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Enseñanzas y dudas |
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La aprobación de la Ley Tributaria por el congreso de bolsillo deja varias enseñanzas y muchas dudas. Entre las enseñanzas se destaca esa sensación de vivir en un tiempo circular, en el que los hechos se repiten aunque vengan de la mano de nuevos personajes y empaquetados en nuevas palabras. Como en los mejores momentos de las aplanadoras y las trituradoras, la ley pasó porque tenía que pasar, sin mayor debate y solamente apoyada en el contundente argumento del número. Por consiguiente, la gran enseñanza es que no solamente seguiremos siendo una democracia de imposiciones, sino que ese carácter autoritario se fortalecerá con los logros de la revolución ciudadana. Si a esto se añaden las denuncias de conspiración que siguen a cada crítica o a cualquier opinión contraria, entonces hay que ir dándole el adiós definitivo a la esperanza de mayores espacios de debate, de pluralismo, de confrontación de ideas.
Las dudas surgen cuando se piensa en el futuro de esta ley. Se ha repetido hasta el cansancio –pero no por eso hay que dejar de hacerlo– que la efectividad de las leyes depende de su legitimidad. Una ley es legítima fundamentalmente cuando la población hacia la que va dirigida la considera justa, pero también cuando el proceso de su elaboración ha sido transparente. En este caso, el carácter justo o injusto de la Ley Tributaria solo se podrá valorar cuando se la comience a aplicar y se hagan palpables sus efectos. Pero la ausencia de transparencia en el proceso ya quedó sentada como realidad y como precedente. La ausencia de debate y la imposición por la fuerza del número aseguraron la aprobación y la vigencia inmediata de la ley, pero no constituyen garantía de permanencia. Al contrario, serán las mejores excusas para que una mayoría de signo contrario acabe con ella en su totalidad, sin detenerse a diferenciar los aspectos positivos que evidentemente tiene.
La duda se hace enorme cuando se piensa que lo mismo puede suceder con la Constitución que elaborará la Asamblea cuando sus funciones legislativas le dejen algo de tiempo. Si se llega a aplicar la lógica de la aplanadora será muy alto el riesgo de sacrificar la legitimidad y, con escasa legitimidad o sin ella, el futuro de la Constitución será incierto.
Hay que considerar que la manera en que se trató la Ley Tributaria incrementó el número de opositores al Gobierno y a sus proyectos, lo que era impensable apenas unos días antes. La orientación y la posición de la gente varían sorprendentemente de un momento a otro cuando se producen hechos de esta naturaleza, de manera que nadie tiene el cielo asegurado. Por ello, si se sigue ese camino en la elaboración de la Constitución se podría llegar al referéndum con una incertidumbre total. Pero, aunque pudiera pasar la prueba del referéndum, su futuro no estaría asegurado porque una mayoría de otro color no dudaría en derrumbarla totalmente, aduciendo precisamente ilegitimidad en el procedimiento. Es que la democracia es tozuda y exige procedimientos democráticos. |
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| Maureen Dowd |
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