Consuelo González, una de las dos mujeres liberadas por las FARC, dio a conocer ayer que en las llamadas “cárceles del pueblo” esta guerrilla mantiene a docenas de rehenes militares o policías con cadenas al cuello desde hace más de un año.
Clara Rojas, la otra liberada, relató el dramático alumbramiento de Emmanuel por cesárea, asistida por un enfermero en forma artesanal, en situación de plena confrontación bélica, así como de una larga caminata por la selva con el bebé cuando la herida de la operación aún no había cicatrizado.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, pidió no considerar a las FARC y al ELN como terroristas, lo que el gobierno colombiano rechazó.
Militares y policías secuestrados tienen que movilizarse, comer y dormir encadenados.
Tras la liberación de Clara Rojas y de Consuelo González de Perdomo el jueves, quedan aún en manos de las FARC unos 700 secuestrados, de los cuales apenas 44 son considerados por la guerrilla como “canjeables” para un acuerdo humanitario.
Se incluyen 19 policías y 14 militares, así como 8 políticos y 3 norteamericanos, que serían intercambiados por unos 500 presos de la guerrilla.
El gobierno colombiano habla de “más de 700” secuestrados por las FARC, de acuerdo con el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, o 750 que “en los últimos diez años no han regresado a sus hogares”, según el presidente Álvaro Uribe.
Diario El Tiempo precisa que son 44 “canjeables” y otros 730.
Ayer, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) insistieron en pedir la desmilitarización de las localidades de Florida y Pradera, para negociar un acuerdo humanitario sobre rehenes, petición que Uribe rechaza.
Encadenados
La recién liberada Consuelo González denunció ayer a la radio Caracol las condiciones infrahumanas que sufren los secuestrados en Colombia.
Describió que militares y policías “tienen que cargar una cadena al cuello para hacer cualquier tipo de actividad (...) Se bañan encadenados. Lavan su ropa encadenados, comen encadenados. Y en la noche amarran la cadena a un tronco al lado de la cama”, agregó.
Los diez compañeros de su grupo que quedaron en cautiverio, “todos están muy complicados en salud” sin saber de qué están afectados y que solo cuentan para aliviar sus afecciones “con un guerrillero al que llaman el enfermero, quien lleva alguna pastilla para el dolor de estómago o la diarrea”.
González destacó también que continuamente son obligados a cambiar de campamento tras largas caminatas. “Sentimos las bombas a escasos metros de donde estábamos”, así como los helicópteros con sus ametralladoras disparando.
Recordó que los guerrilleros que los vigilaban les decían que “en un intento de rescate tenían la orden de asesinarnos” y que se enteró de que quedaría libre el 17 de diciembre por un avance de Caracol.