“Lo único que le importa a la gente, o lo que más le importa, es el resultado. Naturalmente, quince meses es poco tiempo para una calificación definitiva en el caso de los entrenadores nacionales”.
Según una encuesta realizada por el diario Folha, de Sao Paulo, el 44% de los hinchas brasileños aprobó con “bueno o buenísimo” el trabajo de Dunga, al frente de la Selección brasileña, después de 15 meses de gestión. El 30% de los encuestados lo calificó como “regular”.
Esto revela que lo único que le importa a la gente, o lo que más le importa, es el resultado. Naturalmente, quince meses es poco tiempo para una calificación definitiva en el caso de los entrenadores nacionales, que salen tan poco al ruedo. Pero, ¿cómo es posible decir que el juego de Brasil fue “bueno o buenísimo?”.
La compulsa tiene otra lectura: si a los hinchas brasileños les agrada ese fútbol, qué debemos esperar del paladar futbolero en otras latitudes, donde el juego es notablemente más tosco. Hubo partidos de la verdeamarelha que fueron afrentosos con su riquísima historia.
Aquí cabe preguntarse qué está peor, si el fútbol o los hinchas.
En la antípoda se ubicaron dos excepcionales periodistas uruguayos, El Veco y Víctor Hugo Morales. El Veco señaló que, ante Brasil, en aquella derrota de 2 a 1, había visto a Uruguay “jugar su mejor partido en muchos años”. Víctor Hugo fue más allá: “Para mí fue el mejor que le vi en mi vida”.
“Ser técnico en la Argentina es tremendo, casi nadie dura un año”, dijo espantado Claudio Borghi, primer entrenador de la historia que gana cuatro títulos seguidos en Chile. “Fue increíble que Russo no siguiera”, amplió el ascendente conductor de Colo Colo. Una verdad grande como una montaña. Haberle dado salida al DT que seis meses antes fue campeón de América es un acto de intolerancia notable, rayano con la soberbia. Todo porque Boca no ganó el Mundial de Clubes.
A propósito de soberbia. Los jugadores de Boca se quitaron la medalla de plata que les impusieron en la ceremonia de premiación, en Japón. “En consecuencia con ese gesto, no deberían haber aceptado el premio por ser subcampeones”, escribió el columnista de Clarín, Héctor Hugo Cardozo. “El dinero sí se lo embolsaron”, agregó el columnista.
Una saludable medida dispuesta por el Congreso de la Ecuafútbol: técnico que se va por su cuenta de un equipo de Primera División no puede firmar con otro en la misma temporada. Los estrategas, como los futbolistas, suelen tener una conducta reprobable: si andan mal exigen que se les respete el contrato; si les va bien y reciben una oferta mejor, buscan romperlo. Los clubes tienen que ser serios y respetar los acuerdos; los entrenadores también. Y algo más: no se le puede ir a robar el técnico al vecino.
Toda América está inundada de técnicos argentinos. Ecuador tuvo el récord en el 2007: 11 de los 19 estrategas foráneos fueron argentinos, incluidos los campeones de las series A (Bauza) y B (Ragusa). En México hubo seis: Gallego (Tigres), Romano (Atlas), Menotti (Tecos), Pumpido (Veracruz), Pekerman (Toluca), Brailovsky (América).
En el 2008, seis de los once clubes paraguayos tienen un conductor gaucho. Y está el de la Selección: Martino. A su vez, siete de los diez primeros en la encuesta del técnico de América, del diario El País, son argentinos: 1) Martino, 2) Alfaro (campeón con Arsenal), 3) Russo, 4) Ramón Díaz, 5) Richard Páez (venezolano), 6) Claudio Borghi, 7) Polilla Da Silva (uruguayo), 8) Basile, 9) Dunga (brasileño) y 10) Cabrero (campeón con Lanús). ¿Es una moda? Son competentes.
La última: una inmensa mayoría de la opinión pública ecuatoriana exigía el alejamiento de Luis Fernando Suárez de la Selección Tricolor. Como si fuera a cambiar de camisa. La pregunta es: ¿a quién llamar ahora...?