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Términos para conocer y reconocer |
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Calumniar es imputar falsamente un delito. También quiere decir “atribuir, falsa y maliciosamente, a alguien palabras, actos o intenciones deshonrosas”.
Difamar es “desacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión o fama”.
Injuriar es “delito o falta consistente en la imputación a alguien de un hecho o cualidad en menoscabo de su fama o estimación”.
Son definiciones registradas en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que creo que los ecuatorianos debemos conocer, recordar y reconocer, porque se dan frecuentemente en la vida pública del país.
Las acciones que estos términos definen constituyen una violación de los derechos humanos, pues en el artículo 12 de la Declaración Universal, se dice: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o su reputación”. Constituyen también un delito tipificado como tal en las leyes penales de muchos países y en el nuestro, en el numeral 8 del artículo 23 de la última Constitución que estuvo vigente, se lo consagra como uno de los derechos: “el derecho a la honra, a la buena reputación...”.
Sin embargo, entre nosotros, ha ido desapareciendo de la vida pública el respeto a la honra de los demás. Para comprobarlo es suficiente oír a muchos políticos o escuchar dos o tres frases de algunos programas de farándula.
A veces, hay que reconocerlo, también sucede en el periodismo, con la diferencia de que en ese caso, además de las sanciones previstas en la ley, el medio está obligado a rectificar públicamente. Además, los que tienen códigos éticos claros y los ponen en practica, investigan el hecho para descubrir si fue un error que puede suceder en la prisa del quehacer periodístico, lo que no lo justifica, o se trató de algo intencional, en esta última situación, siempre el periodista recibe una sanción mayor y arriesga su permanencia en el medio.
En el caso de los políticos o de los personajes públicos de cualquier sector, se dice y queda, porque se ha convertido en casi la única forma de vencer al rival, lo cual es grave, no solo porque es triste que el irrespeto al otro sea cotidiano en la vida pública, sino porque significa que esos personajes no confían en que tienen suficientes méritos para diferenciarse favorablemente del opositor cierto o imaginario, por lo que la única manera de hacerlo es destruyendo, perjudicando, desacreditando al otro. Y eso ya debería ser un termómetro para medir su dimensión humana y sus méritos profesionales o específicos para su función.
Ahora que empieza un nuevo año, que se anuncia interesante en la vida nacional, ¿qué tal si hacemos el propósito de erradicar de la vida pública la calumnia, la difamación, la injuria? Así nos quedaría más tiempo para lo positivo, para lo que tiene que ver con el bien común, para el diálogo. Aunque, claro, entonces algunos personajes, correrían el riesgo de no tener qué decir. |
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