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| Francisco Febres Cordero | |
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Los caminos son de todos |
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Aprovechando que los caminos ya son de todos, para terminar bien el año recorrí algunos de la Sierra y la Costa.
Lo primero que descubrí es que manejo muy bien porque, sin saltarme uno, caí en todos los huecos que, generosamente, han sido colocados a disposición de todos los conductores, para su mayor solaz y esparcimiento. Sin ellos, cualquier viaje resultaría monótono, aburrido, absolutamente carente de emoción y totalmente antivacacional. ¡Qué huecos! ¡Qué bien planificados! Todos amplios, grandes, generosos. Y bastante hondos, para qué también.
Desde que este Gobierno de la revolución ciudadana hizo que la reconstrucción vial pasara a manos de los militares, su labor se ve marcada claramente por las perforaciones que, muy estratégicamente, se han ido cavando a lo largo y ancho de pavimento, hasta dar a las vías una apariencia que recuerda una frase de Atila: “En tiempo de guerra, todo hueco es trinchera”.
A esto se añade un elemento que contribuye a poner más emoción en el trayecto: los rompevelocidades que, colocados al buen tuntún, aparecen enormes, altos, imponentes, el momento menos pensado para obligar a que los autos peguen un frenazo a raya y, cuando no, salten por los aires y aterricen maltrechos, para continuar el viaje remolcados por una de las muchas winchas que están en fila a disposición de todos, igualito que la cultura, la salud y la educación.
Pero la verdadera maravilla vial está marcada, sin duda alguna, por lo incierto. Es esa sensación de que el destino no está trazado de antemano, sino signado por la suerte. Ahí fue realmente cuando entendí, en carne viva, que la patria ya es de todos. Y claro que es, porque si uno tiene la intención de dirigirse al norte de la patria, tranquilamente puede terminar en el sur de la misma patria. Y es que después de largas horas de transitar por cualquier vía, no aparece un letrero que indique cuál es el próximo punto. En cualquier bifurcación, la decisión de tomar a la derecha o a la izquierda queda librada al buen olfato del conductor que no encuentra una señal que le oriente. Ni que le occidente. Eso es lo más cercano al turismo de aventura, que le llaman. ¡Qué lindo! ¡Qué aventura! Luego de un larguísimo trecho por algo que alguna vez fue carretera, se llega a cualquier caserío donde, con suerte, asoma alguna alma caritativa que le informa que tiene que desandar todo lo andado y de ahí, justo en el sitio en que está sembrado un árbol de mango a cuyo sombra está amarrado un burro, virar a la izquierda.
Ojalá el Correa que, como es bien tapón, acaba de tapar todos los huecos de su gabinete reutilizando el ripio, siga con la viada y tape también algunos huecos de los caminos de la patria. Con eso, el próximo feriado podremos transitar tranquilos, porque, encima, ha de mandar a poner letreros: “Autopista hacia el socialismo del siglo XXI”, “Vía Gabinete: totalmente reciclada”, “Peligro: camino pelucón en destrucción”, “Ruta partidocracia: prohibido virar en U”. Y así. Como para no perderse ni volcarse ni hacer pomada los amortiguadores, tampoco. ¡Qué alivio! |
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La Espol organiza un seminario sobre ‘Tributación Básica’, que se desarrollará en el campus Las Peñas (Malecón 100 y Loja) el próximo 11 y 12 de enero, de 08:30 a 17:30.
Informes: 253-0354. |
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