Daba lo mismo, sucedía en la mañana o en la noche. La luz del semáforo en rojo bastaba para detener el vehículo y ser asaltado por los ‘rompevidrios’, chicos que rompían los vidrios de los carros y asaltaban a sus ocupantes. Los nombres de las calles eran conocidas mas no las intersecciones. Manabí, Gómez Rendón, Lorenzo de Garaycoa, Febres Cordero, Pío Montúfar, Cacique Álvarez, Franco Dávila, un sector entero, el centro sur de la ciudad se había convertido en una zona de gran peligrosidad, donde pocos se atrevían a transitar pasadas las 17:30.
Hoy tiene nombre. En julio del 2006, los jóvenes de la Fundación Ser Paz, dirigida por Nelsa Curbelo, lo denominaron Barrio de Paz y abarca un promedio de 49 cuadras. Ellos parecen ser los fieles custodios de este barrio, pues viven, trabajan y se educan allí. Las constantes rencillas de varias pandillas desaparecieron, aunque no por completo. Así lo comenta George Asanza, coordinador del proyecto. “Miembros de pandillas se estrecharon la mano en señal de hermandad. Decidieron cuidar la seguridad del sector y olvidar las diferencias, sin embargo, como en todo grupo a veces es difícil la convivencia”.
Urbanos
Liderado por cinco agrupaciones de ex pandilleros, el sector involucra a más de mil familias. Miembros de Ser Paz buscaron alternativas positivas frente a los problemas juveniles provocados por agrupaciones antisociales, y quién mejor que ellos, que fueron pandilleros, para tratar esta realidad.
Al principio tuvieron problemas para emprender el proyecto Barrio de Paz. Asanza cuenta que ciertos vecinos desconfiaron de ellos, pero otros los apoyaron incondicionalmente. Algunos pensaban que los problemas de seguridad se saneaban solo con represión. Para muchos, en cambio, todos los pandilleros eran asesinos y delincuentes, una idea promovida por la ciudadanía. Esta propuesta apostaba a la reinserción de chicos, antes peleados con la sociedad.
“Gracias a Dios recibimos apoyo de clubes rotarios, municipios, empresarios, medios de comunicación, organizaciones barriales. Ya podemos asegurar que la delincuencia en el Barrio de Paz ha bajado en el 70% según nuestras propias encuestas”.
Señala Asanza que además dictan cursos gratuitos de repostería, cerrajería, belleza y más a cualquier ciudadano interesado, incluso padres de familia de los jóvenes en rehabilitación.
Hip hop
Son varias las microempresas dirigidas por ellos ubicadas alrededor de las 49 cuadras. Imprenta Paz Urbana, Big Pizza, Estudio de grabación Primate Records, Publicidad de aerografía Estilo Urbano, peluquería Barber Shop, taller de cerrajería de los Latin King y hasta un negocio para elaborar años viejos, son varios en funcionamiento. A veces empiezan a laborar antes de las 09:00. “Porque debemos ser los primeros en ser responsables”, comenta Javier de León, un joven de 1,80 m de estatura y 225 libras de peso, a quien hace diez meses sus vecinos veían “con mala cara” y ahora han aprendido a respetar como el trabajador que es, director de Primate Records y amante del hip hop.
“Nosotros aprendimos las reglas de la calle. Y si vemos que a alguien por aquí le están robando gente de otros barrios, pedimos ayuda e identificamos al agresor para avisar de inmediato a la Policía. Ya nos establecimos en este sector y queremos cuidarlo como se debe”, agrega De León. Para Eva Napa, de la peluquería Barber Shop, lo mejor es disfrutar de una vida tranquila, insertada por completo en un sector donde se siente cómoda, segura y donde puede administrar su negocio junto con su esposo, José Suárez.
Un barrio sin grafitos (por ahora), ya que buscan empezar con un proyecto de grafitos artísticos. Repleto de imprentas, publicidad de gigantografías, sastrerías, tiendas de abarrotes y pequeños restaurantes. Fue una zona de gran peligrosidad, hasta que decenas de chicos antes pandilleros dijeron alto el fuego, démonos la mano y construyamos juntos la paz. (A.G.)