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Edición del DOMINGO 23 de Diciembre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Verdades sobre ‘Jingle Bells’
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Ricardo Rivadeneira Carbo | rrivadeneira@radiocity.com.ec

Desde que era un pequeño chiquilín de diente danzarín, mi madre me miraba fijamente mientras me cargaba y comenzaba su festival de rosadas mentiras.

Decía de la manera más convincente que yo era el niño más lindo de todo el mundo y que no había nadie más inteligente que yo. Ingrata sorpresa me llevaba cuando pasaba mis vacaciones sin novia y estudiando para los supletorios.

Generalmente, las falsedades no vienen de las exageraciones de otros, sino de la desinformación. Yo volví a experimentar esta sensación en las noches decembrinas de Guayaquil. Todos mis pensamientos consumistas de la época navideña se vieron interrumpidos por las excesivas luces parpadeantes y la avalancha de villancicos que aparecen por donde quiera que voy; hasta cuando me voy a dormir tengo visiones de Ricardo Montaner, Luis Miguel y artistas de Televisa cantando El burrito sabanero al unísono.

A pesar del exceso sonoro de este sinónimo musical de la Navidad, cada vez que escuchemos la delicadeza sonora de Dean Martin, Rosemary Clooney y Bing Crosby pinchar nuestra oreja, no deberíamos de reclamar. Pero si alcanzamos a oír los primeros acordes de Jingle Bells salgamos corriendo, ya que se trata de una de las mentiras mejor guardadas de nuestros tiempos.

Considerada por muchos como la canción navideña más reconocida en todo el mundo, Jingle Bells (campanitas) o One Horse Open Sleigh (trineo de un solo caballo), como fue concebida en sus inicios, la escribió James Lord Pierpont, a quien se le entregó sus derechos de autor en 1857.

Los orígenes de la canción poseen más incongruencias que un Tom Cruise enamorado. Según varias historias, se dice que el tema fue compuesto en Georgia, Boston o  Massachusetts. Pierpont la escribió para que formara parte de una celebración del Día de Acción de Gracias en su iglesia local. Luego de su presentación, la popularidad de la canción se extendió hasta las festividades de Navidad y sus misas correspondientes.

A pesar de ser considerado un clásico villancico y un baluarte de la música navideña gracias a sus traducciones a diferentes idiomas alrededor del mundo, la letra de Jingle Bells no hace alusión a la Navidad. En sí, el tema habla de una práctica muy común durante los inviernos estadounidenses: cuando las familias se transportaban por trineos tirados a caballos a reuniones familiares cercanas. Pero para quienes afirman que esta canción fue plasmada en Medford, Massachusetts, las letras narran de cierta manera las carreras de trineos de la calle Salem a inicios de 1800.

Aunque la canción tiene cuatro versos, solo se suele cantar el primero de ellos, debido a que el resto del tema maneja otro tipo de connotaciones y uno que otro mensaje no tan navideño. En el segundo verso del tema aparece Fannie Bright, una mujer que acompaña al protagonista justo cuando su trineo se accidenta. La canción sigue e introduce a un sujeto que en vez de ayudar a la desafortunada pareja, se ríe y los deja a la merced de los elementos. Ya para el final de la canción, el conductor del trineo no hace alusión al rescate o lo que ocurrió con su acompañante, sino que canta con vigor que tiene que seguir mientras es joven y se va en busca de las chicas esta noche.

De seguro, esta verdad no alterará nuestro mundo de la misma forma en que nos sacudió el saber la realidad del ratón que se llevaba nuestros dientes. Pero sí crea un precedente de que a veces aceptamos ciertas cosas como nos las entregan. Si alguna vez creímos en las hazañas de Abdón Calderón, o en el Cuco y  el Viejo Pascuero, quizá todavía hay un sinnúmero de verdades por descubrir.

A la larga mi madre me enseñó una lección de vida: todo lo que alguna vez pensamos que es verdad, el día de mañana puede cambiar. Estoy preparado, especialmente cuando me miro al espejo.


EL AGUACATE en Radio City: FM 89.3 Guayaquil y FM 99.7 la Península, de lunes a viernes, 18:00


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