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Maureen Dowd | Opinión internacional
¿Quién reinará?
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Edith Wessel, enfermera ya retirada, de 80 años de edad y cabello blanco, avanzó lentamente hasta la estación con su caminadora después de escuchar un discurso por parte de Hillary. Entonces le dijo a uno de los voluntarios de la precandidata que sentía “enorme admiración” por la senadora, pero también albergaba grandes dudas con respecto a que sus debilidades la hundieran en las elecciones generales.

“No puedo entender por qué la gente siente tanto desagrado hacia ella”, agregó.

El voluntario le aseguró a la titubeante mujer que los republicanos manchan el nombre de cualquiera que obtenga la nominación y que Hillary tiene mayor experiencia luchando por eso que sus rivales.
Wessel está dividida. Le gusta Obama pero le preocupa su experiencia. Le agrada Hillary, pero le preocupa su bagaje.

Los que buscan la presidencia aquí se están parando de cabeza. La contienda demócrata –tres abogados casados con abogadas que hablan demasiado– es sumamente cerrada y muy volátil. Incluso el inquieto grupo de curtidos operadores políticos que clavan la mirada en sus BlackBerry, al parecer, no tiene una idea de cuál es la dirección en que soplan las corrientes de nieve en Iowa.

Al otro lado de la ciudad, Nancy Hibbs, enfermera de 57 años de edad, llegó para escuchar la perorata de John Edwards de que “soy hijo de un trabajador de un molino”, en contra de la codicia corporativa y su desdén hacia el discurso de Obama de que cualquiera que piense que puede “simplemente calmar” a los carnívoros peces grandes del Partido Republicano hasta someterlos, vive en la “Tierra de Nunca Jamás”.

Después de ver a Barack Obama hace un año, Hibbs había decidido que votaría por él. Lo vio de nuevo por la noche de este lunes en Ames, y se sintió incluso más seguro de que él era el elegido. No obstante, después de escuchar a Edwards durante 40 minutos este martes, se levantó abruptamente y cambió de opinión, resolviendo que votaría por él.

“Puedes saber, por su tono de voz, que no está jugando, puedes sentir su compromiso moral”, dijo. “Nos hace falta un giro radical”.

¿Y qué hay de Hillary? “No quiero la misma política atrincherada de siempre”, contestó, agregando de manera enfática: “Y no quiero a Bill en la Casa Blanca de nuevo”.

No obstante, Bill sí que desea estar de nuevo en la Casa Blanca. Ha recorrido este estado incansablemente, dando un discurso tan bien coreografiado con el de Hillary que parece una rutina del programa ‘Bailando con las estrellas’.

“¿Señora Bill? ¡Vote por Hill!”, se lee en un botón que se vende afuera de sus eventos. Para cuando Bill y Hill terminen con ustedes, terminarán creyendo que ella forjó personalmente el acuerdo de paz en Irlanda del Norte, ocultó el superávit de 127.000 millones de dólares del presupuesto de Clinton y evitó las balas en el camino mientras le ponía fin a la limpieza étnica en Bosnia.

El Jefe impulsa vigorosamente la credencial de su experiencia. “Cualesquier cosa que se esté planeando”, sea algo similar a los atentados del 11 de septiembre del 2001, el huracán Katrina o Pakistán, dijo, Hillary está mejor preparada para enfrentarlo.

En cuanto a la debacle del cuidado de salud, dijo, “cada presidente estadounidense fracasará en una y otra cosa”. Lo que cuenta es cómo se sacudirán el polvo.

Además, saber si ella ha aprendido de sus errores, por supuesto, está en el corazón de la cuestión, y es algo que los electores nunca pueden saber a ciencia cierta... incluso si estudian tanto como los habitantes de Iowa.

Extrañamente, tanto Barack Obama como su esposa Michelle también irradian la idea de que se les debe algo. No por una vida entera de sublimación y humillación, sino por esta onerosa campaña, por ofrecerse para salvar y levantar a la nación, aun cuando eso alteró sus cómodas vidas.

Michelle declaró a la revista Vanity Fair que los estadounidenses tendrían una sola oportunidad para ungir a su marido, jurando que “es ahora o nunca” y explicando que “existe un factor inconveniente ahí” y una presión “realmente muy intensa” y tensión sobre la familia que se puede justificar solamente si su marido puede ganar la presidencia y “cambiar el mundo”.

Le dijo a un grupo reunido en una casa de descanso para ancianos en Grinnell, el lunes de esta semana, que “Barack es una de las personas más inteligentes que vayan a encontrar y que se dignará a entrar a esta caótica actividad conocida como política”.

Así que la cuestión se reduce a lo siguiente: ¿Reinará la reina Hillary? ¿Se ungirá al príncipe Barack? Y, ¿a quién se le debe más?

The New York Times
News  Service.
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