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Edición del DOMINGO 23 de Diciembre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El Cuarto Ojo 
Las religiones y la Navidad
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Ricardo Cevallos Estarellas | www.elcuartoojo.com

Hace poco alguien decía en TV que el espíritu cristiano de amor y compasión deberíamos practicarlo todo el año y no solo en Navidad. Es cierto, pero ¿es realista pedir eso?

Creo que antes de analizar si es posible todo el tiempo llevar una vida de amor, es preciso entender qué significa incorporar el amor a nuestra vida. Nos educan con la idea de que portarse bien es difícil y antinatural. Por eso tantas personas optan por resignarse a ser “pecadores”. La tesis de este artículo es que actuar bien puede ser perfectamente natural y fácil. Lo opuesto, que vendría a ser mantener un ideal inalcanzable de lo que es ser bueno, suele ser el camino a una doble moral.

Una bella filosofía
Todo empieza hace varios siglos cuando una avanzada filosofía de amor profesada por un profeta llamado Jesús se convierte en religión oficial. Quienes no entendieron bien a este ser iluminado diseñaron un esquema moral que induce a pensar que para portarse bien tiene que haber sacrificio de por medio. Me atrevería a decir que una gran mayoría de personas en nuestros aún conservadores países piensa que disfrutar la vida está reñido con un ideal de vida correcta.

Veamos las reglas sobre sexo.  Nuestros sacerdotes siguen diciendo que el sexo debería ser solo para reproducirse y que el matrimonio es para siempre, pero nadie aplica esas reglas. Esto ha empujado a mucha gente a dejar de considerar importante ser consistente con sus convicciones. Nos dicen que somos pecadores y que eso es inevitable porque “somos humanos”. Pero analicemos esto. ¿No es peligroso para una colectividad que haya tanta gente pensando que portarse mal es inevitable? Posiblemente esa sea una de las causas para el caos en que vivimos.

El mayor malentendido
Pero sin duda el peor error en la historia de las religiones en Occidente fue creer que inculcando amor a Dios automáticamente se lograría que la gente se conectara con el amor. El primer mandamiento de Abraham dice: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, pero alguien olvidó mencionar que Dios es todas las cosas.

Nos enseñan a amar a un Dios que nadie ve y nos dicen que es pecado no tener fe en que ese Dios “existe”. Yo creo que lo que los antiguos quisieron decir con “ama a Dios” es “ama a toda la creación”. Es más lógico que el primer mandamiento de un código moral sea amar a todas las personas y a la naturaleza. Quizás si nuestra cultura hubiera entendido mejor el primer mandamiento no habría sido necesario llegar al grado de decadencia moral y ecológica al que hemos llegado.

Los mayas, incas, egipcios, hindúes, celtas y muchos pueblos de la antigüedad pensaban que Dios está en todas partes, y por eso eran civilizaciones que sabían vivir en armonía con su entorno. Pero a alguien se le ocurrió que eso era politeísmo y que Dios es un señor. Eso ha hecho que seamos una cultura de individuos con un barniz religioso que con tal de “estar bien con Dios” se permiten conductas muy poco compasivas con los demás.

El fondo del asunto
Es más fácil practicar el espíritu de la Navidad todo el año si entendemos que amar y respetar a los demás es la forma más lógica de practicar el amor a Dios. La castidad y el alejamiento de los placeres mundanos son estados avanzados de progreso espiritual, pero es un error pretender que quien no es casto o quien todavía disfruta los placeres mundanos tiene que ser un pecador.

Los cristianos originales hablaron de un ideal de amor incondicional que evoca un modelo de sociedad en la que todo es amor, paz y tolerancia. Muy diferente a las sociedades reprimidas, avergonzadas de su cuerpo y con una moral guiada por el miedo en que terminamos convirtiéndonos.

En todo el mundo hay un revivir de sectas cristianas que, en lugar de modernizar el dogma católico, pretenden interpretar más al pie de la letra la Biblia, cuando el único concepto que basta y sobra para definir a Dios es el amor. Vivir cerca del amor conduce de manera natural a un estilo de vida en armonía con las demás personas, y es un antídoto para las bajas pasiones.

Vivir con amor la Navidad y toda nuestra vida no solo que es posible sino que es más fácil de lo que parece. Solo hace falta entender que es el amor –y no tantas reglas a menudo inútiles– lo que debe gobernar nuestras vidas.


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