Desde hace varias semanas, una categoría enteramente nueva de turistas eleva el número de visitantes chinos a Hong Kong: los cinéfilos.
En reacción a la censura en China continental de “Lust, Caution”, cinta del director de origen taiwanés Ang Lee sobre el amor y la traición ambientada en Shanghai durante la Segunda Guerra Mundial, miles de chinos aficionados al cine se han trasladado a Hong Kong para ver la versión íntegra y sin cortes de la película.
El fenómeno ha subrayado la rápida evolución de las actitudes del público respecto a la censura de las artes por parte del gobierno, práctica no cuestionada durante mucho tiempo.
Los críticos y comentaristas locales atribuyen el interés por la cinta de Lee a una variedad de factores, desde comentarios entre conocidos respecto a la supresión de contenido atrevido en la versión censurada y un delicado mensaje político secundario rara vez visto en el cine de China continental, hasta la celebridad del director, ganador de un Óscar.
Pero el crecimiento de una adinerada clase de población urbana en las ciudades ricas del este de China que se ha acostumbrado a disponer de cada vez más opciones constituye tal vez el principal elemento.
Por lo menos un cinéfilo chino ha tratado de demandar a la Administración Estatal de Radio, Cine y Televisión, órgano regulador de la industria, por eliminar parte del contenido de la cinta. Lee ha dicho que el material censurado resultaba políticamente inaceptable para Beijing porque reforzaba la noción de conmiseración entre una mujer china y un colaborador de los japoneses. La demanda legal ha sido desechada por los tribunales de Beijing.
Muchos integrantes de la industria fílmica china respaldan la idea de instituir un sistema de clasificación comparable al que existe en Estados Unidos, mismo que, de acuerdo con sus defensores, reduciría la necesidad de censura. Pero la administración estatal de cine se ha resistido a instituirlo.
“Indudablemente, el país está cada vez más abierto y evolucionado y esto es algo provocado por la marea de la historia, que nadie puede evitar”, expresó Fang Li, destacado productor cinematográfico. “No obstante, para una economía de mercado que se desarrolla tan rápidamente, nunca he visto en China a una industria tan retrógrada como la del cine”.
Fang imputó gran parte de la culpa de esta situación a los censores, grupo compuesto en su mayoría por personas de edad avanzada que solicitan comentarios críticos de diferentes ramas del gobierno, todas preocupadas por presentar a sus miembros en la luz más favorecedora posible y evitar toda ofensa. Los censores “dedican la mayor parte de su tiempo a preocuparse por no perder su puesto”, explicó Fang. “Son muy cuidadosos de no cometer errores”.