Siendo esta la fiesta más tradicional del año no se necesita de mucha creatividad para lograr el ambiente de cordialidad, cooperación y buena voluntad que la caracteriza, idealmente todo fluyendo con facilidad, incluyendo la solución a los infaltables imprevistos de última hora. Esta es la celebración, con los niños a la cabeza, que todos anticipamos.
En algunos hogares, sin embargo, no se vive este ambiente de fiesta y alegría debido a circunstancias especiales que les está tocando sobrellevar. En algunos hogares hay un enfermo grave o hubo una muerte reciente. Otras familias están separadas por conflictos conyugales o resentimientos, por la emigración o privación de la libertad de uno de sus miembros.
En otras ha habido serios reveses económicos. También hay muchas personas que han quedado solas. La lista podría ser más larga, pero lo arriba expuesto es suficiente para resaltar esta conocida aunque deprimente realidad: no todos llegamos a esta fecha, que nos debería llenar de felicidad por su significado universal, con el ánimo elevado como para vivirla y compartirla como Dios manda.
Ahora, el propósito de estas líneas no es deprimirlo sino animarlo a darse cuenta de que la mayoría de las familias y personas de las que hablo más arriba lo que necesitan es una dosis de solidaridad humana, que es la esencia de la Navidad. Esta solidaridad, el hacerse presente ante un semejante en este momento de necesidad, puede ser todo lo que este requiere para recuperar su fe en la vida y renovar su fuerza para continuar en el difícil camino que hoy le toca recorrer. Y no es necesaria una superproducción; mientras más sutil sea su presencia será mejor recibida.
Una visita, una tarjeta cariñosa, una modesta canasta navideña pueden hacer un mundo de diferencia, así como un juguete o ropa en buen estado (si tiene ropa que no ha usado en un año, disponga de ella; hay gente que la usaría todos los días). No piense que va a ofender al beneficiario; por el contrario, su acción será bienvenida.
Incluso es muy posible que su acción estimule a esta familia a revivir lo positivo de sus vidas, a contar sus bendiciones y recuperar el espíritu de alegría, optimismo y buena voluntad que esta celebración produce.
Por supuesto, es muy probable que usted tradicionalmente ya haya venido obrando de esta generosa manera, por lo que ya conoce la satisfacción de compartir esta linda fiesta. Pero tal vez no, y esta sería la oportunidad de iniciarla o continuarla.
Le sugiero que se tome parte de este 24 (mañana, que es vacación) y, por la mañana o antes de descansar para la cena, realice un pequeño recorrido, aunque sea de una sola parada (si es acompañado de un hijo o un nieto tanto mejor) para manifestar su solidaridad a un amigo, familiar o vecino enfermo o en necesidad.
No solamente le alegrará el momento a él, en usted permanecerá íntimamente el verdadero espíritu de la Navidad. Disfrútelo merecidamente.