Señores asambleístas, hagan cosas para beneficiar una bella actividad humana. No vuelvan a poner de rodillas al deporte nacional y a mendigar ayudas estatales como en el pasado.
El Estado ecuatoriano ha sido tradicionalmente cicatero en colaborar económicamente con el deporte. Largas filas tuvo que soportar la dirigencia tradicional asistiendo a la capital al Ministerio correspondiente pidiendo ayuda para tal o cual asignatura.
Esa era la palabra y la acción... pidiendo ayuda. A veces se conseguía algo siempre menor a las necesidades, pero la respuesta normal era: “No hay presupuesto”. Esa pequeña oración “no hay presupuesto”, era la respuesta por la ineficacia, la inacción gubernamental para entender al deporte en sus necesidades económicas.
Pasaron muchos años con el petardeo de las dirigencias deportivas hasta que no recuerdo bien a sus autores, se implementó el impuesto a las llamadas telefónicas en beneficio del deporte en Ecuador.
Por primera vez en la historia del país se podía decir que el deporte se autofinanciaba y ahora se quiere eliminar, según datos de prensa, aquella fuente de financiación para el deporte no profesional. Sería una barbaridad, como también sería una barbaridad que se destinen esos recursos al Ministerio del Deporte, para que sea este quien maneje esos valores.
Está bien, se podría decir: de suceder aquello, partiendo que las actuales directivas sean honestas, de las cuales hasta ahora nadie tiene nada que decir, pero, ¿qué pasará en el futuro, cuando lleguen los que creen que dirigir organismos estatales significa meter las uñas por haber entrado en las componendas por los repartos de las tortas?
Ningún dirigente político actual –de los que detentan el poder en Ecuador– puede asegurar que los futuros gubernamentales no sean pillos.
Por otra parte, también es necesario que el Estado sea exigente con las actuales dirigencias deportivas y las obligue a que rindan cuentas públicas de los manejos económicos en sus respectivas especialidades.
Es hora de que la dirigencia deportiva entienda que nada malo hay con las auditorías (que en la mayoría de los casos demuestran que se contabilizan bien las cuentas) sino que es necesario que el público, a través de los medios, conozca cómo se manejan las instituciones deportivas económicamente hablando y a quién y por qué se alquila tal o cual local.
En cuánto se alquila un estadio o un coliseo, qué instrumentos deportivos poseen como activos y cuáles se dan de baja por obsoletos y que se den cuenta de ciertos cambalaches que se hicieron o se podrían hacer no obstante que son prohibidos. ¿Se acordaron?
En fin, con la humildad de los que hacemos deporte desde diversas posiciones, señores asambleístas, hagan cosas para beneficiar esta bella actividad humana. No vuelvan a poner de rodillas al deporte nacional y a mendigar ayudas estatales como en el pasado.
El futuro es de todos nosotros, ¿verdad?