Las estrellas de la música de México están cayendo asesinadas a un ritmo alarmante: trece en el último año y medio.
Ninguno de los casos ha sido resuelto.
Todos lucen las señales de ejecuciones del hampa, cosa que afecta profundamente las filas de los músicos “gruperos”, quienes cantan a un ritmo campirano sobre el amor, la violencia y las drogas.
Uno de los ataques más impactantes fue el secuestro de Sergio Gómez, fundador y vocalista de K-Paz de la Sierra, quien desapareció al salir de un concierto, en su estado natal de Michoacán, la madrugada del 2 de diciembre.
Su cuerpo fue encontrado al día siguiente a la orilla de una carretera cerca de Morelia, capital del estado. Había sido golpeado, torturado con un encendedor y estrangulado con un cordón de plástico, informaron los funcionarios. Tenía 34 años y acababa de ser nominado para un premio Grammy.
“No entendemos por qué sucedió esto”, dijo su tío, Froylán Gómez, en una entrevista. “Nunca le hizo daño a nadie”.
Los motivos de los asesinatos son asunto de especulación, y no se ha encontrado evidencia que los ligue a un solo homicida.
En algunos casos, los músicos parecían tener vínculos con el crimen organizado, lo que los convertía en blancos potenciales de represalias. Otros habían compuesto baladas conocidas como narcocorridos, que glorifican a los narcotraficantes y a los sicarios.
“A veces existe una relación directa entre el músico y el narcotraficante”, señaló Miguel Olmos, musicólogo en el Colegio de la Frontera Norte, en Tijuana. “Pero también hay muchos crímenes pasionales. Es decir, el músico establece alguna especie de relación sentimental con personas que están ligadas a esta cultura de la violencia y el narcotráfico, y de alguna manera se sale de control. Siempre tocan alguna fibra del traficante”.
Los homicidios han sido brutales. El 13 de diciembre, José Luis Aquino, de 33 años, trompetista de Los Conde, fue encontrado muerto a golpes en el estado de Oaxaca, con una bolsa de plástico en la cabeza y atado de pies y manos.
El 1 de diciembre, Zayda Peña, vocalista de Zayda y los Culpables, fue baleada en una habitación de hotel, en Matamoros, Tamaulipas. Sobrevivió, pero los asesinos la siguieron al hospital y la remataron con dos balas más mientras yacía en cama. Tenía 28 años.
Grupos enteros han sido blanco de ataque. Cuatro miembros de Los Padrinos de la Sierra murieron a tiros en el estado de Durango, el 9 de junio. El 19 de febrero, asesinos con metralletas atacaron a los miembros de Tecno Banda Fugaz, en Puruarán, Michoacán, y mataron a cuatro.
El número de víctimas en 2006 fue igualmente sombrío.
El 25 de noviembre de ese año fue testigo de los homicidios del cantante Valentín Elizalde, de 25 años, así como de su representante y chofer, en Reynosa, Tamaulipas. Su auto fue impactado con más de 60 rondas de un AK-47.
Algunos de los músicos eran conocidos por sus narcocorridos. Uno de los éxitos de Peña era “Tiro de Gracia”. Gómez era diferente. Las canciones de amor eran sus mayores éxitos.
Los investigadores dicen que Gómez salió de un estadio, en Morelia, después de su concierto más o menos a las tres y media de la mañana. Iba en compañía de un chofer y dos ejecutivos de la industria musical. Los otros siete músicos y dos hermanos de Gómez los seguían en otros autos.
Poco tiempo después, un miembro del grupo llamó a la policía federal y reportó que Gómez y los empresarios habían sido secuestrados en la carretera a Salamanca.
La policía federal informó a la policía estatal, dijeron las autoridades.
La policía del estado sostiene que cuando llegaron a la escena, los agentes federales les dijeron que habían entrevistado a los empresarios y determinado que el secuestro había sido una falsa alarma, informó María Elena Cornejo Chávez, subprocuradora de Michoacán.
Su autopsia reveló que Gómez fue torturado y asesinado entre las cuatro y las once de la mañana en un lugar desconocido.
Fue salvajemente golpeado y sus muslos y genitales fueron quemados con una llama. La causa de muerte fue estrangulación.
Su esposa, Felícitas, les dijo a los reporteros que Gómez parecía tranquilo en los días antes de su muerte y nunca mencionó ninguna amenaza. “Nunca lo vi nervioso o que esperara algo malo”, aseguró.
Froylán Gómez señaló que su sobrino nunca cantó sobre narcotraficantes o usó drogas. “Este hombre ni siquiera fumaba o bebía”, agregó. “No entendemos por qué sucedió. Toda la familia exige justicia”.