La Navidad pasada, a Donna Hoffman, ferviente activista ambiental, residente de Austin, Texas, se le ocurrió un regalo insólito para cada miembro de su familia: un foco fluorescente, compacto y ahorrador de energía.
“Quería hacer una conexión a través de la tradición de dar regalos”, explicó Hoffman, de 45 años, que trabaja como coordinadora para la organización ambiental Sierra Club.
“También quería comunicar mi propia convicción ambiental tan profundamente arraigada”.
En particular, señaló Hoffman, deseaba comunicarle su sentir a su hermana, Cynda Reznicek, que trabaja para una compañía constructora que edifica “muchas cosas desagradables y a la usanza antigua relacionadas con combustibles fósiles”, como carreteras y plantas de electricidad impulsadas por carbón.
Aunque a Reznicek, de 50 años, le pareció que el foco era un regalo divertido, y hasta útil (desde entonces ha reemplazado todos los focos incandescentes en su casa), dijo que se preguntaba si las fiestas navideñas eran el momento apropiado para predicar austeridad.
“Pasamos tantos años tan pobres, cuando no teníamos dinero para hacer muchas cosas”, comentó Reznicek.
Ahora que ella y su marido, Steve, que es abogado, están en mejores condiciones económicas, “estamos en un momento en que podemos ser un poco más extravagantes”, comentó. “Simplemente es una alegría”. ¿Escatimar ahora? Con todo el debido respeto a su hermana, dijo Reznicek, “pensamos que estaba loca”. Frivolidad contra austeridad. Materialismo contra sacrificio. Bienvenidos a las fiestas navideñas “ecológicas”.
Las festividades de diciembre siempre han sido un época emocionalmente peligrosa para las familias, al reunir una mezcla, en ocasiones volátil, de hermanos, abuelos malhumorados y niños malcriados. Pero en años recientes, una nueva figura se unió a las celebraciones para complicar aún más las cosas: el apóstol “verde” de la familia: el activista apasionado empeñado en erradicar el materialismo derrochador de la temporada de fiestas y que aboga por la responsabilidad ecológica.
Se trata del miembro de la familia que es el primero en señalar, en medio de la opípara cena de Navidad, que esos focos convencionales del pino contribuyen hasta nueve veces más emisiones de gas de efecto invernadero que los modelos más ecológicos; o que algunos productores de pinos naturales usan hasta 40 pesticidas diferentes, así como colorantes químicos, en sus cultivos.
El concepto de las fiestas navideñas ecológicas es tan nuevo, indicó Amanda Freeman, fundadora del sitio ambientalista en Interenet Vitaljuicedaily. com, que nadie ha codificado aún las reglas de etiqueta. “Creo que uno tiene que estar atenta a la línea divisoria entre darle a la gente consejos útiles que quizás no conozca, y criticar todo lo que hace”, señaló.
El drama se intensifica porque “todo el mundo ya se siente presionado en esta época del año”, afirmó Pauline Wallin, psicóloga clínica en Camp Hill, Pennsylvania. “Las calles están congestionadas, y en los centros comerciales no cabe más gente. Se espera que uno le ponga buena cara a gente que no necesariamente nos cae bien. Cuando llega alguien y empieza a sermonear, es una cosa más con la que hay que lidiar”.
Jenni Skyler, consejera sexual y de relaciones interpersonales, de Miami, dijo que ya ha logrado resultados este año al cambiar su estrategia.
Este año, Skyler, de 26 años, decidió cambiar su auto por una bicicleta y lanzar una gran campaña contra el derroche festivo. Cuando Skyler le sugirió por primera vez a su familia que sustituyeran todos los regalos con tiempo donado a organizaciones de caridad, encontró resistencia. “Me hicieron pasar un muy mal rato”, dijo. “Decían: ‘Éstos son tus valores, no los nuestros’”.
Así que Skyler le escribió una carta apasionada a la familia, en la que detallaba su propia conversión, motivada por preocupaciones por el calentamiento global. Tenía la esperanza de que otros se le unieran.
Cuando su hermanastra empezó a mostrar interés en la propuesta, recordó Skyler, su padre bromeó, “cuando vendas tu anillo de compromiso, podremos hablar de combatir el consumismo”.
Pero tras largas conversaciones, su madrastra, Mercy Bach, una juez estatal, finalmente acordó un punto medio. Sugirió que la familia intercambiara tareas y servicios, no regalos materiales. “Realmente espero con ansias simplificar y no tener que ir a las plazas comerciales para comprar diez regalos de Navidad”, dijo Bach. “Creo que va a ser un alivio”.