Como ocurre frecuentemente con el arte contemporáneo, la fisura gigantesca en el piso de la Galería Tate Modern londinense inspira diferentes reacciones en distintas personas.
Algunos podrían coincidir con la Tate en que la obra, “Shibboleth”, creada por la célebre artista colombiana Doris Salcedo, remite a “las divisiones entre creencias, colores de piel, clases y culturas en las que se basa nuestro orden social, precariamente mantenido en equilibrio al borde de un vacío caótico de odio”. Otros podrían sentir que, como dijo el otro día Peter Lord, un visitante, “tiene una especie de significado, aunque ignoro cuál”.
Y luego están aquellos que se tropiezan con la grieta y se lastiman. El diario londinense Times reportó que quince personas sufrieron heridas leves en las primeras ocho semanas de exposición de “Shibboleth”, inaugurada en octubre en la llamada Sala de las Turbinas, extenso espacio emblemático de la Tate Modern. La obra permanecerá a la vista hasta el 6 de abril.
La revelación del rotativo le valió a la pieza cierto grado de notoriedad: ¿Qué era esta peligrosa obra de arte? Cuando la ve los visitantes de la galería tienden a tener dos reacciones.
Primero, se sienten aliviados de que Tate haya resistido a la tendencia británica a retirarle todo aspecto de peligro a hasta las cosas más banales. Segundo, están asombrados de que, para empezar, alguna persona pudiera considerar que “Shibboleth” entraña peligro alguno.
La instalación mide unos 150 metros de largo y, en su máximo punto de anchura, menos de 30 centímetros separan una orilla de la otra. Parece una falla tectónica.
El museo ha permanecido discreto respecto a la forma en que Salcedo realizó la obra, pero ha revelado que requirió perforar el suelo de la Sala de las Turbinas “para crear una cavidad”.
El otro día, los visitantes parecían maravillados, no sólo por la majestuosidad de la obra en sí, sino también por el poco peligro que implica.
“El punto de la pieza es la grieta”, expresó Peter Girard, turista estadounidense de 38 años. “Es una grieta bastante grande. ¿Qué más puedes estar viendo que no sea la grieta?”.
Uros Vasiljevic, hombre de negocios serbio de 29 años de visita en Londres, indicó que la gente debería simple y sencillamente arriesgarse.
“A veces, el arte es una cosa peligrosa”, indicó.