Suponga que ha decidido regalar libros a todos sus amigos y familiares, que además son políglotas… Sabia decisión, pero ¿dónde comprarlos? La opción más clásica es acudir a la librería de su barrio. Allí encontrará probablemente a un librero profesional, quien podrá recomendarle las mejores lecturas para cada uno de sus amigos, distinguir entre una edición en rústica y una de bolsillo, encargar al editor o distribuidor algún volumen que no tenga en ese momento, etcétera.
Si vive en Francia, España, Alemania o cualquiera de los otros seis países de la Unión Europea que aplican una política de precio único del libro, ello le costará exactamente igual que si va de librería en librería o de librería en gran almacén buscando la opción más barata.
Los defensores del precio fijo esgrimen como ejemplo el de Alemania, que con sus cerca de 7.000 librerías y más de 1.200 editoriales es uno de los motores de la industria mundial de la letra impresa. O el de Francia, país donde, a diferencia del cine, que requiere de rígidos sistemas estatales de ayuda, la industria del libro se sostiene a sí misma.
En ambos países, todos los gremios del libro (autores, editores, distribuidores y libreros) defienden ardientemente el sistema de precio fijo. También en España, donde la liberalización de los descuentos en libros de texto, aprobada por el gobierno para el presente curso escolar, ha desencadenado un concierto de protestas de escritores, editores y libreros en defensa de los precios fijos.
En cuanto al Reino Unido, país que ha tenido los dos sistemas en un lapso de tiempo corto, “en los cinco años de vigencia de la libertad de precios, estos aumentaron 16%, muy por encima del índice de precios al consumo en ese mismo periodo (9%)”, afirma un estudio publicado por la revista especializada Livres Hebdo.
Además, entre 200 obras publicadas rara vez nace más de un bestseller, y no es extraño que estos figuren siempre en los catálogos de los mismos editores, que son quienes pueden pagar anticipos elevados a los autores de más renombre y comprar los derechos de los extranjeros más caros.
Pero sigamos con su compra de libros. Si usted dispone de una tarjeta de crédito y de un ordenador con acceso a internet, podrá encargar sus lecturas a una de las muchas librerías electrónicas existentes, que le enviarán los volúmenes a domicilio. En este caso, lo más posible es que tenga que pagar el envío de su bolsillo y confiar en la puntualidad del servicio de correos de su país.
Para todos los bolsillos
Además de los supermercados, las librerías físicas o virtuales, hay una tercera opción para sus compras: si usted es socio de algún club de lectura, tipo France Loisirs en Francia, Círculo de Lectores en España o Bertelsmann Buchclub en Alemania, podrá regalar ediciones de tapa dura a precios razonables. Pero en ese caso olvídese del nuevo Harry Potter, del último premio Goncourt o de una nueva traducción revisada del Quijote, puesto que este tipo de empresas debe esperar al menos nueve meses antes de poder proponer un libro a sus socios.
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