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2008 |
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Dos de enero. Primer día hábil del nuevo año. Nada está hecho en el 2008, todo está por hacerse. No hay aún rendición de cuentas; desde hoy se mueven los engranajes de nuestros deberes y responsabilidades. Frente al 2008 no existen omisiones, peor incumplimientos. Tenemos algo más de trescientos días para escribir una nueva historia. Preciosa oportunidad para todos: para los de poncho y los de corbata, los de a pie y los de a caballo, los mandantes y los mandatarios.
Esta sensación de una conciencia sin culpa sobre lo que pueda pasar en el 2008 no evita un riguroso análisis del 2007. Quienes conforman el Gobierno actual y quienes manejan los hilos de la política nacional deben preocuparse seriamente sobre el cúmulo de promesas que hasta hoy siguen siendo promesas; nuestro pueblo ha demostrado que es indulgente con quienes empiezan a servirlo; si bien otorga un apoyo inicial generoso sin réditos inmediatos, también sabe cómo deshacerse de quienes abusan de su paciencia.
Desde mi atalaya de educador presento algunas aspiraciones, reflexiones o temas para enriquecer nuestras tertulias e ir trabajando nuestra cultura política a fin de no mantenernos alejados de ella; la patria requiere que nos involucremos en la solución de nuestros ancestrales problemas.
El desempeño de la Asamblea Constituyente en el primer trimestre del 2008; la relación del Presidente de la República con la Asamblea; la actuación de grupos políticos y partidos no aliados al Gobierno actual; el contenido de las leyes aprobadas en Montecristi y de sus resoluciones, etcétera, serán elementos indispensables para saber si las actuaciones de los elegidos llenan las aspiraciones de quienes los elegimos o serán motivos suficientes para interrumpir decisiones que estén por venir, perjudiciales para nuestra convivencia.
Es imperioso que luego de un año de Gobierno comencemos a ver los frutos de doce meses de gestión en obras públicas, en telecomunicaciones, en petróleos, en educación, en salud, en vivienda, en estabilidad económica, en seguridad nacional, en bienestar. La esperanza cuando se ve defraudada es muy volátil: huye resentida y da paso a la amargura, desesperación, frustración, enojo y resentimiento.
Comienzo este 2008 con un himno a la esperanza; con loas y vítores a la cordura; con aplausos y elogios a quienes, en diversas trincheras, buscan el bien común. Quisiera esparcir toneles de aceite para cicatrizar heridas que se han abierto en estos meses; repartir millones de guantes para no lastimarnos en nuestras inevitables relaciones. Para que esto pueda suceder es menester bajarnos de los pedestales en los que nos hemos colocado. Desde el suelo raso debemos acostumbrarnos a tratar a las personas como a hijos de Dios, hermanos nuestros, dueños del honor y poseedores de valores humanos que nos obligan a respetarlos siempre; el poder que esté en nuestras manos –en la oficina, en la casa o en el Gobierno central– no es un instrumento para la ofensa sino un medio para alcanzar objetivos nacionales impostergables.
Es imprescindible recorrer los senderos de la sensatez. Respetemos y seremos respetados. Espero que la cortesía y los buenos modales sean nuestros invitados de honor. Lo cortés no quita lo valiente. Feliz Año. |
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| Editorial New York Times |
Opinión Internacional | |
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