Corea del Sur descubre nuevo valor en sus hijas
Cuando Park He-ran era una madre joven, otras mujeres se le acercaban para preguntarle su secreto. Ella había dado a luz a tres hijos varones en una época en la que las mujeres sudcoreanas consideraban su deber más importante tener un hijo varón.
Park, ejecutiva de un periódico, de 61 años, ve una reacción diferente hoy en día. “Cuando le digo a la gente que tengo tres hijos y ninguna hija, me dicen que lamentan mi desgracia”, dijo. “En una generación, pasé de ser la mujer más afortunada posible a una madre digna de lástima”.
En Corea del Sur, en una época una de las sociedades más rígidamente patriarcales de Asia, una preferencia de siglos por los bebés varones hoy desaparece rápidamente. A su vez, eso ha llevado a lo que parece ser una disminución en la cantidad de abortos realizados después de ultrasonidos que revelan el sexo de un feto.
De acuerdo con un estudio publicado, el 3 de octubre, por el Banco Mundial, Corea del Sur es el primero de varios países asiáticos con grandes desequilibrios de género en el nacimiento en revertir la tendencia, hacia una mayor igualdad entre los sexos. El año pasado, la proporción era de 107,4 niños nacidos por cada 100 niñas, aún por encima de lo que es considerado normal, aunque una disminución de los 116,5 niños que nacían por cada 100 niñas en 1990.
El factor más importante en el cambio de actitud hacia las niñas fue el cambio radical en la economía del país, que abrió las puertas a las mujeres en la fuerza de trabajo como nunca antes y acabó con tradiciones antiguas que devaluaban tanto a las hijas que las madres, con frecuencia, se disculpaban por haber dado a luz a una niña.
El gobierno también tuvo un papel pequeño a partir de los 70. Después de alarmarse por el incremento en los abortos por preferencia de género, los líderes organizaron campañas para cambiar las actitudes de la gente. Una de éstas tenía el popular eslogan “¡Una hija bien criada vale diez hijos!”.
En 1987, el gobierno prohibió que los doctores revelaran el sexo de un feto antes de que naciera. Pero los expertos afirman que no se aplicó esta ley con mucho rigor porque los funcionarios temían que demasiados doctores iban a ser arrestados.
Los demógrafos dicen que el rápido cambio en los sentimientos de los sud-coreanos respecto a las bebés les da esperanzas de que los desequilibrios de género comiencen a disminuir en otros países asiáticos de rápido desarrollo, principalmente China e India, donde la misma combinación de una preferencia por los varones y la nueva tecnología ha llevado a la práctica generalizada de abortar a las niñas.
“China e India estudian con atención a Corea del Sur como un país que impone tendencias en Asia”, dijo Chung Woo-jin, profesor en la Universidad Yonsei, en Seúl. “Tienen curiosidad de ver si los mismos cambios sociales y económicos pueden ocurrir en sus países con la misma rapidez que como sucedieron en la relativamente pequeña y densamente poblada sociedad de Corea del Sur”.
En 2005, la proporción en China era de 120 niños por cada 100 niñas que nacían, de acuerdo con el Fondo de Población de la ONU. Y aunque India registró alrededor de 108 niños por cada 100 niñas en 2001, cuando se realizó el censo más reciente, los expertos dicen que para este momento con toda certeza se ha ampliado la brecha.
En Corea del Sur, el desequilibrio ha sido cada vez menor desde 2002. La proporción del año pasado, de 107,4 niños por cada 100 niñas, estuvo más cerca de lo que los demógrafos consideran normal y, de acuerdo con el World Factbook publicado por la CIA, apenas por encima del promedio global de 107 niños por cada 100 niñas.
La preferencia por los niños en Corea del Sur tiene siglos de antigüedad y parte de sus raíces yace en una sociedad agraria que dependía de que los hijos hicieran el trabajo pesado en las granjas familiares. Pero en las sociedades confucionistas de Asia, también se les concedía a los hombres un estatus especial porque eran considerados los portadores del linaje familiar.
Ese estatus elevado venía con ciertos privilegios —los hombres recibían la herencia de sus familias— y también con responsabilidades. Una vez que el primogénito se casaba, él y su esposa se iban a vivir con la familia de él; se esperaba que diera apoyo financiero a sus padres y que su esposa los cuidara en su vejez.
“En los viejos tiempos, cuando no había una protección social adecuada, los padres coreanos consideraban tener un hijo como una especie de inversión para la seguridad en su vejez”, señaló Chung.
En los 70 y 80, el país se lanzó a una revolución industrial que le daría nueva forma a la sociedad, de maneras que pocos sudcoreanos podían haber imaginado.
Los hijos se alejaron hacia empleos de sueldos más altos en las ciudades y dejaron atrás a sus padres. Asimismo, los ingresos de los coreanos mayores comenzaron a incrementar, lo que les permitió ahorrar dinero para el retiro en lugar de depender del apoyo de sus hijos.
Las hijas casadas, ya no atadas a las familias de sus esposos, regresaron para proporcionarles apoyo emocional o financiero a sus propios padres.