En toda Nueva York, las tiendas de la esquina son una parte familiar y vital del paisaje urbano, lugares modestos donde los clientes pueden comprar productos básicos, como un litro de leche, una lata de sopa y pan.
Entre los artículos encontrados en estas tiendas, conocidas como delis y bodegas, hay un elemento del que muchos propietarios y empleados aseguran no poder prescindir: sus gatos. Estos felinos son trabajadores, cazadores incansables y entusiastas de alimañas indeseadas, y típicamente hacen un trabajo mucho mejor que los exterminadores y venenos.
Cuando un gato de bodega anda al acecho, afirman los empleados, las ratas y los ratones desaparecen.
Así es el caso en una angosta tienda de esquina, en Williamsburg, Broo-klyn, donde una gata atigrada de pelo largo, llamada Halloween, sale regularmente a patrullar cuando no holgazanea en una cama colocada detrás de filas de ginger ale Schweppes y cajas de cartón vacías.
“Flojea en la mañana, pues es su hora de siesta”, expresó Urszula Jawor, de 49 años, gerente del deli e inmigrante polaca, con una sonrisa llena de orgullo maternal a Halloween, al agregar que la gata fue bautizada en honor al día que llegó de la calle y reclamó la tienda como su hogar.
“En la tarde está ocupada”, dijo Jawor, “se pasa horas acechando a los ratones y las ratas”.
Son tan comunes los gatos moradores de tiendas que hay un sitio en Internet, workingclasscats. com, dedicado a contar sus historias.
Pese a lo eficientes que son los felinos, su presencia en las tiendas puede llevar a problemas legales. El reglamento de salubridad de la ciudad y la ley estatal prohiben animales en lugares donde se venden alimentos o bebidas para el consumo humano.
Las multas van desde los 300 dólares por una primera infracción, a dos mil dólares o más por infracciones subsecuentes.
“Cualquier animal cerca de comida presenta una amenaza de contaminación alimenticia”, manifestó Robert M. Corrigan, experto en roedores para el Departamento de Salud e Higiene Mental de Nueva York. “Eso significa que cualquier cosa, desde pedazos y partes animales hasta pelo y excremento podría terminar en los alimentos, y eso por sí solo, por supuesto, es una violación del código sanitario”.
Corrigan admitió que algunos estudios han demostrado que el olor a gatos en un área encerrada mantendrá a raya a los ratones.
Pero no recomienda a los gatos como un método de control de plagas porque, explicó, las bacterias, los virus, hongos, parásitos y nematodos que portan las ratas podrían infectar a los humanos por transferencia secundaria a través de un gato.
Aun así, muchos propietarios de tiendas tienen gatos a pesar de la ley, principalmente porque otras opciones han fracasado y la multa por heces de roedor también es de 300 dólares.
“Es difícil para los propietarios de tiendas pequeñas, porque se supone que no deben tener un gato, pero se supone que tampoco deben tener ratas”, expresó José Fernández, presidente de la Asociación de Tiendas de Estados Unidos.