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La belleza y la eterna juventud son las obsesiones del mundo. Con solo ver las fotos de cualquier propaganda de perfume, alguna conocidísima marca alemana o francesa de carro, la gráfica del afamadísimo imperio francés de aquella señora de las perlas, la ultísima crema de belleza que con su fórmula de caviar y pepitas de oro convertirán tu cutis…en lozano y juvenil; o si compras tal o cual reloj te transformarás en un hombre guapo, masculino, seductor, pero sobre todo, un ganador, igualito al modelo de la gráfica.
¿Qué es la belleza, entonces? Es estilo, es clase y es apariencia. ¿Y cuántos años duraría si nos guiáramos por los parámetros con los cuales nos bombardean visualmente? ¡¿Se dieron cuenta de que la mayoría de veces consumimos algo, pensamos, sentimos o creemos como en consecuencia de lo que vemos?!
El tipo de belleza idealizado va de acuerdo a la época que vivimos. Veamos, una mujer bella en el Renacimiento, sin duda hoy sería una… gorda que comió muchos postres. Miren si no las fantásticas pinturas como El nacimiento de Venus o la Primavera, ambas de Botticelli; unos cuantos años antes del nacimiento de Cristo, si no usabas el pelo negro, superlacio y toneladas de khol en los ojos, seguramente nadie te hubiese mirado a ver en la época de oro de los faraones. La belleza es poder. Es altamente recompensada en nuestra sociedad y es lo que se espera de las mujeres. ¿Cuántos hombres han abandonado sus reinos, perdido batallas, traicionado y matado por una bella mujer? Recordemos a la bellísima Helena de Troya, a Cleopatra, que sedujo al César presentándose totalmente desnuda y envuelta dentro de una alfombra roja… a la Pompidour que hizo y deshizo durante el reinado de su rey.
¿Qué hay del príncipe heredero, el Duque de Windsor? Su amor por Wallis Simpson lo hizo abandonarlo todo! Sin embargo, Wallis no era una bellaza clásica, sino rara y para algunos hasta fea… Ella fue un gran ejemplo, supo potenciar al máximo sus cualidades.
Hoy somos bombardeados constantemente por imágenes estandarizadas de un tipo de belleza, que el medio intenta introducirnos ¡a toda costa! Un estilo estereotipado, que si le hacemos caso a las revistas, a la televisión…no habría lugar para nosotras. Por suerte existen las narices aguileñas de Barbra Streisand y Sarah Jessica Parker.
El metro ochenta, las caderas angostas, las hiperflacas y el pelo rubio miel, nuestros antepasados son indios, montubios, españoles… ¡no sajones, rusos, ni escandinavos!
No te deprimas cuando te pares frente al espejo (si tienes un día fatal, ¡ni lo hagas!) te ves gorda como una foca, con celulitis, no llegas al metro setenta y tu pelo rizado rabioso está de muerte …rompes todos los cánones de belleza actual. Pero mírate bien… algo especial te fue dado, una sonrisa divina, un cuello largo tipo cisne, ojos y pestañas soñadas, un sexy lunar en alguna parte de tu cara, o un cutis aterciopelado. Y sin contar todas las demás cualidades de tu personalidad: simpatía, inteligencia, buen humor, cariñosa, buena amiga, etcétera.
No nos dejemos llevar por los estereotipos que nos impone el mercado del consumo, mirémosnos a nosotros mismos como somos, con amor y humor, y podremos resaltar eso que nos hace especiales y felices.