro y diabólico. Es… emocionante. Lo que uno realmente se esfuerza por aprender al actuar es cómo no actuar. De eso se trata. Actuar es no actuar”. Esta es su consideración cuando lo interrogan sobre los personajes que ha interpretado.
Sin embargo, hay que tener presente que en un diálogo de este nivel puede haber algo de fanfarronería en el que responde. Es por eso que Grobel, a pesar de su cercanía con Al Pacino, nunca abandona su agudo sentido periodístico y no descansa hasta obtener las respuestas que satisfagan su instinto de entrevistador.
Quedan aquí presentados y descubiertos el alma, la piel y los huesos de quien es considerado, no solo por sus seguidores y fanáticos, sino también por sus compañeros de profesión, uno de los mejores actores de toda la historia.
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