Siete años después del inicio del conflicto armado en la Franja de Gaza, la ciudad ícono del cristianismo recobra su normal estilo de vida al recibir a miles de turistas que buscan conocer el lugar donde nació Jesús.
La mítica ciudad de Belén recobra su luz. Durante los últimos siete años, las sombras de la guerra de los palestinos de Cisjordania y la franja de Gaza contra el régimen de ocupación de Israel afectaron al lugar donde nació Jesús.
Este hecho alejó a los turistas, especialmente a los cristianos, que por razones de seguridad evitaron acudir a la simbólica urbe. Sin embargo, el panorama empezó a cambiar desde el pasado 27 de noviembre, cuando en Annapolis (Estados Unidos), los israelíes y los palestinos reanudaron oficialmente sus negociaciones de paz.
Estas conversaciones fueron suspendidas en el 2000 a causa de la ola de violencia que dejó unos 6.000 muertos, arruinó la economía de Cisjordania y empujó al exilio a muchos de sus habitantes.
“Ahora tenemos esperanzas de que siga reinando la tranquilidad. Estoy seguro de que tendremos una Navidad maravillosa”, afirma Víctor Bartaseh, el alcalde de Belén.
Según la Biblia, esta localidad, cuyo nombre de origen hebreo significa ‘casa del pan’ tiene un valor especial desde que se registró el nacimiento del rey David, que forma parte de la línea genealógica de Jesús.
De hecho, las profecías del Antiguo Testamento mencionan a esta población como la escogida por Dios para el nacimiento del Salvador.
Han pasado más de 2.000 años de ese acontecimiento y el valor histórico de Belén se mantiene. Las autoridades estiman que este año lleguen entre 30.000 y 40.000 turistas, lo que significa más del 50% de quienes llegaron en el 2006.
El conflicto armado empujó a escapar a los cristianos, de los cuales actualmente hay entre 25% y 30% en Belén, según las estimaciones. Antes de la creación del Estado de Israel, en 1948, representaban el 92% de la población.
Actualmente las principales calles de la urbe donde surgió la Natividad están inundadas de grandes adornos y luces propias de esta época, aunque el entrar en las callejuelas, por donde usualmente no pasan los turistas, significa conocer la miseria cotidiana de Belén, donde la tasa de desocupación supera el 50%.