El reconocido pediatra argentino Florencio Escardó afirmó alguna vez que los regalos tienen en la vida de los hijos sentidos profundos, por lo que es imperativo que los manejemos en forma muy cautelosa para que no pierdan su significado.
Lo primero que urge comprender es que un regalo debe ser ante todo un medio para comunicarles a los niños nuestro afecto y no un premio o recompensa. Por ello es fundamental que los regalos que les demos a los hijos tengan siempre esa profunda significación afectiva, por lo cual no deben ser una costumbre ni ser excesivos.
Algunos padres les dan más de lo debido a los hijos porque quieren que “tengan todo lo que yo no tuve” y en esta forma convierten los regalos en un medio para sanar sus propias carencias infantiles, mientras que priva a sus hijos de tener lo que sí tuvieron: una limitada cantidad de cosas que les permitió disfrutar, agradecer y valorar profundamente lo que recibían.
Los regalos tampoco deben ser en ningún caso mecanismos para manipularlos o para recompensar a los hijos por hacer lo que deben. Cuando le decimos a un hijo que le compraremos un helado si come bien, que le daremos un celular si promete llegar siempre a la hora convenida o que le regalaremos una computadora si aprueba el año escolar estamos sobornándolos y a la vez diciéndoles que solo los amamos si nos complacen.
En esta forma nuestras relaciones con ellos se convierten en transacciones en las que nosotros compramos sus buenas conductas y ellos venden el cumplimiento de su deber.
Los resultados de estar dándoles frecuentes regalos para premiar el comportamiento correcto o para comprar el amor o el perdón de los hijos son siempre perjudiciales para nuestra relación y para su educación.
Los niños se acostumbran a vivir pidiendo cosas y los padres a vivir pagándoles porque hagan lo debido, gracias a lo cual los regalos dejan de ser un símbolo de nuestro amor para convertirse en un elemento que corrompe su formación y vicia la calidad de nuestro afecto.
Así como las plantas necesitan agua para crecer y florecer, los niños necesitan recibir expresiones de afecto de sus padres para este mismo propósito. Y una dosis moderada de regalos es una forma positiva de expresarles nuestro amor.
Sin embargo, recordemos que las plantas se secan cuando no se les pone suficiente agua, pero que se pudren cuando se les pone demasiada.