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Edición del DOMINGO 23 de Diciembre del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Cine 
Nuevos aires en Hollywood
Sofía toma la batuta
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¿Sensibilidad francesa? Sofía Coppola “coronada” por el New York Times Magazine en esta foto de su portada.
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Carlos A. Ycaza | cicaza@eluniverso.com

Una directora de 36 años con tres películas abre su camino en el cine mundial. Sofía Coppola es ya una autora cinematográfica de alto vuelo.

“Nadie es serio a los diecisiete años”. Arthur Rimbaud inicia así uno de sus poemas más bellos y anárquicos, muy propios de este primer rebelde sin causa de la lírica francesa. Rimbaud nunca intentó celebrar nostálgicamente esa edad dorada porque su mirada siempre era salvaje e irreverente, desprovista de las exquisiteces formales de la época.

Capturar el espíritu de la juventud, con sus agridulces vagabundeos siempre sensuales entre la euforia y las penas, es la inspiración que llevó a Sofía Coppola a su primer largometraje en 1999.

A su manera, Sofía forma parte de la realeza de Hollywood. Es hija de Francis Ford Coppola, quizás el último de los grandes creadores norteamericanos después de la muerte de Stan-ley Kubrick. Desde su niñez, era una especie de mascota con privilegios en los sets donde su padre creaba obras maestras como El Padrino o Apocalypse Now, acabando de protagonista accidental de El Padrino III.

Su verdadera escuela siempre fue en medio de los rodajes más complejos. Definir una vocación cinematográfica en estos niveles implicaba conectarse a procesos creativos donde era difícil predecir los senderos por descubrir.
 
La primera película
Con Las vírgenes suicidas, realizada antes de cumplir 30 años, Coppola parecía haber leído a Rimbaud, a pesar de que ella mismo escribió el guión, adaptado de la novela de Jeffrey Eugenides. Lo que parece una elegía por el tratamiento visual que irradia desde sus primeras secuencias, se torna en la memoria de momentos culminantes en las vidas de un grupo de adolescentes, que recuerdan a las cinco hermanas de un hogar represivo de los apacibles suburbios de Michigan en los años setenta. Nada de lo que ellos viven después tiene esta fuerza erótica, misteriosa y desencantada.
 
En Coppola aparece un tema recurrente: la edad de las emociones exacerbadas y los amores repentinos. Siempre al borde de los trágicos sucesos que se vaticinan en el título, la película nunca es chocante ni truculenta. Sofía crea maravillas visuales en varias secuencias y su pareja central es inolvidable: Kirsten Dunst y Josh Hartnett. La línea entre el romance inocente y los desacatos de los adultos  (Katherine Turner y James Woods sobresalen) se rompe sin que nadie pueda imaginar las catástrofes que alteran sus vidas.
 
La irresponsabilidad, los goces juveniles son dramatizados al ritmo de una fábula moderna donde vestales rubias invaden existencias rutinarias. Saltamos con ellos a un mundo de éxtasis que la película finalmente descubre con la misma sensibilidad de sus protagonistas.

Tokio y Versalles
Si Las vírgenes suicidas demostró que en su primera película Coppola dramatizaba prodigiosamente sus intenciones artísticas, lo que vino después resultó sorprendente. Perdidos en Tokio (2003) fue una comedia atmosférica realizada por una discípula de Michelangelo Antonioni (ella lo es), donde oxígenos foráneos, luces de neón y los milenarios atractivos de Japón enmarcan la relación de un actor cincuentón (Bill Murray) con Charlotte (Scarlett Johansson), la joven esposa de un fotógrafo durante un viaje de trabajo para filmar un comercial.
 
Hay un humor especialísimo y sutil, donde Murray nos transmite su alienación matrimonial y el encuentro con Charlotte hace resplandecer los misterios de una cultura lejana y desconocida. Aquí el ambiente domina la acción, tanto como los seres que deambulan sin dirección alguna.
 
De María Antonieta (2006) ya hablamos en cuatro páginas en una edición de La Revista en abril. La película llegó al MAAC Cine hace pocos días y allí estuve. Es quizás la obra más personal de Sofía Coppola, porque el Versalles que vemos no es solamente el nefasto escenario de la Revolución. El filme nos jala la alfombra de manera abrupta, con una puesta en escena mordaz y desenfadada. Andróginos aristócratas hablan con acento neoyorquino y parecen estar a punto de recibir a Paris Hilton.

Y la reina (otra vez Kirsten Dunst) es una creación maravillosa, como si Rimbaud le susurrara siempre sus desvaríos. María Antonieta parece una sagaz humorada histórica narrada por Andy Warhol –es cine del momento en su máxima expresión–.

La música
Recuerden este nombre: Brian Reitzell. Es el supervisor musical en las tres películas de Coppola y su trabajo es fundamental en el espíritu de sus creaciones. Como si se tratara de un inspirado DJ, las imágenes, las sensaciones, los sonidos siempre llegan a nosotros con las melodías de fuentes extrañas y atrevidas.

No importa que el oropel circunde a María Antonieta en uno de sus fastuosos bailes. Lo que mueve a los seres de Versalles con desenfreno puede ser The Cure o The Radio Dept. Las melodías de Air acompañan a las Vírgenes, al igual que a una melancólica pareja que sale de un bar karaoke en Tokio.


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